Tentativas 108

-¿En qué momento del día tu pensamiento es más exacto?

-Cuando el ruido del C.N.I. se convierte en hipótesis.

-¿Qué hábito te ennoblece en secreto?

-La fidelidad antigua, sin testigos ni consigna, por ejemplo a Sefarad.

-¿Qué defecto te acompaña con mayor fidelidad?

-El autismo extravertido.

-¿Qué forma (geométrica o natural) describe mejor tu carácter?

-La de una cartera de tafilete: flexible, gastada, selectiva.

-¿Qué idea te parece verdadera aunque no puedas demostrarla?

-Sobre la sangre más espesa de los abobados.

-¿Qué gesto ajeno te reconcilia con el mundo?

-La actuación de los Antidisturbios.

-¿Qué error volverías a cometer con plena conciencia?

-Tomar neurolépticos.

-¿Qué virtud te resulta sospechosa cuando es proclamada en público?

-Sin duda la bondad.

-¿Qué placer consideras injustamente despreciado?

-La lectura de los griegos.

-¿Qué tipo de inteligencia te incomoda?

-James Bond sin autocrítica.

-¿Qué paisaje corresponde a tu idea de la verdad?

-Siena, al atardecer.

-¿Qué frase te habría gustado escribir y no escribiste?

-Quién me pone la pierna encima para que nunca levante cabeza.

-¿Qué libro no recomendarías a nadie… pero guardas?

-Los de Hegel.

-¿Qué te aburre con rapidez infalible?

-La humanidad cuando se explica a sí misma.

-¿Qué te parece irremediablemente vulgar?

-El lujo sin gusto.

-¿Qué forma de soledad eliges?

-La atareada.

-¿Qué cambiarías de tu educación intelectual?

-Menos memoria humanística y más rigor científico.

-¿Qué te resulta imperdonable en la escritura?

-Aquellos que no plagian.

-¿Qué te gustaría aprender cuando ya no te sirva para nada?

-Taxidermia.

-¿Qué te salva en un día malo?

-El Instagram de Angie Rigueiro.

-¿Qué tipo de belleza te deja frío?

-La perfecta.

-¿Qué te gustaría que quedara de ti en una frase?

-Siento dejar este mundo, sin probar pipas Facundo.

Tentativas 107

a mi abuela Pascua Carballo

Recuerdo cómo el ruido seco de las agujas calcetando marcaba el tiempo de la conversación con mi abuela Pascua, y, entre palabra y palabra, el hilo avanzaba con una regularidad tranquilizadora. Las manos se movían solas, como si ya no pertenecieran a quienes las guiaban. Unas manos delgadas, venosas, besables. La abuela movía las agujas con una rapidez que me asombraba. El hilo se enredaba y desenredaba, incesante, como si en aquel movimiento se diluyera toda la vida de la casa. Yo la miraba: su rostro, inclinado, parecía ausente, y sin embargo en sus manos había una atención absoluta, una especie de recogimiento. Dulce metrónomo que parecía absorber los pensamientos junto a los verdes de la Ribeira Sacra. Sus manos, acostumbradas a la lana y a la aguja, avanzaban sin esfuerzo visible, mientras yo hilaba mi pensamiento a sus ojos. El tejido crecía lentamente, fila tras fila, como crece fatal el tiempo mismo, un flagelo continuo. Cada punto añadido al tejido parecía afirmar una bendita confianza en que el orden puede sostenerse a través de pequeñas acciones reiteradas.

Tentativas 106

23 de abril. Día del libro.

Los volúmenes de mi biblioteca, alineados en los estantes, poseen una vida latente que se manifiesta en la diversidad de sus encuadernaciones. Algunos, revestidos de piel flexible, ofrecen al tacto una suavidad casi íntima; otros, más rígidos, conservan una severidad que impone respeto. El dorado de los lomos, a veces desvaído —como si hubiera sido rozado por demasiadas manos—, a veces intacto, recoge la luz de manera distinta según la hora del día, como si cada libro tuviera su propio modo de aparecer. Y es imposible no sentir que esa materialidad —el peso, la textura, el leve crujido al abrirlos— forma parte inseparable del placer de la lectura.

