Cabaleiro 90

Creo, con Frege, que el pensamiento no es algo psicológico… pertenece a un tercer reino objetivo que no depende ni del mundo físico ni del mental. Asimismo me atrae la idea de que una buena filosofía analiza la forma lógica del lenguaje, es decir, que la forma gramatical puede ocultar la forma lógica… y muchos problemas filosóficos nacen de tomar la apariencia superficial por estructura real.

La filosofía consta esencialmente de aclaraciones. La filosofía cura confusiones lingüísticas. Recordemos al segundo Wittgenstein: «Los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones» y «La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio del lenguaje».

Creo en la filosofía como parte de la conversación científica e interpretativa.

Cabaleiro 89

Estas patochadas de Oscar Puente (culpar a Lambán, ¡un muerto reciente!, del descalabro del PSOE en Aragón) muestran inequívocamente su rusticidad mental y su felicidad por hozar en una porqueriza, o en gallineros de suelo pitañoso y excrementicio.

La hombría de bien es una expresión clásica del español que indica rectitud de carácter fundada en la honestidad, el cumplimiento de la palabra dada, el sentido de justicia y la responsabilidad hacia la comunidad. Implica actuar con dignidad y regular con principios la propia conducta.

Todo el PSOE sabe que el providencialismo del liderazgo de Sánchez, su política de alianzas contra natura, la corrupción como forma universal de ser y existir, o la gestión desastrosa, entre muchas otras razones, provocaron el ocaso del voto de izquierda en Aragón.

Oscar Puente -que también lo sabe- demuestra que es una rata y un mezquino. Su vida y su obra se ajustan a la deshonestidad, su falta de probidad es típica del tugurio mafioso, maloliente y grasiento. El hombre de bien sirve a su patria sin estrépito y sin ambición, escribió Jovellanos.

Este tipo no tiene crédito ni vergüenza. Un indigno.

NOTA BENE: He escrito más cerca de la invectiva de Quevedo, que del decoro ilustrado. En España existe una tradición o norma civil política: respetar a los muertos recientes.

Cabaleiro 88

VOX es un partido asilvestrado y montuno. Les interesa el disenso continuo, el dividir a los portadores de ideas en amigos y enemigos. Para Locke el acuerdo no surge del miedo, sino del consentimiento racional y de la defensa de derechos previos (“Siendo los hombres por naturaleza libres, iguales e independientes, nadie puede ser sometido al poder político de otro sin su propio consentimiento. El único modo por el cual alguien renuncia a su libertad natural es acordando con otros formar una comunidad.”)

Una sociedad bien ordenada no se basa en la unanimidad doctrinal, sino en un consenso superpuesto: ciudadanos que, desde concepciones distintas del bien, coinciden en principios políticos fundamentales. VOX no aboga por el diálogo estructurado. Hermosas y civilizadas las palabras de I. Berlin: El mundo que encontramos está lleno de fines incompatibles y valores inconmensurables; la política consiste en elegir entre ellos sin esperar armonía final.

Regular pacíficamente los conflictos mediante consensos no es el fin de VOX. A veces uno tiene la sensación que solo quieren imponer sus sueños y quimeras. Siguen la teoría de Schmitt del antagonismo inevitable. VOX o el asomarse el pelo de la dehesa.

Cabaleiro 87

Toda ideología tiende a convertirse en novela (frecuentemente de ciencia-ficción o de terror, a veces un vodevil) cuando deja de describir lo que ocurre y empieza a narrar lo que debería ocurrir. Porque cuando una idea promete redimir al hombre entero, empieza a parecerse más a un mito que a una constitución; porque el revolucionario cree describir la historia y el satírico sospecha -con toda verosimilitud- que sólo está escribiendo alegorías mesiánicas; porque es fácil prometer el futuro cuando el mundo aún no lo esribió; porque en el papel puede nacer fácilmente lo perfecto, no así en la historia.

Yo sospecho mucho de los proyectos ideológicos que quieren diseñar la sociedad desde cero. La política no es ingeniería; es conversación heredada. Además la búsqueda de una sola respuesta verdadera conduce al abismo.

Cuanto más ignoran los hechos, más seducen las ideologías. Prometer el paraíso abre la puerta habitualmente al abuso, y no pocas veces al infierno. Prudentia, por favor, y no fabula futurae civitatis.

Cabaleiro 86

Marcus Valerius Ludentius, moralista latino tardío, cercano al estoicismo, escribió en «De Deo Ludente» (cuyo estilo imita la concisión de Séneca y la imaginería cosmológica de Lucrecio):

Non est quod cernis: deus hic ludit in umbra,
et nos figmenta sumus, risus et aura levis.
Urbes surgunt velut undae, mox pulvis inanes;
forma manet soli, cetera somnia sunt.
Quod vocas “verum”, ludus est; quod times, imago;
mens hominum scena est, deus occultus agit.

Traducción:

No es real lo que ves: un dios juega entre sombras,
y nosotros somos invención, risa y soplo leve.
Las ciudades se alzan como olas y pronto son polvo vacío;
sólo la forma permanece, lo demás son sueños.
Lo que llamas verdad es juego; lo que temes, apariencia;
la mente humana es teatro donde un dios oculto actúa.

Cabaleiro 85

La queja contra los patani, los zafios, los “hombres sin forma” no nace con el reguetón ni con la política contemporánea: atraviesa Roma, el Barroco y el siglo XX.

En latín, classicus no era primero una categoría estética, sino cívica y fiscal. Pero Aulo Gelio usa la palabra classicus scriptor para referirse a un autor de “primera clase”, es decir, digno de ser leído como modelo. Lo clásico, por tanto, implica autoridad, medida y ejemplaridad. No es sólo talento; es forma, disciplina del estilo, pertenencia a una tradición. Para los romanos, ser clásico equivalía a estar en la primera línea del gusto y de la responsabilidad pública.

