Ironía

Debido a mis problemas cardiovasculares, e incentivado acaso cariñosa pero también algo engañosamente por mi amada hermana Noemí, tuve que dejar mi chateau o dacha en una minúscula aldea orensana y venirme a la lacaniana Cataluña. Llevo tres noches seguidas soñando con aquella lejana biblioteca privada de mi Ítaca galaica con alrededor de veinte mil libros. Mi paraíso y mi patrimonio, mi alegría inevitable. Me enclaustraría entre libros a la busca de una educación plena (enkyklos paideía, que decían los griegos; enciclopedia que decimos nosotros) Me viene a las mientes una célebre cuarteta borgiana -de rosácea melancolía- «Que nadie rebaje a lágrima o reproche/esta declaración de la maestría/de Dios que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche».

Deja un comentario