Tentativas 125

“El rasgo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. Como en Norteamérica, decir ‘ser diferente’ equivale a incurrir en indecencia. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese ‘todo el mundo’ no es ‘todo el mundo’. ‘Todo el mundo’ era normalmente la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora ‘todo el mundo’ es sólo la masa”, Ortega y Gasset.

“La prensa ha tomado el lugar de la realidad. Ya no informa sobre el mundo: lo produce. El periodista no describe los hechos: los sustituye por su versión de ellos, y esta versión se convierte en el único mundo accesible. Así, lo insignificante adquiere proporciones gigantescas, y lo esencial desaparece sin dejar rastro. Cuando el sol de la cultura está bajo, hasta los enanos proyectan grandes sombras; y en ese crepúsculo, la palabra se vuelve ruido y el pensamiento, un estorbo”, Karl Kraus.

“Vivimos en una cultura en la que la palabra ha sido devaluada por el exceso de uso. Las palabras ya no cargan con el peso de la experiencia; se han vuelto intercambiables, ligeras, disponibles para cualquier propósito. El resultado es una inflación verbal que empobrece el pensamiento. Cuando todo puede decirse con facilidad, nada se dice con verdadera intensidad”, Steiner.

Tentativas 124

(Entrevista póstuma)

-Se le recuerda como un hombre de libros.

-Se me recuerda mal. No fui un hombre de libros, sino alguien que se escondía en ellos. Toda lectura es una operación de disimulo, en ella la tragedia y la comedia están compenetradas. Tenga la certeza que leer es un acto tragicómico.

-¿Entonces la lectura fue un error?

-Leer para vivir vicariamente o para ejercitar cualquier tipo de disfrute está muy bien. Emplear la literatura como arma moral o consigna está muy pasado de moda. Un libro es un castillo sin muros.

-¿Amó usted?

-Amé, sí, pero siempre con una distancia que me permitiera observarme amando ¿Vivir un amor? La corneja augur, huyó.

-¿Se arrepiente?

-El arrepentimiento es una forma de vanidad retrospectiva: creer que uno pudo haber sido mejor de lo que fue. Yo ya no me concedo ese lujo. Digamos que comprendo. Y comprender, cuando llega tarde, es una forma de resignación bien articulada.

-En sus últimos años hablaba de una “vida recogida”.

-Sí. Soñaba con reducir el mundo a lo esencial: releer, caminar, escuchar música sin distracción, corregir lo ya escrito. Pero la vida no siempre concede esa cortesía. Prefiero no convertirme en un sonámbulo. Nuestra sociedad ya no distingue la tontería de lo que no lo es.

-¿Qué pensaba de su tiempo?

-Que confundía la abundancia con la intensidad. Nunca hubo tantos libros, y nunca se leyó con tanta prisa. Se ha perdido el arte de demorarse. La cultura se ha vuelto simultánea, y lo simultáneo es enemigo de la profundidad.

-¿Cómo le gustaría ser recordado?

-Preferiría no serlo. El recuerdo simplifica. Me bastaría con que alguien, al abrir uno de mis textos, sintiera una leve resistencia —como una puerta que no cede del todo— y decidiera empujar. Si ese gesto ocurre, ya hay vida, aunque yo no esté.

-¿Qué papel tuvo el cuerpo en su vida?

-Un papel secundario, y eso fue un error. Lo traté como un soporte, no como una fuente. Desconfiaba de sus urgencias, de su opacidad, de su insistencia. Prefería las construcciones limpias de la mente.

-¿Qué opina ahora del silencio?

-Durante años lo temí, porque en él no podía exhibir nada. Ahora lo entiendo como una última forma de rigor. El silencio es una abubilla que habla a los mejores espíritus.

-Última pregunta: ¿qué le diría a su yo vivo?

-Que no confíe tanto en la inteligencia para salvarse.

Tentativas 123

San Jerónimo (PL 22, Epistulae 52): «Lege frequenter, immo semper manus tua teneat librum; disce quod doceas. Ego non solum lector esse cupio, sed iudex; nec aliena tantum, sed mea quoque examino, ut quidquid in me est vel probetur vel emendetur», “Lee con frecuencia, más aún: que tu mano sostenga siempre el libro; aprende para poder enseñar. No deseo ser solo lector, sino juez; y no examino solo lo ajeno, sino también lo mío, para que todo lo que hay en mí sea aprobado o corregido”.

