Tentativas 22

Thomas Bernhard

«Toda esta Europa que se jacta de su cultura no es más que una escenografía cuidadosamente mantenida. Museos, conciertos, festivales… todo perfectamente organizado para simular una continuidad que en realidad ya no existe. La cultura europea ha sido convertida en un decorado, en una representación para turistas y burgueses satisfechos. Nadie piensa ya, nadie arriesga nada: se repite, se conserva, se exhibe. Lo que llaman cultura es, en realidad, la administración de un cadáver».

Y en su tono obsesivo característico:

«Europa es un continente que vive de su pasado como un inválido de sus recuerdos. No produce nada esencial, pero lo conserva todo, lo cataloga todo, lo exhibe todo. Y en esa conservación hay algo profundamente enfermizo».

Louis-Ferdinand Céline

«Europa… un viejo teatro lleno de decorados magníficos y actores agotados. Mucha cultura, sí, muchos libros, muchas palabras… pero detrás, nada: fatiga, miedo, mentira. Se habla de civilización, de progreso, de espíritu… pero lo que hay es miedo a la vida, miedo a la verdad. Todo está podrido de palabras. Europa se ahoga en su propia literatura».

Y en su vena más despiadada:

«La cultura europea es un barniz. Debajo no hay más que miseria, cobardía y una necesidad constante de fingir que todo tiene sentido. Se lee, se escribe, se discute… pero nadie cree en nada».

Emil Cioran

«Europa ha dado todo lo que podía dar. Ha agotado sus posibilidades. Después de siglos de intensidad, de creación, de pensamiento, no le queda más que administrar su herencia. Vive de su pasado como un heredero incapaz de producir nada nuevo. La lucidez europea consiste en saber que su edad de grandeza ha terminado».

Y aún más concentrado:

«Europa es un espíritu que se ha cansado de sí mismo. Ha llegado a un punto en que ya no cree en lo que ha creado».

Michel Houellebecq

«Europa es hoy un espacio de confort, de seguridad, de bienestar… y de aburrimiento. Ha eliminado el riesgo, el conflicto, la trascendencia. Pero en ese proceso ha eliminado también el deseo, la intensidad, la vida. Es una civilización que ya no sabe por qué existe».

Y en su línea más característica:

«Todo está permitido, todo es posible, pero nada importa realmente. Europa ha sustituido el sentido por la comodidad».

Peter Handke

«Lo que se pierde en Europa no es solo la cultura, sino la capacidad de experiencia. Las palabras ya no nombran nada, las cosas ya no tienen peso. Todo se vuelve superficial, intercambiable, sin densidad. Una Europa sin lenguaje verdadero es una Europa sin mundo».

Jean Baudrillard

«Vivimos en una Europa donde la cultura ya no es producción, sino simulación. Se multiplican los signos de cultura —museos, exposiciones, eventos—, pero esa proliferación oculta su desaparición real. La cultura se convierte en un sistema de signos sin referente. Europa es el lugar donde la cultura sobrevive como espectáculo de sí misma».

Roger Scruton

«Europa posee una herencia cultural extraordinaria, pero parece avergonzarse de ella. En lugar de transmitirla, la relativiza; en lugar de defenderla, la diluye. Una civilización que no cree en sí misma no puede sobrevivir. Europa corre el riesgo de destruir aquello que la hizo posible».

Tentativas 21

Ernst Robert Curtius

«La literatura europea no es una suma de literaturas nacionales, sino un sistema de relaciones históricas que atraviesa los siglos. Desde la Antigüedad tardía hasta la Edad Media y más allá, se conserva una continuidad que no puede explicarse por factores políticos ni económicos, sino por la persistencia de formas, de temas y de estructuras del pensamiento. Europa es, ante todo, una comunidad de tradición literaria. Su unidad no reside en instituciones, sino en la transmisión de modelos, en la memoria de textos, en la permanencia de una educación retórica. Olvidar esta continuidad es condenarse a la fragmentación y a la barbarie cultural».

Paul Valéry

«Europa es una pequeña península del Asia, pero ha producido una cantidad extraordinaria de pensamiento, de arte y de ciencia. Lo que llamamos Europa es, en realidad, un sistema de tensiones intelectuales, una máquina de producir espíritu. Toda esa construcción es frágil. Basta con que se interrumpa la transmisión del saber, con que se debilite la exigencia intelectual, para que el edificio entero se tambalee. Europa puede morir, no por falta de recursos, sino por fatiga de su espíritu».