***

Hay un placer particular en poseer un libro que ha sido encuadernado con esmero. La piel, elegida por su grano y por su resistencia, envuelve el volumen con una dignidad que le confiere autoridad —una autoridad que no se somete al gusto común. Los nervios del lomo, discretamente marcados, ordenan la superficie como columnas; el título, dorado con precisión, se inscribe en ella con una claridad que no es ostentación, sino medida. Nada en el conjunto es superfluo: cada elemento cumple una función y, al mismo tiempo, contribuye a una unidad exacta. Tales libros no son simples recipientes de palabras; son objetos que afirman, en su propia materialidad, la importancia de lo que contienen.

Tentativas 105

-¿Qué ritmo te define cuando creas con las manos?

-La principal actividad que hago con las manos es escribir. Tiene un ritmo metódico, con un punto o sordina de jam-session improvisada. A veces escribo a mano, sobre fichas de oficina, con una buena estilográfica. La mano transmite al pensamiento una temperatura particular; cada palabra se posa como una polvareda en la página, y uno puede observar la página, tocarla, incluso corregirla con una delicadeza que el ordenador no permite. Cada corrección es un gesto físico, una presión de la mano que añade, borra, desplaza, cambia. Mis fichas holandesas de cartulina blanca se llenan de tachones, flechitas, ralladuras, borrones. Me gusta la huella del pulso en ellas. Escribir también es un oficio, como el de ceramista o herrero.

-¿Cuáles son tus juegos de mesa preferidos?

-El ajedrez, el Scrable y las damas. Con el ajedrez debemos concebir ideas que puedan, por así decirse, posarse en una casilla. El tablero es una vitrina coreográfica donde la inteligencia se vuelve voluptuosa. A mí me gusta ese silencio de la partida, ese ir y venir de piezas que parecen poca cosa, pero que, bien llevadas, te levantan una catedral. El Scrabble me atrae por una razón íntima: convierte el idioma en una colección de criaturas manipulables. Las letras, esos cuadraditos tipográficos, se dejan fijar en una red de casillas donde cada palabra adquiere una precisión casi lógico-matemática. No se trata de decir mucho, sino de decir exactamente, de descubrir en un puñado de consonantes y vocales la única disposición que justifica su existencia. Hay en ello una urdimbre secreta: la del lenguaje hasta que revela su forma más rara, más inevitable.

-¿Y las damas?

-Toda mi vida jugué con mi madre a las damas. Las damas, pese a su apariencia elemental, encierran una complejidad que deriva precisamente de su uniformidad. Al carecer de jerarquías entre las piezas, toda diferencia debe construirse en el tiempo y en el espacio, mediante una disposición progresiva de ventajas. La partida no se resuelve por acumulación de recursos, sino por la explotación rigurosa de pequeñas asimetrías que, en su concatenación, adquieren un carácter decisivo. El jugador competente entiende que la simplicidad del sistema no excluye, sino que intensifica, su dificultad.

-¿Qué textura te calma más?

-Me encantan la lana, la madera, el barro, pero el papel es mi perdición. Un buen papel de hilo, de algodón o trapo, ofrece una resistencia mínima, pero perceptible, como si la hoja no quisiera entregarse del todo. No es la lisura indiferente del papel industrial, sino una textura finamente granulada, con un leve “diente” que recoge la yema del dedo y la obliga a demorarse. Esa microasperidad —apenas un susurro— es la condición de una tipografía viva: la tinta se asienta, respira, no se desliza como una película, sino que se ancla en la fibra. El olor añade una dimensión más: notas de lignina domada, de polvo noble, a veces un eco de cola o de cuero cercano. Ese aroma no invade; se insinúa, como una promesa de permanencia.

-¿Qué pasatiempo te gustaría aprender?

-Por decir solo uno, el macramé. Siempre creí que posee la elegancia de los sistemas cerrados y, a la vez, la gracia de lo infinitamente combinable. Cada nudo es una sílaba táctil, un signo que no se lee con los ojos, sino con los dedos. Me seduce esa posibilidad de fijar una forma sin recurrir a la tinta, de dibujar en el aire con hilos que, al tensarse, adquieren una precisión casi entomológica.

-¿Qué hábito digital estarías dispuesto a sacrificar por un hobby analógico?

-Las redes sociales. Las redes sociales han introducido una forma de escritura apresurada, casi automática, en la que lo importante no es lo que se dice, sino el hecho mismo de decirlo cuanto antes. Se escribe sin corregir, sin pensar, sin volver sobre lo escrito, como si el lenguaje fuera un desecho más del flujo diario. Y eso, a la larga, empobrece no solo la literatura, sino también la conversación pública, que se vuelve más ruidosa y menos significativa.