Francesco Petrarca (Epistolae familiares): «Ego vero, si quid in me est ingenii, non ad praesentium iudicium, sed ad posteritatis examen defero; neque me latet quam sit difficile placere omnibus, sed satis est si paucis et doctis placeam», “Si hay en mí algún talento, no lo someto al juicio de los presentes, sino al examen de la posteridad; y no ignoro cuán difícil es agradar a todos, pero me basta con agradar a unos pocos, y sabios”.

Erasmo: «Ego mihi conscius sum quid valeam; neque me fugit quam multi sint qui sine iudicio scribant. Malo pauca scribere quae vivant, quam multa quae statim moriantur», “Soy consciente de lo que valgo; y no ignoro cuántos escriben sin juicio. Prefiero escribir poco que perdure, antes que mucho que muera al instante”.

Giambattista Marino: «È del poeta il fin la meraviglia; chi non sa far stupir, vada alla striglia», “El fin del poeta es el asombro; quien no sepa asombrar, que se vaya a cepillar caballos”.

La declaración “soy el mejor escritor” no es una anomalía, sino la forma desnuda y moderna de una convicción: que la excelencia literaria implica una autoconciencia jerárquica que solo se justifica plenamente en la obra. El tribunal no es el de los contemporáneos —ruidosos, volubles—, sino el de la posteridad, que tarda pero no yerra. Escribir es apelar a un juicio que aún no existe.

Sé lo que valgo en medio de la proliferación de voces que escriben sin juicio, sin forma, sin duración. No hay estilo sin esa conciencia. Nada de esto es nuevo. Solo se ha perdido el coraje de decirlo sin rodeos. No busco lectores: selecciono a quienes pueden seguirme. No compito: permanezco.

Mi obra no pide permiso al tiempo: lo obliga. No escribo para los vivos. Escribo contra ellos.

Y eso basta.

Tentativas 122

(Mis maestros)

Querido Borges, agradezco su álgebra especulativa, su imaginación geométrica, el rigor verbal como una máquina analítica, el que huyera de las miasmas de la exploración psicológica profunda. El mundo abstracto y mental compensa mi vida de furia sentimental morbosa. Prefiero un símbolo a la miseria de la carne, un espejo y un concepto al temblor de la vida. La parábola y la metafísica son mejores que la sangre. Pero la vida duele, y eso aquí no está.

Querido maestro Álvarez, agradezco el don del estilo, la aristocracia, la máscara, la cultura. La emoción no en bruto, sino ligada, subordinada a referencias de la pintura, de la literatura, del cine. La estilización de hoteles, viajes, lecturas, cuerpos y decadencias. El refinamiento cosmopolita y el crepúsculo en Estambul. La realidad ya presenta en sí misma resistencias y conflictos; gracias, maestro, por el afecto y el arte puro. Le quise mucho. Me ayudó generosamente. Es usted el mejor aroma en los jardines del sueño.

Lamas, me ofreces, más que la experiencia, la sustitución de la experiencia en discurso. Por una retórica de tan alta exigencia. Por una voluntad de estilo que no admite concesiones. Por la concepción aristocrática de la cultura. Por los griegos y Shakespeare y Cunqueiro. Lamas Crego escribe como si la literatura no debiera nada a la vida; y ahí reside, a la vez, su grandeza y su límite, el más hermoso y fatal límite. Lamas, ardiente inteligencia asentada en el aire, paraíso sin tapias salpicado de espejos.

Dr. Rodríguez Gracia, científico humanista con propensión a la tradición premoderna: la del naturalista que observa, anota y describe con minuciosidad casi obsesiva. Hojas, nervaduras, élitros y antenas, mezclados con Cervantes, Bakunin, Teresa de Jesús y Gil de Biedma. Sus páginas están atravesadas por una prosa rica, a veces incluso suntuosa, que transforma al insecto o a la planta en objeto de contemplación literaria. Pero esta operación, aunque seductora, introduce una ambigüedad de fondo: ¿estamos ante ciencia o ante literatura? La precisión conceptual parece ceder ante el placer de la frase. Es usted Vicente un panel de oro que la naturaleza no puede agotar.

