Félix de Azúa
«Europa se ha convertido en un parque temático de su propio pasado. Conserva sus monumentos, sus museos, sus tradiciones, pero los ofrece como espectáculo, como mercancía turística. Lo que fue cultura viva se convierte en decoración. Lo que fue pensamiento se convierte en información. El europeo contemporáneo consume su propia historia como quien consume un producto más, sin exigencia, sin profundidad, sin conciencia».
Fernando Savater
«Europa no puede sostenerse solo como un mercado común o una alianza de intereses. Su verdadera fuerza ha sido siempre su tradición educativa, su capacidad para formar ciudadanos críticos, conscientes de su herencia cultural. Si la educación se degrada, si se convierte en mera instrucción técnica o en entretenimiento pedagógico, Europa pierde su fundamento. No hay ciudadanía europea sin cultura europea».
José María Álvarez
«La cultura no es un derecho universal entendido como consumo, sino una conquista personal que exige disciplina, gusto y dedicación. La democratización mal entendida ha confundido acceso con nivelación, y ha producido una sociedad donde todo se iguala por abajo. Europa, que fue una civilización de alta exigencia estética e intelectual, corre el riesgo de diluirse en la mediocridad generalizada. El verdadero europeo es aquel que se sabe heredero de una tradición y que está dispuesto a estar a su altura».
Guillermo Carnero
«La cultura literaria ha sido sustituida por un simulacro: se habla de libros, pero no se leen; se citan autores, pero no se comprenden. La industria cultural produce una ilusión de actividad intelectual que encubre una profunda ignorancia. Europa fue una civilización de lectores; hoy corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumidores de textos. Y entre leer y consumir hay una diferencia esencial».
Manuel Vicent
«Vivimos en una sociedad donde todo se convierte en espectáculo, incluso la cultura. Los libros, las ideas, los debates, todo se somete a la lógica de la visibilidad, del impacto inmediato, del entretenimiento. La profundidad resulta incómoda; la lentitud, sospechosa; la dificultad, inaceptable. En este contexto, la cultura deja de ser una forma de conocimiento para convertirse en una forma de distracción».
Antonio Muñoz Molina
«Europa es, en gran medida, una construcción de memoria. Sus ciudades, sus libros, sus instituciones están atravesados por una conciencia del pasado que no puede ser sustituida por el presente inmediato. Cuando esa memoria se debilita, cuando el presente lo ocupa todo, la cultura se empobrece. Recordar no es un ejercicio nostálgico, sino una forma de responsabilidad».
Rafael Argullol
«La cultura necesita tiempo, lentitud, profundidad. La aceleración contemporánea, la saturación de estímulos, la obsesión por la novedad permanente, son incompatibles con la verdadera experiencia cultural. Europa, que fue una civilización de contemplación y de elaboración, corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumo instantáneo. Sin tiempo no hay cultura, solo información».
Javier Gomá
«Europa no es solo un espacio político o económico, sino un proyecto moral basado en la dignidad, la educación y la ejemplaridad. Su tradición cultural ha sido una escuela de ciudadanía, de formación del carácter, de aspiración a lo mejor. Cuando esa dimensión se pierde, cuando la cultura deja de ser normativa y se convierte en mera oferta, Europa se debilita. No basta con organizar la convivencia: hay que darle sentido».