Tentativas 104

-¿Cuál es tu idea sobre la edad ideal en un político?

-El acmé (del griego ἀκμή, akmḗ) designa el punto culminante, el momento de máxima plenitud, intensidad o perfección de algo. En una vida individual es la edad o etapa en la que alguien alcanza su mayor desarrollo físico, o intelectual o espiritual. Esa edad -variable- para mí es la ideal en un político.

-¿Es la experiencia una forma de lucidez?

-A veces puede ser una mera coartada del poder. La lucidez del anciano no se da en todos los ancianos, e, incluso, para algunos parece a veces que las mismas enseñanzas de la experiencia pasaron en balde. Para mí el buen gobernante no se cree original: sabe que gobierna dentro de una continuidad histórica. Desconfía de la novedad por sí misma y entiende el presente como un capítulo más de una larga civilización. Un político sin estilo es, en el fondo, un político sin pensamiento. La forma —en el lenguaje, en los gestos, en la presencia— revela la calidad interior. El político ideal tendría algo de dandy ilustrado: distancia, precisión, elegancia. El político ideal no busca agradar a todos. No se somete al gusto mayoritario ni al ruido mediático. Más bien ejerce una forma de soledad consciente, incluso de elitismo, frente a la banalización democrática. Un hombre excepcional que gobierna desde la cultura, el estilo y la conciencia de la tradición, no desde la popularidad ni la técnica. Hace siglos que no vemos un político así.

-¿Qué pesa más en un gobernante: los años vividos o la capacidad de comprender el presente?

-La cuestión no se resuelve oponiendo edad y comprensión del presente, sino subordinando ambas a una tercera facultad: el juicio, esa mezcla de memoria, instinto y cálculo que permite leer el momento sin dejarse arrastrar por él. Recuerdo una cita de Talleyrand: «He visto demasiados regímenes nacer y caer como para creer que la juventud gobierna mejor. La juventud actúa; la edad observa. Pero gobernar no es ni actuar ni observar: es saber en qué momento conviene hacer una cosa u otra».

-¿Crees que el poder tiende naturalmente a envejecer?

-El poder no envejece por los años, sino cuando pierde su capacidad de imponerse a las circunstancias. Para mí, lo decisivo no es la edad del gobernante, sino la vigilia del entendimiento y la disciplina de la voluntad. No es la edad la que hace débil al poder, sino la falta de resolución. El Estado exige un espíritu siempre despierto, capaz de renovarse sin cesar en medio de los mismos asuntos. Quien gobierna no debe confiar en lo que ha hecho, sino en lo que aún puede hacer. Así, el poder se conserva no por la memoria de sus éxitos, sino por la vigilancia continua sobre los peligros

-¿Qué virtud política asocias espontáneamente a la edad avanzada?

-Si la edad trae consigo alguna virtud digna del gobierno, no es la mera duración de la vida, sino la prudencia que nace de haber visto muchas cosas y de no dejarse ya arrastrar por ninguna. Pues los jóvenes son valientes en la acción, pero precipitados en el consejo; en cambio, quienes han vivido lo suficiente saben medir las consecuencias, y esa medida es el primer deber de quien delibera sobre lo común. No alabo la vejez por sí misma, como si los años bastaran para hacer mejor al hombre, sino cuando el tiempo ha educado el juicio y ha enseñado a preferir lo útil a lo inmediato, lo duradero a lo brillante.

-¿Y qué defecto te parece más inevitable en ella?

-La confianza excesiva en la propia experiencia, que puede volver ciego ante lo nuevo. Si la edad trae consigo un defecto que convenga temer en quienes gobiernan, no es el cansancio —pues el hábito suple a menudo las fuerzas—, sino una cierta persuasión secreta de que nada ocurre que no haya sido ya previsto. De esta inclinación nace una negligencia peligrosa: se escucha menos, se examina peor, se decide antes de comprender.

-¿Puede un dirigente anciano comprender un mundo que cambia aceleradamente?

-El mundo no cambia tanto como creen los contemporáneos; lo que cambia es la ilusión con la que lo miran. Para él, la verdadera comprensión no consiste en correr tras la novedad, sino en discernir lo permanente bajo la apariencia de lo nuevo. El arte de gobernar no consiste en seguir la agitación, sino en distinguir qué hay en ella de pasajero y qué de durable.