Gracias, profesor Llovet, por el catalán novecentista y las ideas. Participo como un indigno discípulo de su clasicismo exigente, su elitismo cultural y su tono desengañado. En ese gesto hay una nobleza indiscutible, pero también el riesgo de convertir la cultura en un patrimonio de minorías, inaccesible para quienes no han sido formados en sus códigos. Percibo una nostalgia persistente por un mundo intelectual desaparecido: el de la autoridad crítica, la universidad exigente, el lector formado. A mi juicio este diagnóstico es verdadero y brillante. Su prosa posee una claridad y una autoridad poco frecuentes en la crítica actual. Y aun así, profesor, algo se ha perdido que ya no sabremos nombrar.

Tentativas 121

INFORME CLÍNICO

Identificación del paciente: C.S.G.

Edad: Indeterminada

Fuente de información: Equipo Asistencia Domiciliaria (ADO)

MOTIVO DE EVALUACIÓN

Conducta reiterada consistente en la redacción y publicación de informes clínicos autorreferenciales, con intención explícita de objetivar y clasificar experiencias perceptivas anómalas. Se solicita valoración del estado psicopatológico, adherencia terapéutica y evolución del discurso.

DESCRIPCIÓN FENOMENOLÓGICA

El paciente presenta un fenómeno notable: la conversión de la vivencia subjetiva en expediente clínico. No se limita a narrar su experiencia, sino que la traduce —con precisión casi escolástica— al lenguaje técnico de la psiquiatría, como si aspirase a ser simultáneamente caso y tratadista.

Sus textos muestran:

Léxico especializado (psicopatología descriptiva, farmacología, nosología).

Estructuración formal (epígrafes, secciones, tono objetivo).

Intento de distanciamiento del yo mediante tercera persona (“el paciente refiere…”).

Sin embargo, esta operación no logra consolidar una verdadera distancia crítica:

la objetividad es aquí una máscara cuidadosamente tallada, pero aún caliente por dentro.

Se observan:

Ideas de contenido paranoide leve-moderado, no sistematizadas del todo, pero persistentes.

Alteraciones perceptivas descritas con alto grado de vividez sensorial (fauna invasiva, presencias).

Oscilación entre insight parcial y momentos de adhesión fenomenológica a la experiencia.

RASGOS FORMALES DEL DISCURSO

El estilo del paciente merece mención específica:

Predomina una prosa de alta densidad intelectual, con ecos de tratados médicos decimonónicos y literatura ensayística.

Uso de la sintaxis como instrumento de control: frases largas, subordinación precisa, voluntad de dominio.

Tendencia a la estetización del síntoma: el delirio no solo se padece, se describe con ambición literaria.

Podría decirse que el paciente no sufre únicamente un trastorno, sino que intenta fundar una poética del trastorno.

EVOLUCIÓN RECIENTE (SEGÚN ADO)

El equipo de Asistencia Domiciliaria (ADO) refiere:

Nula adherencia al tratamiento farmacológico.

Sustitución progresiva de intereses previos (literatura, ciencia formal) por:

Narrativas de inteligencia y espionaje.

Lenguaje técnico psiquiátrico utilizado de forma autorreferencial.

Incremento de la actividad escritural en entornos digitales, con función aparentemente reguladora.

Se interpreta este desplazamiento como un intento de reorganización simbólica:

el paciente abandona sistemas de pensamiento abstracto (lógica, matemáticas) y adopta sistemas interpretativos y narrativos, más aptos para dar forma a la incertidumbre persecutoria.

INTERPRETACIÓN CLÍNICA (PROVISIONAL)

Nos encontramos ante un caso de especial interés:

Sujeto con alto capital cultural que intenta metabolizar la desorganización psíquica mediante la hiperorganización discursiva.

El informe clínico se convierte en:

Defensa frente a la disolución del yo.

Ritual de ordenamiento.

