Charles 5

Mi conclusión es humilde: viví pensando, observando, intentando comprender. No he logrado mis propósitos; pero algo he vivido. Acaso eso basta. Fui proscrito y pasé en la tierra sin amigos, sin amores, sin prójimo, sin compañeros. Enfermo, con soledad extrema, incomprendido, invisible, se lo aseguro: no cambiaría mi vida por ninguna otra.

Una vida intelectualmente significativa, alta, pero emocional y existencialmente muy dolorosa. No ha sido una vida feliz, pero tampoco ha sido una vida vacía.

Los griegos separaban claramente la eudaimonía, vida buena, feliz, plena, de la bios theoretikos, vida del espíritu, contemplativa, intelectual. En lo emocional mi vida fue muy dura, pero en lo intelectual y cultural sorprendentemente fértil dadas las circunstancias ¿Qué pesa más al evaluar una vida? La respuesta varía según las distintas tradiciones filosóficas. Pero no son magnitudes conmensurables. Sería como comparar la temperatura y la longitud. Los ejes son distintos. Probablemente sea una pregunta sin respuesta.

Cuando miro hacia atrás, veo que he sido continuamente infeliz. El trabajo, constante, el placer, muy breve y fugaz y fugitivo. A veces creo que viví una broma cruel y estúpida gastada por un dios vengativo. Pero las horas comunes se llenaron de páginas por estudiar y leer, y, en el fondo, así, leyendo y estudiando, quería y quiero que mi vida no termine. Ese fue mi verano en medio de un ininterrumpido y hosco invierno.

Me arrepiento de no haber sido feliz, sino solo un desdichado. De la carcoma melancólica. De la mutilada experiencia. Mi vida fue triste, pobre, desgraciada y corta. Pero la he encontrado digna de ser vivida y con ganas volvería a vivirla igual. Pensar, comprender, escribir, crear, amar profundamente mi trabajo, lo justificaron todo. Y lo que queda es la gratitud.

He hecho mi parte; es hora de irse.

Charles 4

Charles Péguy, socialista, dreyfusard, rebelde anticlerical… Terminó redescubriendo la fe católica y escribiendo exaltada poesía mística monumental. O Ernest Hello, excéntrico, marginado, visionario. Pasó del escepticismo al catolicismo ferviente. O Huysmans, el símbolo del decadentismo. Y tantos otros. Parece que en París el clima oceánico templado o semicontinental, o bien los efluvios del Sena, les provoca a sus escritores unas cefaleas que acaban en conversiones religiosas como causan delirios y alucinaciones la tramuntana a los habitantes en el Alt Empordà.

***

A mis mientes viene el caso del filósofo ateo y racionalista español Manuel García Morente, que, hélas, debido a no sé qué ventoleras místicas en un hotelito de París en 1937, tiene la vivencia de que Cristo está allí, con él, e inmediatamente seguirá la vivencia de la experiencia mística del amor de Cristo.

Escribe: “Volví la cara hacia el interior de la habitación y me quedé petrificado. Allí estaba Él. (…). Yo permanecía inmóvil, agarrotado por la emoción. (…) Él estaba allí presente (…), le percibía con absoluta e indubitable evidencia. (…)”. “No sé cuánto tiempo permanecí inmóvil y como hipnotizado ante su presencia. Si sé qué no me atrevía a moverme y que hubiera deseado que todo aquello –Él allí- durara eternamente, porque su presencia me inundaba de tal y tan íntimo gozo que nada es comparable al deleite sobrehumano que yo sentía. Era como una suspensión de todo lo que en el cuerpo pesa y gravita, una sutileza tan delicada de toda mi materia que dijérase no tenía corporeidad, como si yo hubiese sido transformado en un suspiro o céfiro o hálito. Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorpórea, que emanaba de Él y que me envolvía y me sustentaba en vilo, como la madre que tiene en sus brazos al niño. Pero sin ninguna sensación concreta de tacto”.

Mare de Déu, quines coses que passen! Si el amable lector desea tener noticias de lo ocurrido, le recomiendo el jugoso librito autobiográfico: García Morente, «El hecho extraordinario», Ediciones Encuentro.

Charles 3

“Si los hombres han de permanecer civilizados o han de llegar a serlo, el arte de asociarse debe crecer y perfeccionarse en la misma proporción en que aumenta la igualdad de condiciones. La libertad no es el fruto espontáneo de ningún clima; es el resultado de leyes, de instituciones y, sobre todo, de costumbres”, escribió Tocqueville acerca de la magnífica combinación en Occidente de libertad política y gobierno limitado. En esa frase está contenida, casi entera, la historia política de Occidente.