-¿El poder conserva o consume?

-Hay quienes creen que el poder fortalece al que lo detenta; yo digo que lo pone a prueba. Si el alma es débil, el poder la disuelve; si es firme, la purifica por el sacrificio. Así, no es el poder el que conserva o destruye, sino el uso que se hace de él.

-¿Qué opinas de quienes se aferran al poder más allá de lo razonable?

-No me preocupa que un político desee permanecer en el poder; eso forma parte de la naturaleza de la competencia política. Lo que me preocupa es cuando el sistema permite que ese deseo no encuentre freno. En una democracia bien ordenada, el problema no son los hombres que se aferran al poder, sino las instituciones que no saben expulsarlos.

-¿Qué cualidad pierde antes un gobernante: la energía o el juicio?

-Lo primero que se pierde no es la energía, sino el juicio… o, más exactamente, la voluntad de ejercerlo con honestidad intelectual. Se suele creer que el gobernante envejece cuando le falta energía. Es un error tranquilizador, porque permite atribuir el fracaso a una causa visible y casi física. Pero la historia muestra otra cosa: hombres todavía activos, incluso incansables, que ya no comprenden lo que hacen. La energía puede sostenerse por ambición, por hábito o por miedo a desaparecer; el juicio, en cambio, exige una disciplina más rara: la de confrontar la realidad sin deformarla

Tentativas 103

Hoy, desde las seis de la mañana hasta ahora, vagabundeos eruditos. En concreto, «Lettres à une princesse d´Allemagne sur divers sujets de physique et de philosophie», de Euler. Un tratado científico y filosófico en forma epistolar, dirigido a la princesa Friederike Charlotte de Brandeburgo-Schwedt.

Euler no solo divulga; defiende la inteligibilidad del universo y la capacidad de la razón para penetrar en él sin renunciar a una dimensión teológica.

Las cartas C–CVIII marcan un desplazamiento claro dentro de la obra del matemático y físico alemán ; la física descriptiva cede paso a cuestiones de metafísica, psicología y teología racional. Es un tramo particularmente denso, donde deja de ser solo divulgador y se muestra como pensador sistemático.

Aquí afirma que el ser humano no puede ser explicado únicamente por la materia ni por las leyes físicas; posee un alma inmaterial, libre y cognoscente, cuyo origen y fundamento remiten a un orden divino racional.

También me demoré en «Formal Logic; or, The Calculus of Inference, Necessary and Probable» de Augustus De Morgan. Libro con una encuadernación en plena piel de cabra negra —grano finísimo, casi táctil como terciopelo seco—, que ostenta en los planos una decoración geométrica dorada que recuerda discretamente a diagramas de inferencia: líneas que se cruzan, bifurcaciones, pequeños nodos estampados a oro fino, como si la lógica hubiese querido dejar su huella en la materia misma.

***

Entre una frase y otra, entre un símbolo y otro, dejo siempre un pequeño intervalo, como quien entreabre una puerta: no es descuido, es invitación. El placer de leer no está en lo que se dice, sino en ese espacio donde el lector, si es fino, completa con su propio ingenio lo que apenas ha sido sugerido.

Hay libros que se imponen; otros, más raros, se insinúan. Yo prefiero estos últimos: aquellos que no gritan, que no exhiben, que se deslizan con una ironía casi táctil, como una mano que roza sin apretar. El lector que percibe ese roce experimenta un placer distinto, más delicado: el de sentirse cómplice de una inteligencia que no se declara del todo.

Fui —sin discusión— dichoso en ese leve estremecimiento que dejan los libros cuando, más que leídos, han sido apenas rozados por la inteligencia.

Tentativas 102

En Bowie, la teatralidad es un laboratorio del yo; en Gurruchaga, es una fiesta del yo. En Weill, el cabaret es bisturí: disecciona la sociedad para exhibir su podredumbre; en Gurruchaga, es pluma: cosquillea la superficie hasta hacerla reír. Mil veces prefiero al leidísimo Gurruchaga.

G. ocupa un lugar incómodo: demasiado teatral para la música, demasiado ligero para la alta cultura. Pero quizá ese desajuste sea, precisamente, su forma de verdad. Una verdad de una fuerza estética y popular memorable. Su verdad no es la de la profundidad que desciende, sino la de la superficie que vibra; una verdad estética y popular, ligera sólo en apariencia, que se fija en la memoria por su misma capacidad de fuga.