Dispositivo literario de autoobservación.

Pero también, paradójicamente:

Amplificador del síntoma, al fijarlo, nombrarlo y reproducirlo.

JUICIO CLÍNICO ORIENTATIVO

Trastorno psicótico en evolución con elementos paranoides.

Conservación parcial del juicio crítico.

Elevada capacidad metacognitiva, aunque insuficiente para contener la deriva interpretativa.

RECOMENDACIONES

Ingreso breve en unidad de agudos del Hospital de Ourense, con objetivos de:

Reevaluación diagnóstica.

Reintroducción y ajuste del tratamiento.

Contención del cuadro.

Mantener, en la medida de lo posible, un espacio controlado de escritura, dado su potencial:

Como vía de expresión.

Como herramienta de observación clínica.

Supervisar el uso del lenguaje técnico, evitando que funcione como:

Sistema cerrado de autojustificación.

Refuerzo de ideas delirantes.

NOTA FINAL

El caso C.S.G. plantea una cuestión que excede lo médico:

¿hasta qué punto la inteligencia —cuando se vuelve sobre sí misma en condiciones de inestabilidad— puede convertirse en su propio laberinto?

El paciente no solo describe su extravío:

lo cartografía con una elegancia inquietante.

Firmado: Dra. Esperanza Casteleiro.

Tentativas 120

Conozco el abismo. Allí donde todo se vuelve plano, sin relieve, sin urgencia. Incluso el recuerdo de haber estado bien parece pertenecer a otra persona. La vida continúa, pero sin participación emocional. En mis ojos, visiones de enormes ratas y cucarachas.

***

INFORME CLÍNICO

Identificación del paciente: C.S.G.

Motivo de consulta: Episodio prolongado de alteración perceptiva con alucinaciones visuales y vivencia de colapso psíquico.

DESCRIPCIÓN DEL EPISODIO:

El paciente refiere haber experimentado, durante varias horas consecutivas, la percepción reiterada de animales (principalmente ratas y cucarachas) en su entorno inmediato, sin correlato objetivo verificable. Las imágenes no son descritas como meramente imaginadas, sino como fenoménicamente reales, con localización espacial definida y persistencia temporal suficiente como para generar respuesta emocional intensa.

Durante el episodio, el paciente no logra desestimar completamente la veracidad de las percepciones, oscilando entre momentos de duda crítica y momentos de adhesión parcial a la experiencia. La vivencia se acompaña de un aumento significativo de la ansiedad, con sensación de amenaza difusa y repugnancia visceral.

ESTADO MENTAL CONCOCOMITANTE:

Se observa (por autorreporte) una vivencia de “cierre del horizonte”, entendida como:

Reducción drástica de la proyección hacia el futuro.

Sensación de imposibilidad de cambio o salida.

Empobrecimiento del campo de expectativas.

El paciente describe este estado no como tristeza convencional, sino como una constricción global de la experiencia, en la que el mundo pierde amplitud y queda reducido a un espacio mental cerrado, repetitivo y sin variación.

El pensamiento aparece enlentecido en algunos momentos y, en otros, dominado por contenidos intrusivos vinculados a la experiencia perceptiva. No se evidencia organización delirante sistemática, pero sí una fragilidad en el juicio de realidad durante el pico del episodio.

VIVENCIA SUBJETIVA:

El paciente refiere haber “tocado fondo”, expresión que, en este contexto, parece corresponder a:

Pérdida de referencias internas estables.

Disminución de la confianza en la propia percepción.

Sensación de extrañeza respecto a sí mismo y al entorno.

Se constata una forma de lucidez angustiada: el paciente es parcialmente consciente de la anormalidad de la experiencia, lo cual incrementa el malestar en lugar de aliviarlo.

IMPRESIÓN CLÍNICA (NO DIAGNÓSTICA):

Episodio de desorganización perceptiva con predominio de alucinaciones visuales, asociado a un estado de intensa ansiedad y constricción existencial.

Se sugiere vulnerabilidad en los mecanismos de integración de la experiencia y del juicio de realidad en situaciones de sobrecarga psíquica.