Y en otro registro, aún más incisivo:

«Nosotros, civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales. […]

Una cultura puede desaparecer no solo por la violencia exterior, sino por el agotamiento interior, por la pérdida de su capacidad de pensar y de exigirse a sí misma».

T. S. Eliot

«La cultura de Europa es una unidad que no puede comprenderse a partir de sus partes aisladas. Existe una tradición común que abarca la literatura, la filosofía y la religión, y que da a Europa su carácter distintivo. Esa tradición está profundamente vinculada al cristianismo, no solo como sistema de creencias, sino como forma de sensibilidad y de pensamiento. Si esa base desaparece, si Europa intenta definirse únicamente en términos seculares, económicos o políticos, pierde su coherencia interna. Una Europa que renuncia a su herencia cultural se convierte en un agregado sin forma».

Charles Maurras

«La civilización no es una invención reciente ni una construcción artificial: es una obra lenta, acumulada, orgánica, que se transmite de generación en generación. Europa no es el resultado de un contrato, sino de una historia, de una tradición, de una disciplina del espíritu. Pretender reconstruirla sobre bases puramente racionales, económicas o técnicas es desconocer su naturaleza profunda. La verdadera Europa no se funda: se hereda. Y lo que se hereda no puede ser sustituido por sistemas».

Tentativas 20

Félix de Azúa

«Europa se ha convertido en un parque temático de su propio pasado. Conserva sus monumentos, sus museos, sus tradiciones, pero los ofrece como espectáculo, como mercancía turística. Lo que fue cultura viva se convierte en decoración. Lo que fue pensamiento se convierte en información. El europeo contemporáneo consume su propia historia como quien consume un producto más, sin exigencia, sin profundidad, sin conciencia».

Fernando Savater

«Europa no puede sostenerse solo como un mercado común o una alianza de intereses. Su verdadera fuerza ha sido siempre su tradición educativa, su capacidad para formar ciudadanos críticos, conscientes de su herencia cultural. Si la educación se degrada, si se convierte en mera instrucción técnica o en entretenimiento pedagógico, Europa pierde su fundamento. No hay ciudadanía europea sin cultura europea».

José María Álvarez

«La cultura no es un derecho universal entendido como consumo, sino una conquista personal que exige disciplina, gusto y dedicación. La democratización mal entendida ha confundido acceso con nivelación, y ha producido una sociedad donde todo se iguala por abajo. Europa, que fue una civilización de alta exigencia estética e intelectual, corre el riesgo de diluirse en la mediocridad generalizada. El verdadero europeo es aquel que se sabe heredero de una tradición y que está dispuesto a estar a su altura».

Guillermo Carnero

«La cultura literaria ha sido sustituida por un simulacro: se habla de libros, pero no se leen; se citan autores, pero no se comprenden. La industria cultural produce una ilusión de actividad intelectual que encubre una profunda ignorancia. Europa fue una civilización de lectores; hoy corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumidores de textos. Y entre leer y consumir hay una diferencia esencial».

Manuel Vicent

«Vivimos en una sociedad donde todo se convierte en espectáculo, incluso la cultura. Los libros, las ideas, los debates, todo se somete a la lógica de la visibilidad, del impacto inmediato, del entretenimiento. La profundidad resulta incómoda; la lentitud, sospechosa; la dificultad, inaceptable. En este contexto, la cultura deja de ser una forma de conocimiento para convertirse en una forma de distracción».

Antonio Muñoz Molina

«Europa es, en gran medida, una construcción de memoria. Sus ciudades, sus libros, sus instituciones están atravesados por una conciencia del pasado que no puede ser sustituida por el presente inmediato. Cuando esa memoria se debilita, cuando el presente lo ocupa todo, la cultura se empobrece. Recordar no es un ejercicio nostálgico, sino una forma de responsabilidad».