El cabaret, el burlesque y el kitsch de G. no buscan escandalizar, como el de entreguerras, sino trivializar lo solemne: hacer del gesto cultural un guiñol lúcido. Mi admiración por su obra es grande (además es una figura de vasta cultura)

Un animal de la escena y el gesto, más que de la linealidad musical. Si la Movida tuvo su iconografía pop, la Orquesta Mondragón aportó su dimensión escénica: un teatro ligero que se infiltraba en la música. Su mal gusto es una apuesta consciente. Música que desplaza su centro de gravedad hacia la representación. La música deja de ser el fin para convertirse en soporte; lo esencial ocurre en el cuerpo, en la voz, en el decorado.

En una cultura que venía de la gravedad impostada, G. introduce el derecho a lo frívolo, que no es solo banalidad, sino una forma retorcida, oblicua, de inteligencia crítica.

Acaso falte que se pose un poco de forma en su delirio, pues a veces la ironía lo devora todo; pero esa es su marca de estilo. Un estilista del exceso consciente, alguien que ha entendido que, cuando la crítica directa pierde eficacia, la risa —incluso la risa menor, incluso la risa kitsch— puede seguir diciendo la verdad. Nada que objetar.

Tentativas 101

CLASIFICACIÓN: CONFIDENCIAL / USO INTERNO

DISTRIBUCIÓN LIMITADA

REF.: A/CSG-8821

DENOMINACIÓN OPERATIVA: ARQUITECTO

ESTADO: Inactivo (reserva operativa condicionada)

FECHA DE REVISIÓN: 12/03/2019

UNIDAD EMISORA: UEP-3 / Evaluación y Prospectiva

1. IDENTIFICACIÓN Y PERFIL GENERAL

Individuo reclutado (c. 19XX) tras evaluación conjunta UEP-3 / Dpto. Captación (ver expediente base CSG-8821/0). Perfil compatible con análisis estratégico y apoyo indirecto a operaciones.

Formación: Estudios superiores completos. Rendimiento alto (anexo acad. 8821-A).

Idiomas: Nivel operativo en varias lenguas europeas. Uso fluido en entornos técnicos.

Observaciones iniciales: Autonomía intelectual elevada. Tendencia a trabajo independiente. Requiere seguimiento ligero (fase inicial y validación de outputs).

2. TRAYECTORIA FUNCIONAL

Actividad principal en análisis y modelización de escenarios (período activo: c. 19XX–20XX).

Funciones:

Elaboración de informes prospectivos (refs. serie B-17/4; B-21/2).

Integración de variables cualitativas en modelos semi-cuantitativos (nota técnica NT-44/7).

Apoyo a unidades operativas (consultivo; no despliegue directo).

Evaluación de rendimiento:

Resultados consistentes en entornos de incertidumbre media.

Aportación útil en fase previa a decisión (briefings).

Precisión variable en escenarios de alta volatilidad o baja densidad de datos.

Incidencias registradas:

Tendencia a sobreelaboración teórica (ver informe interno I-8821/3).

Necesidad de contraste externo antes de validación final.

Ajustes requeridos en tiempos de entrega (período 20XX–20XX).

3. SITUACIÓN ACTUAL

Retiro operativo formalizado (acta R-8821/1). Sin funciones activas.

Condición:

No desplegado.

Contacto esporádico (protocolo reserva estándar RS-2).

Actividad civil conocida:

Producción ensayística / literaria.

Presencia pública limitada.

Sin incidencias relevantes a fecha de revisión.

4. PROTOCOLO DE DISCRECIÓN

No se han requerido medidas específicas de cobertura.

El perfil público del individuo (estilo discursivo irregular, posicionamientos no lineales, exposición intermitente) contribuye de forma suficiente a la reducción de trazabilidad.

Seguimiento pasivo recomendado (nivel bajo). No activación de medidas adicionales salvo cambio de contexto.

5. VALORACIÓN ACTUAL

Activo con valor histórico en análisis. No prioritario para operaciones vigentes.

Utilidad potencial: consultiva (casos puntuales).

Riesgo: bajo.

Exposición: limitada.

Fiabilidad: media-alta (dependiente de condiciones de trabajo y contraste externo).

6. OBSERVACIÓN FINAL

Perfil de alta capacidad abstracta. Enfoque no convencional en resolución de problemas. Mayor rendimiento en fases de conceptualización que en ejecución directa.