Tentativas 119

“Quien vive entre hombres debe aprender a soportarlos: pero el que no necesita de ellos, ese es ya superior. La soledad no es una elección del débil, sino el destino del fuerte. Allí donde la multitud se siente en casa, el espíritu elevado se siente extranjero. El refinamiento del gusto separa más que cualquier doctrina: porque el gusto es instinto de jerarquía. Y allí donde hay jerarquía, hay distancia. Y donde hay distancia, hay incomprensión”, Nietzsche.

“Cuanto más sobresale un hombre por su inteligencia, tanto menos encuentra en los demás lo que le satisfaga. La vulgaridad del mundo le resulta insoportable, no por orgullo, sino por necesidad de respiración. Así, el hombre superior se ve forzado a la soledad, como el águila a las alturas: no porque desprecie la llanura, sino porque en ella no puede vivir”, Schopenhauer.

“Las personas verdaderamente refinadas no encuentran fácilmente su lugar en la sociedad, porque su sensibilidad les revela matices que los demás ignoran. Allí donde otros ven relaciones simples, ellos perciben tensiones, equívocos, falsedades delicadas. Esa lucidez los aparta, no por voluntad de singularidad, sino por incapacidad de aceptar lo que se presenta como natural y no lo es”, Proust.

“No es que uno quiera apartarse, es que la conversación común se vuelve imposible. Cuando el lenguaje se empobrece, cuando todo se simplifica hasta la caricatura, quien intenta mantener cierta precisión queda como un extravagante. Y entonces uno calla. No por prudencia, sino por hastío. Y ese silencio —que es una forma de dignidad— acaba siendo interpretado como desdén”, Javier Marías.

“Uno no se aparta del mundo: es el mundo el que se vuelve insoportable hasta el punto de expulsarlo a uno de sí mismo. Todo lo que se dice en sociedad es una deformación grosera de lo que podría decirse; todo pensamiento, reducido a consigna; toda conversación, una pantomima. El hombre que exige precisión, que no tolera la mentira cotidiana, acaba siendo considerado un enemigo público. Y entonces aprende que la soledad no es un retiro, sino la única forma de higiene”, Thomas Bernhard.

***

“La inteligencia —cuando no se somete— es siempre sospechosa. No tanto por lo que dice, sino por la forma en que lo dice: por ese rodeo, por esa lentitud, por ese rechazo a la evidencia inmediata que tanto tranquiliza a los demás. El lector refinado vive en una perpetua minoría, incluso dentro de sí mismo, y esa minoría es su única patria”, Juan Benet.

“El hombre dotado de sentido para las posibilidades no se adapta fácilmente a la realidad existente, porque la percibe como una entre muchas. Esta multiplicidad interior lo separa de quienes necesitan certezas. Y así, lo que en él es riqueza aparece ante los otros como indecisión o rareza, cuando no como una forma de inutilidad social”, Robert Musil.

“La cultura no es un ornamento, sino una forma de vida que exige disciplina y continuidad. En una época que no cree en la tradición, el hombre cultivado se convierte inevitablemente en una figura marginal: no por elección estética, sino porque su misma forma de atención resulta incomprensible para los demás”, Eliot.

“Ser fino es, en el fondo, no encajar. El hombre verdaderamente delicado no puede aceptar la grosería como norma, ni la banalidad como destino. Pero esa negativa —que es una forma de dignidad— lo condena a una especie de exilio interior: vive entre los otros, pero no con ellos”, José Bergamín.

“La cultura exige lentitud, silencio, repetición: tres virtudes que la sociedad contemporánea no solo desprecia, sino que combate activamente. Quien persevera en ellas acaba siendo visto como un anacronismo viviente, una figura excéntrica que, sin embargo, guarda —sin saberlo— la última forma de resistencia”, Jordi Llovet.

Tentativas 118

El gusto por la soledad es, en el fondo, una forma de orgullo: la negativa a rebajarse. El hombre verdaderamente libre es aquel que puede prescindir de los otros sin resentimiento. La cultura —cuando lo es— actúa como una defensa: una muralla levantada contra la vulgaridad del mundo.

