Si tuviera que poner tres titulares al siglo XX serían: (i) Máximo esplendor científico (ii) Revolucionaria innovación artística y (iii) Descomunal, aberrante barbarie moral.
Respecto a lo primero, la ciencia asombrosamente creativa e insurgente, consignemos esa explosión sin precedentes que produjo un cambio epistémico radical en nuestra milenaria visión del mundo. Vano será nombrar la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica y la cosmología moderna. O, en biología y medicina, anotemos la síntesis moderna del evolucionismo, la biología molecular, los antibióticos, las vacunas, la cirugía moderna, y eso sin desdeñar la psicofarmacología y la psiquiatría moderna.
Respecto a la revolución artística, humanística y literaria, solo me limitaré a nombrar unos pocos gigantes, entre muchos: Freud, Weber, Saussure, Proust, Joyce, Kafka, Breton, Picasso, Schoenberg.
Sobre la evidente hecatombe y monstruosidad moral del siglo XX, señalar un dato escalofriante; sumadas las guerras mundiales, el holocausto, las hambrunas y purgas estalinistas y maoístas, murieron alrededor de 150 millones de personas. Una devastación sin consuelo.
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Durante estos 26 años de siglo XXI tuvimos, a mi juicio, una atonía, o incluso cierta mediocridad artística y literaria; en lo humano fue un siglo más pacífico, menos letal a gran escala; y, referido a la ciencia, vivimos una gran potencia científica donde se explotan los avances cruciales del XX [genómica, edición genética (CRISPR), neurociencia computacional, IA y aprendizaje automático, física de partículas, exoplanetas, ondas gravitacionales]
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Reconstruyendo a mi manera una idea de Orwell, considero a la historia como una carrera entre la educación y la barbarie, entre la civilización y la catástrofe. A veces elijo creer en la inteligencia organizada, la claridad científica y la buena voluntad aplicada a los problemas humanos. Existir entonces tiene un tono moral positivo. Otras veces creo en el ocaso de nuestra civilización, como si estuviéramos inmersos en una adolescencia turbulenta.
¿Avanza la humanidad hacia la disolución o hacia cierto moderado esplendor? No lo sé, sinceramente no lo sé y creo que nadie puede saberlo (el cerebro humano no puede descubrir algo que no existe: las leyes históricas) La historia acumula escombros y algunas vetas de oro. El progreso es un solo un mito decimonónico.
Me gustaría la ética de una visión común, y ciencia y tecnología sin consecuencias apocalípticas. No me siento cómodo ni entre ingenuos oteadores de paraísos celestiales en la tierra, ni entre profetas del fin. El hombre y la historia son imperfectas.
Si usamos la inteligencia para ampliar la dignidad humana, la era de las máquinas acaso pueda ser una bendición. Si no, un desastre sin paliativos. El futuro todavía no está escrito.
NOTA BENE: En mis libros, por pose literaria, adopto especies melancólicas y pesimistas sobre el presente y el futuro. Pero las dos únicas palabras que puedo escribir con absoluto convencimiento son: «Nada sé».