Rafael Argullol

«La cultura necesita tiempo, lentitud, profundidad. La aceleración contemporánea, la saturación de estímulos, la obsesión por la novedad permanente, son incompatibles con la verdadera experiencia cultural. Europa, que fue una civilización de contemplación y de elaboración, corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumo instantáneo. Sin tiempo no hay cultura, solo información».

Javier Gomá

«Europa no es solo un espacio político o económico, sino un proyecto moral basado en la dignidad, la educación y la ejemplaridad. Su tradición cultural ha sido una escuela de ciudadanía, de formación del carácter, de aspiración a lo mejor. Cuando esa dimensión se pierde, cuando la cultura deja de ser normativa y se convierte en mera oferta, Europa se debilita. No basta con organizar la convivencia: hay que darle sentido».

Tentativas 19

Zygmunt Bauman

«La Europa contemporánea corre el riesgo de convertirse en una sociedad de consumidores antes que en una comunidad de ciudadanos. Cuando el espacio público es colonizado por la lógica del mercado, la cultura deja de ser un ámbito de formación y se convierte en un producto más. Una Europa que olvida su vocación cultural, que sustituye la educación por el entretenimiento y el pensamiento por la satisfacción inmediata, pierde la capacidad de sostener una identidad común. La unión económica puede funcionar sin alma durante un tiempo; pero sin cultura compartida, sin memoria, sin responsabilidad intelectual, esa unión carece de profundidad y de futuro».

Jürgen Habermas

«El proyecto europeo no puede limitarse a la integración de mercados ni a la coordinación de políticas económicas. Lo que está en juego es la formación de una esfera pública europea, un espacio en el que los ciudadanos puedan reconocerse mutuamente a través de una cultura política y discursiva compartida. Sin esa dimensión cultural y comunicativa, Europa seguirá siendo una construcción tecnocrática, distante de la vida de sus ciudadanos. La legitimidad de Europa depende no solo de su eficacia económica, sino de su capacidad para generar sentido».

George Steiner

«Europa puede convertirse en un museo o en un parque temático: un lugar donde el pasado se exhibe, pero ya no se vive. Si la tradición se reduce a decoración, si la cultura se convierte en turismo, Europa pierde su sustancia. La verdadera Europa no es la de los aeropuertos y los centros comerciales, sino la de las bibliotecas, las lenguas, las traducciones, los textos que dialogan a través de los siglos. Olvidar eso es suicidarse culturalmente».

Rémi Brague

«Europa no se define por lo que produce, sino por lo que recibe. Su identidad no es la de una creación ex nihilo, sino la de una civilización que se reconoce heredera: de Grecia, de Roma, del cristianismo. Cuando Europa se concibe únicamente como una estructura económica o técnica, olvida que su esencia es cultural. No es una máquina que funcione, sino una tradición que se transmite».

Alain Finkielkraut

«Europa está en peligro no por falta de riqueza, sino por falta de exigencia cultural. La cultura ha sido sustituida progresivamente por el entretenimiento, la educación por la diversión, el esfuerzo por la facilidad. Se quiere una Europa ligera, accesible, agradable, pero esa ligereza tiene un precio: la pérdida de profundidad. Una civilización que ya no exige nada de sí misma está condenada a la trivialidad».

Peter Sloterdijk

«Europa fue durante siglos un experimento espiritual: una red de tensiones creativas entre filosofía, religión, arte y ciencia. Hoy corre el riesgo de reducirse a un sistema de confort, a una zona de bienestar regulado. Cuando el objetivo principal de una sociedad es la comodidad, el pensamiento se debilita. Europa debe decidir si quiere ser un espacio de intensidad cultural o un espacio de mera administración de la vida».

Tony Judt

«Lo que distingue a Europa no es solo su prosperidad, sino su relación con el pasado. Europa es una comunidad de memoria, marcada por la conciencia de sus tragedias y de sus logros. Si pierde esa memoria, si se convierte en una mera zona de intercambio económico, deja de ser algo singular. La identidad europea no puede sostenerse sin historia».

Nuccio Ordine

«En una sociedad dominada por la lógica del beneficio, todo lo que no produce utilidad inmediata parece superfluo. Pero son precisamente las disciplinas consideradas inútiles —la literatura, la filosofía, el arte— las que forman al ser humano. Una Europa que sacrifica estas dimensiones en nombre de la eficiencia económica se empobrece espiritualmente. No todo lo que cuenta puede medirse, ni todo lo que se mide cuenta».