Nada es más peligroso que una sociedad satisfecha de su mediocridad. La vulgaridad no necesita imponerse: le basta con no ser discutida para convertirse en norma. Entonces, todo lo excelente empieza a parecer excesivo.

Tentativas 117

Sense tradició no hi ha lectura profunda; sense lectura profunda, Hölderlin és il·legible; i sense una comunitat intel·lectual capaç de sostenir aquest esforç, la gran poesia desapareix del món viu.

No paro de donar voltes a l´article. El diagnòstic de Alvin Kernan a «The Death of Literature» sosté que la literatura no mor per manca d’obres, sinó per la descomposició del sistema que la feia possible: la tradició, el cànon, l’autoritat crítica i el lector format. En dissoldre’s aquests fonaments, la lectura deixa de ser un exercici exigent i compartit per convertir-se en consum cultural fragmentari, sotmès a la immediatesa i a la banalització. La literatura, així, perd la seva funció de coneixement i de transmissió d’una veritat elaborada en el temps.

Em sembla òbvia la connexió amb el seu article sobre Friedrich Hölderlin, que exemplifica aquest procés en el cas català: la seva pèrdua de lectors no és casual, sinó conseqüència directa de l’erosió de la tradició i de la desaparició d’una comunitat lectora capaç de sostenir-ne la dificultat. L’edició de Manuel Carbonell (enormes felicitats) apareix, en aquest context, com un intent de restitució: només des d’una lectura pacient, col·lectiva i intel·lectualment rigorosa —allò que Hölderlin concebia com a «Gesang»— pot recuperar-se una poesia que el present, dominat per la lleugeresa i la desmemòria, ja no sap llegir.

No ho sé. L´exigència va a la baixa. Dispensi´m si sóc agoserat.

***

Extraordinari i exigent article. Hom resta gairebé estupefacte davant d’una ment inesgotable (professor, sou un català de molts sabers i, a més, amb una rara aptitud per al raonament)

Friedrich Hölderlin exigeix una forma d’atenció (i corregiu-me si m’erro) que ja no és de moda: una lectura gairebé litúrgica. En una cultura accelerada cap al social i l’històric, la seva veu sona remota, com una campana en una vila abandonada.

Llegir Friedrich Hölderlin avui és un exercici d’arqueologia espiritual. Ens enfrontem a una llengua que creu en allò que diu, i aquesta fe —tan aliena a nosaltres— suscita una mescla de fascinació i d’escepticisme. No sabem ben bé si hem d’admirar o desconfiar (parafrasejo una idea que, si no m’erro, pertany a Félix de Azúa).

Si la poesia contemporània ha rebaixat la seva ambició és, en part, perquè ha deixat de mesurar-se amb figures com Friedrich Hölderlin. Davant seu, tot sembla provisional, tentatiu, fins i tot decoratiu: una mena de bijuteria. Aquests límits superiors del poeta alemany, ho confesso, em depassen com a lector. És massa alt per a la meva alçada.

No ho sé. No voldria fer més el ridícul parlant d’allò que ignoro.

Nota: Magnífic article, insisteixo, que convida als plaers difícils (que és una altra manera d’anomenar la relectura)

Tentativas 116

-Empezaré con una pregunta a bocajarro, sin medias tintas ¿Es usted un buen escritor?

-De los mejores. Y me costó mi esfuerzo. Estudié a fondo el Navarro Tomás, el Manual de fonología histórica de don Ramón, el Lapesa y aprendí a transcribir; en Sintaxis estudié el Gili Gaya. Toda esa materia la estudié en la tardoadolescencia y la tenía muy asumida cuando surgieron otras exigencias académicas. Me muevo bien en la Fonética Histórica, pero nunca me he defendido del todo con la sintaxis y la morfología: cuando en Bachillerato me explicaron los pronombres y adjetivos, me fui de viaje con mis padres a Venecia y nunca he acabado de distinguirlos… Además, estudié hasta sacarle todo el jugo la Historia de la lógica del matrimonio Kneale, tratados de teoría de conjuntos, el Manual de derecho mercantil de Garrigues, y la obra botánica de Pius Font i Quer… A ello añádase mi perfecto oído y sensibilidad lingüística para el castellano (espero no parecerle demasiado presuntuoso), y una capacidad de percepción educada en los clásicos (paladeo en ellos el temblor particular de una frase, el modo en que una imagen se enciende en la retina de la mente)

-¿Le gusta leer novelas?