Se recomienda mantenimiento en archivo de reserva (AR-2). No activación inmediata.

FIRMA DIGITAL

UEP-3 / Evaluación y Prospectiva

Registro interno: 8821-E/19

***

Simular cordura exige coherencia; simular locura, en cambio, permite el error. El error desarma al observador. Nadie vigila con rigor a quien parece incapaz de sostener una línea de pensamiento.

El mejor encubrimiento no consiste en ocultar información, sino en degradar el canal por el que esa información podría ser tomada en serio.

Tentativas 100

INFORME DE EVALUACIÓN PSIQUIÁTRICA

Referencia: Caso 2026-CSG

Ref: Plaza Lesseps

Fecha: 18 de abril de 2026.

MOTIVO DE CONSULTA Y ANTECEDENTES

El paciente CSG, residente en la zona de Plaza Lesseps (Barcelona), es derivado para valoración tras un episodio de «fuga de identidad» detectado por los servicios sociales. CSG habita un apartamento convertido prácticamente en una celda monacal de estanterías, donde predominan tratados de botánica del siglo XIX y manuales de lógica simbólica. Presenta una anhedonia social casi absoluta. Su contacto visual es evitativo, y su discurso, aunque fluido, es exclusivamente referencial: no dice «tengo hambre», sino que narra cómo «el explorador sintió la carestía de víveres en el Amazonas».

EXPLORACIÓN PSICOPATOLÓGICA

CSG es un individuo de inteligencia media-superior con una personalidad de base claramente esquizoide. Sin embargo, la complejidad de su cuadro clínico presenta una tríada diagnóstica diferencial de difícil resolución:

(i) Esquema de Heterónimos (Simulación Creativa): A diferencia de un simulador común que busca ganancia secundaria (bajas laborales, evitar penas), CSG parece utilizar la heteronimia (al estilo de Fernando Pessoa) como un mecanismo de defensa existencial. Ha creado al menos cuatro identidades estancas:

El Espía: Lenguaje lacónico, paranoia controlada.

El Botánico: Obsesivo, detallista, con un léxico taxonómico deslumbrante.

El Profesor de Matemáticas: Rígido, pedante, con tics de tiza imaginaria.

El Seductor de Discoteca: Una máscara diametralmente opuesta a su timidez real, descrita con una precisión sociológica casi clínica, pero nunca ejecutada en la realidad.

(ii) Delirio de Capgras Atípico: CSG sostiene la creencia intermitente de que su «yo» real ha sido sustituido por la conciencia de un «Gran Escritor Universal» (cuyo nombre se niega a revelar por «pudor literario»). No identifica a otros como impostores (Capgras clásico), sino que se siente a sí mismo como un suplantador de su propia vida.

(iii) Trastorno de Identidad Disociativo (TID): Las identidades poseen una coherencia interna tan férrea que sugieren una fractura de la consciencia. No obstante, no hay «lagunas amnésicas» claras; CSG recuerda lo que hizo el «Espía», pero lo relata como quien lee una novela que él no ha escrito.

FORMULACIÓN DEL CASO (HIPÓTESIS DEL EVALUADOR)

Tras observar la disposición de su biblioteca, donde los libros de Botánica (crecimiento orgánico, raíces) se mezclan con los de Lógica (estructuras rígidas, verdad/falsedad), se propone la siguiente interpretación: El paciente padece un «Síndrome de Refracción Identitaria». CSG no está loco en el sentido desorganizado del término; es un esteta de la disociación. Utiliza la lógica para compartimentar sus emociones y la botánica para entender un crecimiento que no puede experimentar en su vida social nula. Su «simulación» no es un engaño, sino una necesidad ontológica. CSG es un «yo» vacío que solo se llena mediante la literatura. Si deja de ser un heterónimo, simplemente deja de ser.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL Y CONCLUSIÓN

Se descarta la psicosis franca por ausencia de alucinaciones sensoriales. Se propone el diagnóstico de Trastorno de la Personalidad no especificado con rasgos disociativos de alto rendimiento. Recomendación: No forzar la «unificación» de la personalidad de forma abrupta, ya que los heterónimos son los «muros de carga» que evitan el colapso psicótico de CSG. Se recomienda terapia a través de la escritura (grafoterapia) para intentar que los personajes empiecen a hablar entre ellos.