Marc Fumaroli

«La cultura europea ha sido progresivamente sustituida por una “política cultural” que la administra, la organiza y la transforma en espectáculo. Se pasa de la cultura vivida a la cultura gestionada, de la creación a la animación cultural. Esta transformación convierte la cultura en un instrumento de comunicación y de consumo, perdiendo su dimensión crítica y formativa. Europa corre el riesgo de institucionalizar su propia superficialidad».

Tentativas 18

T. S. Eliot

«Si consideramos la cultura de Europa como un todo, encontramos que sus partes no pueden entenderse aisladamente. La literatura de cada nación europea no es autosuficiente: forma parte de un conjunto más amplio, y ese conjunto es la cultura europea. Europa es una unidad de cultura antes que de política o de economía. Su unidad no depende de tratados ni de fronteras, sino de una tradición compartida, de una herencia común que se manifiesta en las letras, en la religión y en las formas del pensamiento. Destruir esa unidad cultural, o reducirla a una suma de intereses materiales, sería empobrecer irremediablemente el espíritu europeo».

George Steiner

«Europa está hecha de cafés, de calles caminables, de bibliotecas, de lenguas que se responden unas a otras. Ser europeo es saber que una gran parte de lo que uno es proviene de otras lenguas, de otros libros, de otras tradiciones. Si Europa se convierte únicamente en un mercado común, en una zona de libre intercambio de bienes y de entretenimiento, habrá traicionado su esencia. Porque su verdadera unidad no es económica: es una comunidad de memoria, de textos, de música, de pensamiento. Europa es, ante todo, una civilización de lectura».

Milan Kundera

«Europa no es un territorio, sino una noción cultural. Lo que define a Europa no son sus fronteras geográficas, sino su historia espiritual: la continuidad de una tradición que va de Grecia al cristianismo, de la novela moderna a la música clásica. Si Europa deja de reconocerse en esa tradición, si se reduce a un espacio económico o a una civilización del consumo, entonces deja de ser Europa. La verdadera amenaza para Europa no es la división política, sino el olvido de sí misma».

Denis de Rougemont

«Europa no se hará de una vez, ni en una construcción de conjunto: se hará por realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. Pero esa solidaridad no puede ser solo económica. Sin una conciencia cultural europea, sin el reconocimiento de una herencia común, la unión de Europa será frágil, superficial, y finalmente ilusoria. Europa debe reconocerse como una comunidad de espíritu antes de organizarse como una comunidad de intereses».

José Ortega y Gasset

«Europa es, ante todo, una idea. Y lo es en un sentido preciso: una cierta manera de entender la vida, una forma de razón histórica que se ha ido constituyendo a lo largo de siglos. Cuando Europa olvida su vocación intelectual, cuando se abandona a lo puramente técnico o económico, se desfigura. No es suficiente con organizar mercados o industrias: es necesario mantener viva la continuidad de su pensamiento, de su cultura, de su estilo».

Claudio Magris

«Europa es una pluralidad de voces que dialogan entre sí. Su riqueza no reside en la uniformidad, sino en la tensión entre sus diferencias. El peligro no es la diversidad, sino la homologación: una Europa reducida a consumo, a turismo, a espectáculo, donde las diferencias culturales se convierten en folclore para visitantes. Una Europa sin conciencia de su literatura, de su historia, de sus lenguas, es una Europa vacía».

Hermann Hesse

«Europa ha sido, durante siglos, una comunidad espiritual. No la definían sus ejércitos ni sus riquezas, sino sus pensadores, sus artistas, sus poetas. Cuando Europa se reduce a poder, a técnica, a organización material, pierde aquello que la hizo grande. La verdadera tarea no es construir máquinas más eficaces, sino conservar y renovar el espíritu que dio origen a nuestra civilización».

Edgar Morin

«Europa es una realidad compleja, una unidad en la diversidad. No puede reducirse a una lógica de mercado ni a una estructura administrativa. Necesita una conciencia de sí misma, una cultura compartida que permita a sus ciudadanos reconocerse en una historia común. Sin esa dimensión cultural, la construcción europea corre el riesgo de ser percibida como un aparato frío, técnico, sin alma».