-La novela de hoy, la poesía, igual que la televisión, como Internet, el cine, o la política, va toda de bajada; nada quedará de ellas, son escombros, material fungible ¿Sabe? Preferiría la nada a la existencia de algún que otro genio por siglo en la tierra. La reproducción humana es monstruosa. Nadie tiene el derecho de imponerle a quien no ha hecho daño a nadie el horror de la vida y el horror de la muerte. El planeta va directo al despeñadero; si no es por la superpoblación, lo será por una guerra nuclear.

-¿En qué momento del día lee mejor?

-En las horas que del alba serían, como insistía nuestra profesora cubana de estadística en la Universidad de Boston, la esbelta Isabel García Lladó. Una mujer muy peculiar: creía lo mismo en las ecuaciones probabilísticas que en las cartas astrales.

-¿Por qué leer?

-Leer ha sido siempre una forma de educación sentimental e intelectual inseparables. No se trata de acumular títulos como un empollón maquinal, sino de adquirir una cierta disposición del espíritu: atención, lentitud, gusto. La lectura funda una aristocracia, no basada en el dinero ni en el poder, sino en la calidad de la experiencia interior. Quien ha leído bien —y subrayo lo de bien— ha aprendido a distinguir, a desarrollar su mente, y esa facultad de distinguir es la base misma de la cultura. Sin ella, todo se vuelve vulgar. Y si cree usted que leer no ennoblece, concédame al menos que nos permite sobrevivir con un poco más de lucidez en medio de la catástrofe.

-¿Cree en el mito o idea del analfabeto sabio?

-Se habla del analfabeto sabio como de una figura admirable, pero sospecho que es una invención sentimental. Me suena a retintín alemán. La sabiduría implica memoria, y la memoria de la humanidad está -claro- en los libros. Privarse de ellos es condenarse a una forma de presente perpetuo ¿Sabe que Heidegger consideraba a los agricultores de la Selva negra casi como a pre-socráticos redivivos? Pura fantasía metafísica irracional. Tal vez haya inteligencia sin lectura, pero difícilmente habrá cultura, y sin cultura la inteligencia se vuelve estéril.

-¿Ha deseado usted alguna vez fundar una familia?

– Sencillamente me he limitado a sobrevivir. Fundar una familia, ni se me podía pasar por la cabeza. No tenía salud, y por lo tanto, tampoco ganas de pensar en estas cosas. No me quedó más alternativa que refugiarme en mi mermada capacidad de raciocinio, y tratar de sacarle algún provecho. Estaba vacío. Y así he seguido, durante años y años ¿Es eso bueno o malo? ¿Quién lo sabe? Pero es una forma de vivir. La vida puede asumir infinitas formas.

-Leyendo sus libros se tiene la impresión de que es usted cultísimo

-Poseer cultura (de la alta, se entiende) está hoy completamente desacreditado: parece una superchería y un acto de soberbia despreciable. Los que están muy acreditados y afamados son los futbolistas y los concursantes de La Isla de las Tentaciones: ya me dirá usted en medio de qué panorama estamos. Como he dicho, hoy se cierne sobre todas las capas de la sociedad una enorme sospecha acerca de lo que sea un sabio, un gran profesor o un erudito, o bien un escritor de raigambre culta. Si los privilegiados que han podido realizar estudios superiores poseen ya tan sólo una vaga y muy superficial cultura, homologable con la de las capas medias y bajas de la sociedad, entonces toda la sociedad acusa este declive y se degrada.

-¿Qué hace durante el día?

-Leer, estudiar y escribir. Vivo en un pazo (que se cae a pedazos, por cierto) del siglo XVIII en la Ribeira Sacra. Prácticamente nunca salgo de casa. Y leo. Esta tarde leí a Plutarco en la edición de Gredos. Papel crema, tipografía serif clásica, encuadernación en tapa dura. Al menos no malgasté el tiempo.