Dr. Celestino Barallat y Falguera

Tentativas 99

La bella amazona Judit Mascó ben segur que pensa, com també la bagenca Beth Rodergas, deixebla d’Euterpe. L’amic Gabriel Rufián és poeta i esteta, i agrada a la tieta —i, pel que sembla, també toca teta. Pep Guardiola, fill de Santpedor, com el timbaler del Bruc, ignoro si ha redactat cap rotlle, papir o pergamí.

Si han escrit —o arribessin a escriure— algun llibre, tindrà, sens dubte, les seves dignitats; però són apostes arriscades, atès que no han estat encara sancionades pel temps ni per la tradició.

Pel que a mi respecta, si mai hi hagués novetat, només adquiriria «Brins de literatura universal II», volum que roman en el cel ectoplasmàtic platònic, atesa la mandra proverbial del seu autor, més inclinat a l’estudi sever que no pas a la creació pròpia.

Jo sóc un mindundi, però em permeto recomanar a qui em vulgui llegir els «Annals» de Tàcit; hi admiro una densitat extrema: una prosa en què cada frase sembla comprimida fins al límit. Per a mi, Tàcit encarna el contrari del “bestsellerisme”: una escriptura en què no hi sobra res, on cada paraula pesa i deixa sediment. Dificultat fèrtil, exactitud, energia verbal.

Us asseguro que hom no contraurà cap blennorràgia ni infringirà el codi penal per llegir Tucídides o Agustí d’Hipona en lloc de Toni Cruanyes o Xavi Coral.

Aquell crani privilegiat que fou Jorge Luis Borges escrigué: «Clàssic no és un llibre (ho repeteixo) que necessàriament posseeixi tals o quals mèrits; és un llibre que les generacions dels homes, urgides per diverses raons, llegeixen amb fervor previ i amb una misteriosa lleialtat».

L’estudi dels grecs no és una mera tasca arqueològica, sinó l’estudi dels inicis de la nostra pròpia ment. En ells assistim al naixement de la raó, a la formació dels conceptes sense els quals no podem pensar. Descuidar-los no és ser modern, sinó quedar-se sense arrels.

El món antic no és cap peça de museu: és un camp d’experiència on podem posar a prova les nostres idees sobre política, societat i naturalesa humana. Grecs i romans no ens donen respostes, sinó una disciplina d’interrogació que continua essent indispensable.

Recordo A. E. Housman: «L’estudi del llatí no és un luxe, sinó una disciplina. Forma la ment en la precisió, en l’exactitud, en el pes de les paraules. […] Qui ha après a llegir bé el llatí adquireix un hàbit de pensament que no tolera fàcilment la confusió ni la vaguetat».

Au, doncs: a llançar-se sobre gramàtiques i diccionaris llatins aquest Sant Jordi.

Visca el Dia del Llibre!

***

Per a Thomas Bernhard, llegir els clàssics ens salva de la nostra pròpia mediocritat: «Alles ist schon gesagt worden, nur noch nicht von allen… Wer nicht liest, bleibt in der Dummheit seiner selbst gefangen… Die großen Texte sind die einzigen, die uns aus dieser Gefangenschaft herausreißen», és a dir: «Tot ja ha estat dit, només que no pas per tothom… Qui no llegeix resta empresonat en la pròpia estupidesa… Els grans textos són els únics que ens arranquen d’aquesta captivitat».

Carles Riba, ment lingüística superba —i que, segons la maledicència, ell o la Clementina, o tots dos plegats, patien d’una certa alitosi—, ho va formular de manera terminant: «Els clàssics no són antics: són necessaris… Allò que els fa perdurar no és el temps, sinó la capacitat de continuar dient-nos… llegir-los és entrar en una disciplina de l’esperit».

I el prodigiós Pere Quart, d’escriptura molt menys híspida que la del pesat —i genial— Bernhard, afirmava amb un somriure sorneguer: «Cal llegir els morts per entendre els vius… però també per no assemblar-s’hi massa».

El Gilgamesh és energia volcànica, vivíssima, i gens de “seco polvo de tesis doctoral”, Valverde.

La vida és una maleïda erosió contra la nostra intel·ligència (els tertulians, el reggaeton, els polítics, etcètera) Els llibres antics són els únics que la resisteixen, perquè milers de grans intel·ligències els han provat i validat.

NOTA BENE: Magnífic article, professor.