Tentativas 17

Cohecho, tráfico de influencias, fraude fiscal, blanqueo de capitales, estafa, apropiación indebida, alzamiento de bienes… meros vicios privados que se transforman en beneficios públicos. Estamos contaminados de rigores evangélicos y no comprendemos (al criticar como frailes medievales esas conductas) el mecanismo económico.

Los comportamientos que la moral tradicional condena -lujo, egoísmo, vanidad, ambición, robo, deseo de riqueza- no son anomalías que corrompen la sociedad, sino el motor real que la hace prosperar. En otras palabras: aquello que parece moralmente reprobable a nivel individual genera dinamismo económico, empleo, comercio y riqueza colectiva.

«El lujo, que tanto se censura, es un gran sostén de la sociedad; sin él, muchas artes, oficios y ocupaciones desaparecerían. Lo que llamamos gasto superfluo mantiene a miles de pobres. Si cada uno se contentara con lo necesario, no habría comercio, ni riqueza, ni progreso», Mandeville. O también: «Lo que hace florecer a una nación no es la virtud de sus habitantes, sino la actividad de sus deseos. El fraude, el lujo y el orgullo deben vivir; mientras los empleemos, son necesarios. Una sociedad compuesta únicamente de hombres virtuosos sería pobre y miserable».

No lo olviden señoras y señores: «La gran virtud del sistema de mercado es que permite la cooperación sin coerción. No depende de que las personas sean virtuosas; funciona precisamente porque los individuos buscan su propio interés. En el proceso de intentar mejorar su situación, contribuyen —aunque no sea su intención— al bienestar de otros. El panadero no nos da pan por benevolencia, sino por su propio beneficio, y sin embargo, el resultado es que todos comemos.», Milton Friedman.

«No es la bondad de las personas lo que mantiene en funcionamiento una economía compleja, sino los incentivos. Un sistema que depende de la virtud es inherentemente frágil; uno que canaliza el interés propio puede ser robusto. La historia económica muestra que cuando las instituciones alinean el beneficio individual con resultados productivos, incluso personas ordinarias producen resultados extraordinarios», Thomas Sowell.

¿Los mejores? Políticos que meten la mano en la caja. Solidarios con los pobres y encima les meten en la cárcel. Ver -deus meus- para creer.

NOTA BENE: Fui deliberadamente provocador e irónico. La sociedad prospera no a pesar del egoísmo, sino gracias a él. Pero no gracias a cualquier forma de egoísmo; bienvenido sea el egoísmo competitivo, y sancionemos el egoísmo extractivo. No es la virtud lo que sostiene la sociedad, sino la canalización eficaz de pasiones imperfectas; pero cuando esas pasiones destruyen las reglas del juego, dejan de ser productivas y se vuelven parasitarias.

Tentativas 16

El tonto, como la rueda,
siempre da vueltas en vano;
cree que adelanta el paso
y no se mueve del llano.

El necio en su presunción
es como odre mal hinchado:
mucho ruido cuando habla,
y dentro, nada guardado.

Mucho habla quien poco entiende,
y el que sabe, calla más;
que la voz del ignorante
es campana sin compás.

Aunque al necio le pongáis
capa, espada y sombrero,
siempre asoma por la boca
lo poco que hay en su seso.

Viste al tonto de doctor
y dale cátedra y silla:
no por eso hablará bien,
que la boca no se alquila.

***

Coplillas cuya autoría pertenecen a Fray Jerónimo de la Sierpe, que en los pliegos aparece como “El Cura de la Venta” o, simplemente, “Un eclesiástico curioso”.

Jerónimo de la Sierpe fue destinado desde niño a la carrera eclesiástica, más por economía que por vocación. Cursó estudios en Salamanca —no brillantes, pero suficientes— donde adquirió una formación escolástica rutinaria. Ordenado presbítero hacia 1746, obtuvo un modesto beneficio rural en una parroquia menor de Tierra de Campos. Allí comenzó la verdadera escisión de su vida: oficialmente era un cura correcto, privadamente fue escéptico, lector nocturno, satírico, y —según testimonios indirectos— bebedor compulso.

Fray Jerónimo nunca publicó con su nombre. Sus textos circularon en pliegos de cordel sin firma, copias manuscritas entre estudiantes y escribanos, o memorizadas en ventas y caminos.