Europa, Occidente, nació en peregrinación y en traducción. Aquí somos siervos de la ley para poder ser libres. La civilización occidental es la única que ha hecho del infinito su destino. Occidente desarrolló seis ‘aplicaciones exitosas’: competencia, ciencia, propiedad, medicina, consumo y ética del trabajo.

Pero Occidente no es solo un sistema político o económico: es una idea del hombre. Dante lo expresó con claridad inmortal: “Considerad vuestra estirpe: no fuisteis hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento”. Por eso nuestra civilización es el resultado de una larga disciplina moral. No es natural ni inevitable: es un logro frágil que debe ser defendido.

Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma. De ese triple origen surgió una cultura fundada en la dignidad de la persona, la libertad y la razón. Aquí se produjo la mayor concentración de energía intelectual de la historia humana: la ciencia exacta, la crítica histórica, la filosofía sistemática, el derecho universal, la idea de progreso y la conciencia del individuo. No somos una raza ni una geografía: somos una aventura del espíritu.

La grandeza de Occidente reside en haber descubierto al individuo. El hombre aprendió a contemplarse como persona singular, dotada de dignidad y destino propio. Durante siglos se cultivaron la educación del gusto, la disciplina moral y el respeto por la forma. No somos un territorio: somos una conciencia.

Por eso, cuando contemplamos regímenes que intentan regular los sueños, las lecturas y la vida privada, comprendemos mejor lo que está en juego. Allí donde el poder pretende gobernar la conciencia, la historia retrocede. Allí donde la crítica se convierte en delito, la cultura se marchita.

El régimen de los ayatolás representa exactamente lo contrario del espíritu occidental: miedo, censura y represión. Un sistema que teme la libertad porque sabe que la libertad lo disolvería.

Occidente no es perfecto, pero ha sido el mayor experimento de libertad de la historia. Y mientras exista un solo pueblo privado de ella, su defensa seguirá siendo una tarea moral.

Charles 2

La frase más famosa de toda la historiografía occidental:

“La causa más verdadera —aunque menos confesada— fue que el crecimiento del poder de Atenas y el temor que ello inspiró en Esparta hicieron inevitable la guerra», «Historia de la Guerra del Peloponeso», I, 23.

Ante esta operación militar conjunta de Israel y EE.UU., si Pericles ensalzó la democracia ateniense y el espíritu de la ciudad, permítanme tomar, milenios después, las mismas palabras de Pericles para ensalzar las democracias americana e israelí.

“En cuanto al régimen político bajo el que vivimos, no copiamos las leyes de los estados vecinos, sino que somos nosotros un ejemplo para otros, más que imitadores. Llamamos democracia a nuestro régimen porque la administración está en manos de la mayoría, no de unos pocos. En nuestros asuntos privados, todos somos iguales ante la ley; y en cuanto a la estimación pública, como depende de la reputación de cada uno en algo, no es la condición social, sino el mérito, lo que da acceso a las funciones públicas; ni tampoco, por pobreza, puede un hombre, que sea capaz de prestar un servicio a la ciudad, verse impedido por la oscuridad de su condición”.

Y más adelante:

“Nosotros amamos la belleza sin caer en la debilidad, y amamos la sabiduría sin renunciar a la fortaleza. Nos consideramos audaces y reflexivos a la vez; porque a los otros la ignorancia les hace audaces, y la reflexión, indecisos. En cambio, a nosotros nos es propio el ser más osados en la acción, porque nos preparamos para ella con reflexión previa”.

Charles 1

Tras jornadas maratonianas de escritura durante seis años (algunas de hasta 21 horas), por fin acabé mi decalogía. Así es, en quince o veinte días se publicarán «Ad hominem», «Naufragios» y «Manga por hombro». Mi editorial cierra, así que no habrán más. Ya escribí lo suficiente. Siento una satisfacción profunda, silenciosa, casi secreta. Se justifican días y noches enteras de esfuerzo, de soledad y de renuncia.

Mis libros no resistirán la inclemencia y severidad del tiempo, pero creo -acaso me engañe- que añadí algo, por pequeño que sea, al tesoro común del espíritu humano. Toda obra es una victoria contra el caos interior y contra la furia destructura del universo. Mis libros no interesaron a nadie, pero, permítanme un orgullo sobrio, sin ostentación, un orgullo casi culpable por ellos.