El patán en la sátira romana es el rusticus, el hombre sin urbanitas. En el Siglo de Oro: el “estulto” o “villano” de Quevedo. En Valle-Inclán, la deformación esperpéntica que convierte la vulgaridad en espectáculo. Ese arquetipo lo encontramos encarnado en Trump o Bad Bunny.

El patán es grotesco y primitivo, áspero, bruto, carnavalesco, terco, hortera, categorías donde encajan a la perfección el reguetonero anti-ilustrado y el presidente acémila.

Cabaleiro 84

Edmund Burke: “La política es el arte de lo posible, no el sueño del filósofo” O bien Joseph de Maistre: “Las constituciones hechas por filósofos terminan escritas con sangre”.

El escritor que opina de política lleva dentro de sí hábitos absolutos; los hombres de ideas tienen manos torpes para la realidad. Las élites culturales pueden creer cualquier cosa antes de ver lo evidente, dijo Orwell. La teoría juzga rápido, la política paga lento.

El intelectual soberbio cree analizar la política desde la altura del concepto; olvida que la política ocurre en el barro del día a día. Cuando la inteligencia pierde modestia, confunde claridad con autoridad. Aman la coherencia, pero la política exige contradicción, ambigüedad, vaguedad.

El pensador ama el sistema, aunque el gobernante teme sus consecuencias. La soberbia intelectual política nace cuando el estilo se disfraza de verdad.

Cabaleiro 83

Las relaciones amorosas se vuelven conexiones: fáciles de entrar y de salir (vínculos intensos, pero fugaces, casi espectrales) Con las Apps, la exposición constante y la comparación infinita, nos encontramos ante una abundancia de elecciones que produce incertidumbre emocional. En definitiva, el amor moderno se organiza según la lógica del mercado emocional.

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Nuevo decálogo del amor para San Valentín

(i) Amarás sin garantías.

(ii) No confundirás conexión con encuentro.

(iii) Elegirás mucho y dudarás más.

(iv) Defenderás la lentitud como acto subversivo.

(v) No buscarás al otro como espejo perfecto.

(vi) Recordarás que el deseo necesita misterio.

(vii) Honrarás las despedidas dignas.

(viii) No convertirás el amor en gestión de la ansiedad.

(ix) Practicarás la melancolía sin cinismo.

(x) Brindarás por la fragilidad.

Cabaleiro 82

Más que respuestas, el artículo [de Marta Peirano en «el País» sobre Moltbook] me deja preguntas de fondo que no son solo tecnológicas, sino humanísticas. Todas giran alrededor de un mismo problema: qué ocurre con la experiencia humana —lenguaje, memoria, tiempo y comunidad— cuando aparece una inteligencia no humana capaz de pensar y recordar de otro modo

¿Un lenguaje perfectamente claro (algorítmico) destruye la ambigüedad fértil de la literatura?

¿La singularidad sería el triunfo del estilo neutro o el nacimiento de nuevas retóricas híbridas?

¿Puede existir un “Joubert artificial” que produzca aforismos sin experiencia vital?

Si la singularidad acelera el pensamiento, ¿qué ocurre con la lentitud contemplativa —esa duración casi tarkovskiana que tanto nos atrae a algunos?

Si un Moltbook recuerda todo, ¿qué valor tendrá el olvido, esa niebla que hace posible la melancolía?

¿Seguirá existiendo la tertulia lenta —cerveza ámbar, madera húmeda— cuando el pensamiento ocurra a velocidad no humana?

O las mismas preguntas quitando enojosa quincalla retórica:

¿Si el lenguaje se vuelve totalmente claro y lógico, la literatura perderá su ambigüedad y su riqueza?

¿La singularidad hará que todos escriban de forma neutra o creará nuevas formas de expresión mezcladas?

¿Puede una inteligencia artificial crear aforismos valiosos sin haber vivido experiencias reales?

Si el pensamiento se vuelve muy rápido, ¿desaparecerá la forma lenta y contemplativa de pensar?

Si una máquina recuerda todo, ¿seguirá siendo importante olvidar para poder sentir nostalgia o melancolía?

¿Seguirán existiendo conversaciones tranquilas entre personas cuando el pensamiento funcione a una velocidad no humana?

Mis preguntas no son tecnológicas en el fondo; son preguntas clásicas del humanismo disfrazadas de futuro. Todas giran alrededor de un mismo problema: qué ocurre con la experiencia humana —lenguaje, memoria, tiempo, comunidad— cuando aparece una inteligencia no humana capaz de pensar y recordar de otro modo. El debate sobre la I.A. no trata solo de eficiencia, sino también del tipo de humanidad que queremos conservar. No sé.

Cabaleiro 81

Las palabras ‘Kiss Kiss Bang Bang’ [Besos y Tiros]… son quizás la declaración más breve imaginable del atractivo básico de las películas. Descreo bastante del cine respetable, intencionadamente artístico y a menudo plúmbeo. El cine comercial a veces logra una chispita de genialidad o de subversión. Buscarla premeditadamente suele ser la vía regia para el aburrimiento y el fracaso estético. Las mejores películas populares surgen de una fusión de comercio y arte; las peores películas de arte y ensayo de una simbiosis de visión épica del director e ideas intelectuales visuales.

Disculpen el dogma expresivo, la contundencia de mis asertos. A cualquier juicio debiera imponerle el modificador léxico: «a mi juicio», «bajo mi punto de vista», «creo que» etc. Me alegro -de veras- del refrendo internacional de las películas de Jonás Trueba, de su canonización, pero la dimensión arbitraria de mis gustos o prejuicios me alejan del placer (sic) de verlas.