Cabaleiro 110

Conciencia de límites, de impostor; me sumo a la tradición socrática: el verdadero conocimiento consiste en conocer la extensión de tu ignorancia. Advierto mis abisales lagunas culturales, la falta de lecturas, la vulgaridad de mi mente.

«Que sais-je?» En cartas privadas confiesa Darwin: «A menudo me invade la duda de si las convicciones de un hombre con mente de mono tienen algún valor» ¿Cómo comprender una fracción mínima del universo un mero mamífero como yo? Mis pensamientos son torpes, me siento débil. Leo a gigantes. Converso con muertos ilustres. Me mido contra ellos ¡Qué hueca poquedad! Ignoro el 99% del mundo.

Un bluf.

NOTA BENE: Acaso los que hemos leído un par de libros tenemos indefectiblemente el síndrome del impostor. Los muy ignorantes a veces sobreestiman sus conocimientos reales. Por otra parte no está bien ni es elegante autodenigrarse. En fin.

Cabaleiro 109

Revel afirma que Europa, tras perder su hegemonía mundial en 1945, convirtió a EE. UU. en chivo expiatorio de su decadencia: “Cuanto más depende Europa de América para su seguridad y prosperidad, más la acusa de imperialismo». También denuncia que muchos intelectuales europeos fueron indulgentes con la URSS y ferozmente críticos con EE. UU., incluso cuando la evidencia histórica era abrumadora. Idea recurrente: “El antiamericanismo es el antioccidentalismo de quienes no se atreven a decirlo”.

¿Los errores estadounidenses se magnifican? ¿Los crímenes totalitarios se relativizan? ¿La democracia liberal se trata como sospechosa? ¿Las dictaduras antiamericanas reciben comprensión? ¿Detestamos EE.UU. por su éxito ecomómico y confianza en la libertad individual, algo que hiere nuestro narcisismo europeo? “No se trata de criticar a Estados Unidos, sino de explicar el mundo entero por su culpa […] En Europa, el antiamericanismo es el último refugio de las ilusiones ideológicas”, escribió Revel.

TRUMP NO ES AMÉRICA. La crítica a un gobierno concreto es legítima; convertirlo en esencia nacional es ideología. Yo mismo caí en esa trampa. Estados Unidos conserva la arquitectura de una democracia plural y resistente. Trump es polémico y disruptivo; su crítica, más que legítima, es necesaria. Pero Estados Unidos sigue siendo una democracia compleja, no un bloque monolítico y Europa no puede juzgar desde una pureza que no posee.

Cabaleiro 108

Los libros de estética o crítica de arte, en líneas generales, están escritos de un modo muy poco estético y artístico. No pocos abusan del aire de iniciación gnóstica, de la jerga hermética, académica y burocrática. Sus rasgos son conocidos: exuberante verbosidad, hipotaxis enmarañada, oscuro efectismo metafórico, en definitiva, prosa densa, especulativa y a veces árida (quien habla de belleza escribiendo sin belleza)

La crítica arquitectónica y pictórica de Ruskin es literaria; Pater es ya un bello grimorio gemiforme; Paz, al hablar de arte, es un maestro de la prosa poética. Me gusta la crítica que explica con claridad elegante o que contagia la experiencia, no así el embarullamiento de lo que en clínica llaman una «ensalada de palabras» (algo así como: «Velázquez hace papiroflexia viento Guzmán») Prefiero el aticismo o la pasión al asianismo sin música: diarrea de palabras y estreñimiento de ideas.

Cabaleiro 107

Actrices, en la pantalla zodiacal y cerúlea, con la pomposidad de una incursión de hormigas, reináis sobre enjutos adolescentes provincianos que os rinden honores soñando que os acarician y encabalgan, manchados al fin de dulci lacte.

¡Hollywood!

Percepción eléctrica de magnolios y arpegios. Buhardilla con pasos de pantera y roce de guantes rosáceos. Frescura de Arabia en las sábanas. Umbral del sol en un solitario cuarto de hotel. Potestad de los jardines con bilis vegetal. Trigonometría de los inmortales que se amaron.

Del mundo antiguo y del mundo futuro solo había quedado la belleza, y tú, Emma Stone, la llevabas encima.

Cabaleiro 106

Sade, en «La Philosophie dans le boudoir», dibuja una ética hipócrita: en público, máscara; y en privado, desquite. Lo dice con un cinismo administrativo y gélido: “Tant que les lois seront telles qu’elles sont… usons de quelques voiles…; mais dédommageons-nous en silence…”. En «Juliette», la lógica se vuelve más brutal: no basta con absolver el crimen; hay que institucionalizarlo. En una página muy citada -que doy en francés- afirma: “Tout ce que nous faisons ici n’est qu’absoudre le crime, il faut l’encourager”. Clandestinidad, impunidad y complicidad, como en el caso Epstein.

En los «Anales», tras hacerse notorio que el depredador era el propio César, Tácito escribe que aumentaron los ultrajes y que otros, aprovechando la licencia, actuaban “con impunidad” bajo el nombre de Nerón. El mecanismo no cambia.

Epstein no es una excepción; es un método: espacios cerrados, circulación de personas, silencios incentivados, y una coraza de prestigio. En Sade eso se llama castillo; en Roma, palacio; hoy, isla, mansión, jet, agenda.

Sade teoriza el crimen; Roma lo legitima; la modernidad lo administra. Lo resume La Rochefoucauld: «Nos vertus ne sont le plus souvent que des vices déguisés», “Muchas de nuestras virtudes no son más que vicios disfrazados”.