Bien merece hoy que le dediquemos una oración.

***

También hoy, Viernes Santo, conviene recordar a Jean Meslier. Cito:

“Todas las religiones del mundo no son sino invenciones humanas, fabricadas para mantener a los hombres en la ignorancia y en la servidumbre. No hay una sola que no esté llena de errores, de ilusiones y de engaños. Los hombres han sido educados en ellas desde la infancia, y por eso las creen; pero si se las examinara con un espíritu libre, se vería que no tienen más fundamento que el miedo, la costumbre y la autoridad de quienes se benefician de ellas. Se nos dice que Dios ha hablado; pero ¿quién lo ha oído? Se nos dice que ha obrado milagros; pero ¿quién los ha visto con certeza? Todo se reduce a testimonios dudosos, transmitidos por hombres interesados en ser creídos. Así, la religión no es más que una larga cadena de errores que se sostienen unos a otros”.

“No hay, ni puede haber, un ser todopoderoso, infinitamente bueno y justo, que gobierne el mundo tal como lo vemos. Porque si tal ser existiera, no permitiría tantos males, tantas injusticias, tantas miserias. O bien no puede impedirlas, y entonces no es todopoderoso; o bien no quiere, y entonces no es bueno. Se nos habla de sus designios, pero esos designios no son sino palabras vacías que se emplean para encubrir la ignorancia. En realidad, no sabemos nada de ese supuesto Dios, y todo lo que se dice de él es fruto de la imaginación humana. Es un ser inventado para consolar a los ignorantes y para someter a los débiles”.

“Los sacerdotes son los principales autores y sostenedores de estas imposturas. Han establecido su poder sobre la credulidad de los pueblos, y la mantienen con amenazas y promesas vanas. Prometen recompensas eternas a quienes les obedecen, y castigos eternos a quienes se resisten. Pero en el fondo saben —o deberían saber— que todo esto no es más que ficción. Si no lo saben, son los más ciegos de los hombres; y si lo saben, son los más culpables. En ambos casos, son indignos de la confianza que se les otorga. Se presentan como guías de las almas, pero en realidad son conductores de rebaños, interesados en mantener a los hombres en la ignorancia para conservar su autoridad”.

¿Quién era Meslier?

«Jean Meslier o Jean Mellier (Mazerny, 15 de junio de 1664-Étrépigny, 17 de junio de 1729​) fue un sacerdote católico y filósofo de la Ilustración francesa. Se conoció de su existencia a partir de la publicación que hizo Voltaire en 1762, bajo el título de «Extrait des Sentiments de Jean Meslier», de un texto que presentaba como extracto de otro más extenso, en el cual este cura profesaba con determinación su ateísmo y realizaba una crítica radical de las injusticias sociales y políticas de su tiempo. Este texto, cuyo título original es «Mémoires des pensées et sentiments de Jean Meslier», «Memoria de los pensamientos y sentimientos de Jean Meslier», es considerado como el texto fundador del ateísmo y del anticlericalismo militante en Francia» (Wikipedia)

Recemos por su santísima -y lúcida- alma.

Tentativas 15

A uno del pueblo de arriba que me llamó pedante, medio cura, y medio babas, le envié a tomar per angostam viam, aclarando que, dados sus gustos, resultaría por vía augustam. No me entendió. Tal hombre, rústico y bebedor, no era ignorante en una sola cosa, sino en todas: era ignorante en círculo, completo, acabado, sin fisuras por donde pudiera penetrar la inteligencia.

A propósito de los tontos esféricos, recordemos que, en Aristófanes, el necio aparece como figura cómica incapaz de pensar, pero seguro de sí.

«¡Oh, qué feliz es el ignorante que no sabe que lo es! Vive satisfecho, sin sospecha alguna de su propia pobreza. Cree haber dicho algo admirable cuando no ha hecho sino repetir lo último que oyó en la plaza. Y si alguien intenta corregirlo, se irrita, como si le robaran un tesoro. Porque el necio no yerra en una cosa, sino en todas: yerra al hablar, yerra al callar, yerra al juzgar y al elegir. Y aun así, camina erguido, como si la ciudad entera le debiera aplauso».