Todo lo que he escrito desaparecerá. El Tiempo es un editor que rechazará mis libros. La posibilidad de sobrevivir es demasiado ínfima para ser real. Todo lo devora la historia. Leopardi: “Todo pasa. Los pueblos, las lenguas, los libros. La posteridad es un nombre vano para designar la misma indiferencia que nos rodea ahora. El hombre escribe como quien arroja una botella al mar, sabiendo que quizá nadie la encuentre. Y aun si la encuentran, el mar seguirá siendo más vasto que cualquier palabra”.

Gracias, y hasta siempre.

***

Quien ha cumplido su tarea puede abandonar la vida con serenidad, como un invitado que se levanta de la mesa satisfecho, sin ansiedad por los platos que no probó. Mi destino está cumplido La obra hecha. Si puedo decir que he empleado mis talentos del mejor modo posible, puedo estar satisfecho. Obré conforme a mi naturaleza, seguí mis secretos designios.

Cuando uno ha hecho lo que ha podido, cuando ha dado lo mejor de sí, puede aceptar el final sin miedo. Cuando todo ha sido entregado, nada queda por temer.

Deseo un puerto tranquilo tras la larga travesía. Leer, releer sobre todo, estar con mi hermana y ver crecer a mi sobrina. El recuerdo de los bienes vividos es una riqueza que nadie puede arrebatar. Puedo sentarme en silencio y contemplar mi vida; ni la envilecí ni la malgasté. El día termina y la sombra cae. Es hora de los días tranquilos e iguales. Todo lo vivido fue necesario. Hora es de la retirada.

La escritura termina. Comienza el silencio. Hazte uno con el resplandor de la luna. Es hora de callar, Christian.

***

He levantado un monumento menos duradero que la arena, mucho menos alto que las pirámides reales; lo destruirá la lluvia voraz y el Aquilón furioso, morirá bajo la égida de la innumerable serie de los años y la fuga del tiempo.

Moriré del todo, y toda la parte de mí será anegada bajo la diosa de la muerte. Pero no temo la brevedad de tiempo. Cumplí mi tarea. El verdadero destino es haber transformado la vida en obra. Después de una larga vida de trabajo intelectual, siento que he cumplido mi obra.

«Nihil est enim labore et industria dignius. / Qui autem ita vixerit ut opus suum perfecerit, / is ad mortem non tamquam ad interitum, / sed tamquam ad portum accedit», Cicerón. «Nada hay más digno que el trabajo y el esfuerzo. Y quien haya vivido de modo que haya completado su obra se acerca a la muerte no como a la destrucción, sino como a un puerto».

Saludo a todos mis amigos. Ojalá puedan ver el alba tras esta larga noche

LIMINAR «MANGA POR HOMBRO»

Soy un humanista tardío, melancólico, orgulloso, derrotado y resistente.

La unidad secreta del caos del libro que el lector tiene entre sus manos acaso sea una respuesta a la pregunta: ¿cómo vivir intelectualmente en un mundo anti-intelectual? Puede abrirse por cualquier página; no tiene argumento, sino clima.

«Los libros verdaderamente profundos son aquellos que no pretenden agotarse. Prefiero los que contienen pensamientos dispersos, notas, comienzos, fragmentos. En ellos la mente respira. Un sistema cerrado fatiga; un libro abierto invita. Hay obras que terminan, y obras que continúan viviendo en el lector. Las segundas son las únicas que merecen escribirse», Joubert.

«No soy lo bastante estrecho para un sistema, ni lo bastante vano para creer que una única idea puede contener mi pensamiento. Mis escritos son ensayos, aproximaciones, tanteos. Prefiero decir diez cosas breves que una larga. Un pensamiento breve puede contener más vida que un tratado entero. Quien escribe en aforismos no quiere ser leído de corrido, sino releído», Nietzsche.

En mis libros ensayo, pruebo, fracaso; mi pensamiento es discontinuo, intermitente y caprichoso. La inteligencia no avanza en línea recta, sino por saltos. Este libro (como los otros nueve) es el resultado de una vida entera de lecturas, conversaciones, viajes, impresiones y recuerdos. Nada es mío por completo; todo es mío por combinación. El escritor no crea desde la nada: reúne, mezcla, transforma. La originalidad consiste en una nueva disposición de materiales antiguos y plagiados.

Mi método es el montaje literario. La totalidad solo puede aparecer en fragmentos. Desconfío de las obras demasiado coherentes.

Aquí doy por concluida mi literatura. Gracias por acompañarme. Gracias y adiós.