Cabaleiro 105

Rufián con parpusa, pañuelo blanco y clavel rojo, fanfarrón simpático, celoso de su barrio, enamorado de su «pubilla» y siempre listo para el «flabiol». Resuena por Lavapiés: «Rufi es el chulo que castiga / del Portillo a la Arganzuela, / porque no hay una chicuela / que no quiera ser su amiga», que, traducido al bello dialecto lemosín, dice: «Jo sóc el xulo del Born, / més trempat que una guitarra; / si em miren quatre minyones / ja els hi encenc la cara».

Rufi, el Jean-Francois Champollion del jeroglífico parlamentario y el Ramanujan del cálculo instantáneo, el ácrata de las células gliales, el Steve Jobs de pildoritas tuiteras, con ecos rosas de Marcial, jazmín y romancero.

Él y la Moreneta, como Zipi y Zape, una unidad de destino en lo universal.

Cabaleiro 104

(Moncho Conde Corbal)

De Moncho puedo decir, como dice Homero de Aquiles en la «Ilíada»: «Era el más hermoso de los aqueos». La belleza es una hermosa recomendación, pero él siempre la combinó con el amor a la cultura y a los libros. Vitalista. Imaginativo. Con enorme don de gentes. Simpático y creador, además de libros de timbre periodístico, documentados y ágiles, creador y agrupador de círculos literarios y artísticos. Tiene un imán fundacional y energía a raudales. El hombre-puente, el agitador ilustrado, quien no escribe necesariamente la obra, pero crea el clima para que existan.

De él puedo decir los versos que dedica Horacio a Cayo Mecenas: «O et praesidium et dulce decus meum», «¡Oh tú, mi amparo y mi dulce honor!». Las artes florecen donde hay libertad y protección. Sin los Médici, Florencia no habría sido el laboratorio del Renacimiento. Sin Madame Geoffrin, Sylvia Beach, Carlos Barral etc. no se hubieran editado libros esenciales, no se iniciarían debates y tertulias, no se difundirían ideas.

La cultura necesita mediadores. Mil gracias Moncho. Sostener una conversación seria en tiempos de miseria es ya una forma de resistencia y casi un milagro.

Cabaleiro103

Hiere el vacío afectivo real en una aldea minúscula de la Galicia profunda con noches inacabables y lluvia ininterrumpida. Friedrich Nietzsche escribe en «Así habló Zaratustra»: “¡Ay del que no tenga hogar! Pues no sabrá dónde reposar su corazón”. Nietzsche no tuvo esposa ni hijos. Y en sus cartas privadas aparece una y otra vez la herida del no-ser-amado. Lo comprendo perfectamente. Muchos escritores solteros elegimos más soportar la soledad que la soledad misma.

Temo transmitir mi tara genética. Dada mi naturaleza nerviosa y angustiada sería un mal marido y un mal padre. Me espanta el miedo a causar sufrimiento. Acaso el miedo a dañar fue en realidad miedo al vínculo. No sé. Virginia Woolf temía su inestabilidad. Nunca tuvo hijos, en parte, por temor a no ser capaz de sostenerlos emocionalmente. El ser humano necesita ser necesario para alguien. Mi biblioteca no sustituye a un abrazo. Preferí no transmitir un posible destino trágico a mis hijos.

¿La esquizofrenia cancela la posibilidad de amar y de ser amado? Mi renuncia pasada se volverá renuncia futura.

Soy un monstruoso viudo gestionando un perenne duelo.

Cabaleiro 102

«Mientras por competir con tu cabello / oro bruñido al sol relumbra en vano…». En Góngora se anticipa la pérdida y el recuerdo es ya ruina prevista.

El amor es una escisión permanente (Lope): «Ir y quedarse, y con quedar partirse, / partir sin alma, e ir con alma ajena…». Qué difícil es hablar del amor. El deslumbramiento ante las perfecciones visibles e invisibles. Un paraíso del que no puedes ser expulsado.

Cuando todo era como debía ser: el tiempo, la luz, el temblor del aire. Y sin embargo, ya entonces se adivinaba la sombra de la pérdida. Una condición del tiempo y un estado febril del corazón.

Este San Valentín estaré solo. Como desde hace más de treinta años; solo un recuerdo, lejísimos, pero de cristal tallado.

Décadas de inviernos sin nadie. Pongan crespones negros en el cuello de las palomas mensajeras. La aldea se estira contra el cielo y los muros estrujan mi cuerpo.

Florece un jardín devastado.

Cabaleiro 101

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London. December Morning, 1993

White-souled winter leopards
moved over the Thames,
as though returning from a lunar sleep.
Lead ran molten through the city’s arteries,
breathing — harsh, animal —
like a young bear choking on silence.

London: cold water beads upon your tongue.
You did not know it then,
yet you were right to keep that vision —
orange scarf, a foxed and crumbling book,
the fierce warmth of a studious heart.

Afterward would come
champagne skulls, bird-lungs,
the slow descent of immense dark feathers.

Years later you would understand
how often that moment returned:
a young student, terribly alone,
dazzlingly happy
within the populous roar.

A destiny condensed —
the tight solitude of a ragged pilgrim.
As if a card-reader had already laid the spread:
bridge, river, exile, book.

Christian — open your eyes.
Give yourself that memory
once, and again, and always.
Let it not perish; let it endure within you
like snow resting on the highest ridge of thought.

An image that drafted your life in a single stroke.
You are that sign:
a solitary figure in the city,
alone among innumerable solitary worlds.


Christian Sanz