Tampoco estaría mal recordar aquí a Prátinas (apenas conservamos fragmentos, pero el espíritu dionisíaco y burlesco permite reconstruir el tipo al que nos referimos) Una recreación estilizada podría decir:

«Ríe el coro del hombre que no sabe que es ridículo,

que tropieza y cree danzar,

que balbucea y cree cantar.

Está lleno —¡oh maravilla!— no de sabiduría, sino de ruido,

y su mente, hueca, resuena como bronce mal golpeado.

Nada falta en él, porque nada hay dentro».

***

Céline no describe al tonto: lo vomita con vitriolo y furia.

«La gente no piensa. Nunca ha pensado. Se les ha metido en la cabeza cuatro frases hechas, cuatro reflejos, y con eso atraviesan la vida como ganado satisfecho. No hay nada más profundo que rascar. Nada. Y lo peor es que se creen vivos, se creen inteligentes, se creen incluso sensibles. Pero no son más que máquinas de repetir. Si les quitas las palabras que han oído, se quedan en blanco, como una habitación sin muebles. El hombre es así: un vacío que habla. Y cuanto más habla, más se nota el vacío. No hay error en ellos: hay totalidad. Son enteramente falsos, enteramente huecos, enteramente seguros».

Bernhard lleva la idea hasta el extremo lógico:

«Toda mi vida he tenido que tratar con imbéciles. No con uno u otro, sino con todos. La humanidad entera es una acumulación de imbéciles que se confirman mutuamente. El imbécil no comete errores: es el error. No dice tonterías: es la tontería. No actúa mal: es la mala actuación hecha carne. Y lo más insoportable no es su ignorancia, sino su convicción. No hay nada más sólido que un imbécil convencido. Es una construcción sin fisuras. Se puede discutir con un inteligente, incluso con un malvado. Pero con un imbécil no hay nada que hacer. Está completo. Cerrado. Perfectamente acabado en su insuficiencia.»

Nada hay más difícil que hacer comprender a un hombre que no comprende porque la estupidez no consiste en carecer de ideas, sino en carecer de la facultad de advertirlo. Hay cabezas llenas de un vacío ciclópeo.

***

Balmes —tan injustamente relegado— convierte la ilustración en método de dignidad intelectual:

«El entendimiento humano no se perfecciona por acumulación, sino por orden. No es el número de ideas lo que ilustra, sino su disposición. Muchos leen, pocos entienden, menos aún juzgan. Y de estos últimos, rarísimos son los que saben juzgarse a sí mismos. El estudio no es un adorno del espíritu, sino su disciplina. Sin él, la mente se disipa en impresiones confusas, en opiniones recibidas, en ecos de lo ajeno. Ilustrarse no consiste en saber mucho, sino en saber bien: en distinguir, en comparar, en someter cada idea a examen».

D´Ors, gran estilista de la inteligencia, escribió que ilustrarse es dar forma a la propia confusión, pasar del tumulto interior a la arquitectura.

Por último citar al baró de Maldà (de su «Calaix de sastre», adaptada y modernizada su ortografía):

«Hi ha molts que passen el dia entre converses buides, sense retenir res del que senten ni del que diuen, com si tot fos vent. Aquests no guanyen res amb el temps, perquè el deixen escapar sense treure’n profit. Jo, en canvi, voldria retenir alguna cosa de cada jornada, encara que sigui poca, perquè em sembla que així la vida no es desfà del tot».

Eso… per augustam viam.

Tentativas 14

Jordi Llovet

“La universidad ha dejado de ser un lugar de transmisión del saber para convertirse en una estructura burocrática donde lo importante ya no es lo que se enseña, sino cómo se acredita. […] El profesor se ha transformado en un gestor de créditos, evaluaciones y formularios. Y en ese tránsito se ha perdido algo esencial: la relación viva entre maestro y discípulo […] Hoy la excelencia no se mide por el conocimiento ni por la inteligencia, sino por la capacidad de adaptarse a procedimientos administrativos que nada tienen que ver con el saber”.