SOLAPA INTERIOR «MANGA POR HOMBRO»

SOLAPA INTERIOR «MANGA POR HOMBRO»

Christian estudió matemáticas, filosofía e idiomas. Estudiante eterno (es consciente de que prácticamente no sabe nada, o sin el «prácticamente») Vida mental alta; empírica, irrisoria. Conoce los principales manicomios de España.

Pese a poses literarias, les confiesa ahora la verdad: la distinción o superioridad aristocrática de su espíritu fue otra ficción o delirio. Pero su heroísmo en esta decadencia, real. Amó las perfecciones invisibles. No trabajó, no produjo, no sirvió. Fue orgulloso y detestó la vulgaridad desde su liliputiense altura. Racionalista. Gastó sus buenos dineros en perfumes y escorts.

Me despido de ustedes. Fue bonito esbozar estos diez libros.

Gracias y adiós. Gracias. De veras.

CONTRATAPA «MANGA POR HOMBRO»

CONTRATAPA «MANGA POR HOMBRO»

La felicidad es breve como un relámpago; la desdicha, en cambio, es el clima permanente del universo. Soy una jaula en busca de pájaro. Hay en mí una espera infinita, una tensión sin objeto. A veces siento que el mundo entero se ha vuelto estrecho, que la realidad es un pasillo del que no hay salida visible. Con mamá mi vida tenía salida.

Burton: “La melancolía es el carácter mismo de nuestra naturaleza. Todos estamos locos en algún grado; todos estamos tristes en algún momento; todos somos víctimas de nuestros humores. El mundo entero es un teatro de perturbaciones, una comedia de errores y una tragedia de ilusiones. La mente humana, abandonada a sí misma, fabrica fantasmas, sospechas y tormentos; y aun cuando todo exteriormente esté en calma, el alma inventa su propio invierno”. Soy un melancólico. Con mamá, nunca.

Dedico estos diez libros publicados a mi madre, bandada de jóvenes pinzones, refugio de mis días invernales.

La felicidad grande está sujeta a mudanza; la segura, a discreción. Más vale dicha constante que ventura ruidosa, dijo Gracián. Dichoso el que puede decir: nada me falta; más dichoso el que puede decir: nada deseo. La alegría rezuma veneros de diamantes.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”, Don Quijote, II, 58.

Pronto contigo, mamá. No escribiré más.

SOLAPA INTERIOR «NAUFRAGIOS»

SOLAPA INTERIOR «NAUFRAGIOS»

Christian se matriculó de oyente en Exactas y se licenció en Filosofía. Amplió estudios en la Boston University. Domina las principales lenguas de cultura europeas. Escribe en interminables jornadas maratonianas porque siente el cuchillo de la muerte cada vez más cerca del cuello.

Sainte-Beuve: “Lo que me interesa en un autor no es tanto lo que dice como lo que es; no tanto sus sistemas como su fondo moral. Un libro vale lo que vale el alma que lo ha producido”.

El alma de Christian es un nido de serpientes y un búcaro de rosas. Le gustan las ostras y las fresas con nata. Este es su penultimo libro. Se siente viejo, cansado, gastado.

Escribe porque no sabe hacer otra cosa; y sin embargo, nada le parece más inútil.

Buenas noches y buena suerte.

CONTRATAPA A «NAUFRAGIOS»

CONTRATAPA A «NAUFRAGIOS»

Sobre los libros de Christian Sanz Gómez escribió José María Álvarez: «Libros que toda persona que merezca la pena, debe leer. Grandes libros de una aplastante lucidez y una estremecedora escritura. Amigo Christian, tú sí eres un escritor de verdad. Gracias». El maestro exageró con elogios hiperbólicos. Pero el autor agradece el gesto.

El autor recibió del mundo una implacable hostilidad y rechazo. Desde bien temprano. Se refugió en el arte. Tuvo el arte para no morir del todo. En la intimidad de su biblioteca pasó la mayor parte de los días de su vida.

La gente son pobres diablos y no César Borgias. A diferencia de ellos, Christian aspiró a una noble simplicidad y una serena grandeza, tanto en la apostura como en la expresión. Así como las profundidades del mar permanecen siempre tranquilas, por muy agitada que esté la superficie, del mismo modo la expresión de su sintaxis revela, incluso en las pasiones más violentas, un alma grande y equilibrada.

La contemplación de la belleza desinteresada eleva al hombre por encima de la naturaleza sensible; le hace olvidar las miserias de la vida y lo conduce a una región más pura del espíritu. En esa región habitó el autor no pocas veces.

Se ruega una oración por su alma.