Antonio Valdecantos

“La universidad contemporánea es una institución que ha interiorizado por completo el lenguaje de la gestión. […] Ya no se habla de verdad, ni de conocimiento, ni siquiera de estudio: se habla de competencias, de indicadores, de resultados […] El estudiante ha dejado de ser alguien que busca saber para convertirse en alguien que acumula certificaciones. […] Y el profesor, en consecuencia, administra esa acumulación”.

Félix de Azúa

“La universidad española es hoy una caricatura de sí misma: una institución que conserva las formas, pero ha perdido el contenido. […] Se otorgan títulos con una facilidad creciente mientras el nivel intelectual desciende de manera alarmante […] El estudiante ya no llega a la universidad para aprender, sino para obtener un título. Y la universidad, en lugar de resistirse, se adapta complacientemente a esa demanda”.

José Carlos Bermejo Barrera

“La universidad actual funciona como una máquina de producir papeles: proyectos, memorias, evaluaciones, acreditaciones. […] El tiempo del pensamiento ha sido sustituido por el tiempo de la burocracia […] Se investiga no para conocer, sino para publicar. […] Y se publica no para decir algo, sino para cumplir con los requisitos del sistema”.

Gregorio Luri

“Hemos confundido educar con facilitar. […] Y al hacerlo, hemos rebajado sistemáticamente el nivel de exigencia hasta hacerlo casi irrelevante […] Una escuela —y una universidad— que no transmite un legado exigente condena a sus estudiantes a la superficialidad”.

Tentativas 13

Allan Bloom

“La universidad ya no se concibe como el lugar donde se busca la verdad, sino como un espacio donde se afirma la identidad. La apertura —esa palabra mágica— ha dejado de significar la disponibilidad para la razón y se ha convertido en la negación de cualquier criterio de verdad. […] El estudiante llega convencido de que no hay nada por descubrir, porque todo es relativo. Y una universidad fundada sobre el relativismo no puede educar: sólo puede confirmar prejuicios […] Lo que se ha perdido no es simplemente el conocimiento de los grandes libros, sino la experiencia de la grandeza. Sin esa experiencia, el alma se vuelve plana, incapaz de aspirar a algo más alto que la opinión dominante”.

Martha Nussbaum

“Estamos en medio de una crisis de proporciones enormes y de consecuencias globales. […] Las naciones están descartando imprudentemente habilidades que son necesarias para mantener viva la democracia. Si esta tendencia continúa, las naciones producirán generaciones de máquinas útiles, pero no ciudadanos completos capaces de pensar por sí mismos, criticar la tradición y comprender el sufrimiento de los otros […] La educación se está orientando cada vez más hacia el beneficio económico, dejando de lado el cultivo de la imaginación y la capacidad crítica. […] Una educación así produce trabajadores eficientes, pero no seres humanos libres”.

Mark Fisher

“Los estudiantes actuales se comportan como consumidores que creen que han comprado un producto y que, por tanto, tienen derecho a recibir una calificación. […] El docente ya no es una autoridad intelectual, sino un proveedor de servicios sometido a evaluación constante […] La lógica del mercado ha penetrado tan profundamente en la educación que resulta difícil imaginar una alternativa. […] La universidad ya no es un lugar de pensamiento, sino una extensión de la economía de servicios”.

Frank Furedi

“La universidad ha perdido su confianza en la autoridad del conocimiento. […] En lugar de desafiar a los estudiantes, se adapta a sus sensibilidades. El resultado es una cultura académica que evita el riesgo intelectual […] La infantilización de los estudiantes ha llevado a una reducción sistemática de los estándares. […] El objetivo ya no es formar mentes rigurosas, sino evitar cualquier incomodidad”.

Camille Paglia

“Las universidades se han convertido en burocracias gigantescas donde la administración domina sobre el pensamiento. […] Hay más preocupación por el lenguaje correcto que por las ideas correctas […] La academia contemporánea ha traicionado su misión al sustituir el estudio profundo por modas teóricas pasajeras. […] Se produce una erudición sin pasión, sin riesgo y, en última instancia, sin vida”.

Jordan Peterson

“Las universidades están siendo consumidas por ideologías que priorizan el poder sobre la verdad. […] Cuando el discurso se regula en nombre de la protección, lo que desaparece es la posibilidad misma del pensamiento […] Si no puedes cuestionar lo que se enseña, no estás en una universidad: estás en un sistema de adoctrinamiento”.