Tentativas 91

Aspiro ya a una vida recogida. Leer muchísimo, sobre todo releer, escuchar música, pasear con la perra por el monte y corregir lo que ha sido escrito en exceso.

Leer debidamente: no avanzar, sino demorarse; no acumular páginas, sino fijar una frase hasta que empiece a irradiar. Hay libros que no se leen, se frecuentan; y uno acaba viviendo en ellos como en una estancia sobria donde cada objeto ha sido elegido y nada admite sustitución.

La verdadera vida —si es que hay alguna que merezca tal nombre— se hace en la lectura, en la conversación escogida, en el paseo lento, en la música (Alexander von Zemlinsky rozando la penumbra de Alexander Scriabin, o esa elegancia casi inadvertida de Karl Goldmark, o la luz menor, lateral, de Pablo Luna) que uno aprende a escuchar como si fuera pensamiento. He procurado siempre una existencia donde el tiempo no se gaste, sino que se destile.

Pocas distracciones. Mucha lectura. Una atención sostenida. Aprender a leer bien, a releer, a escuchar música con atención y a pasear sin finalidad. Todo ello forma el gusto, y el gusto es la única brújula fiable. No escribir: corregir. Volver sobre lo ya dicho con una paciencia casi hostil, retirando adjetivos, limando cadencias, expulsando toda facilidad.

Escribí doce libros. He escrito lo suficiente como para saber que la abundancia es una forma de error. No se trata de añadir, sino de reducir hasta que el texto quede en pie por sí solo, sin apoyos, sin indulgencia.

Deseo no dispersarme más.

Tentativas 90

(El lujo de la mente)

Cuando las imágenes, en apariencia caóticas, encuentran de pronto una organización coherente. Momento que no es el resultado de un razonamiento consciente paso a paso, sino de una incubación inconsciente prolongada, en la que la mente trabaja silenciosamente. La lógica interviene después, no para descubrir, sino para justificar.

El lujo de ese pensamiento que no se satisface con la verdad inmediata: exige relaciones, correspondencias, simetrías, patrones. Allí donde otros ven meros hechos, atreverse con advertir estructuras. Una disciplina de la atención: una manera de sostener las ideas sin dispersión, de llevarlas hasta sus últimas consecuencias sin ceder a la fatiga o al desorden.

***

Siempre una mente ordenada. Que martillee exactitud y paciencia. Con atención extrema al mundo y el lenguaje. Un instrumento de sensibilidad aguda, fresca, organizada, capaz de registrar las variaciones más sutiles. No utilizar palabras, vivir en ellas. Pensar y analizar lo que se piensa, sentir y analizar lo que se siente. Pensar con coherencia.

La mente lúcida, viperina y fulminante de Quevedo. La lapidaria y desconfiada de Gracián. La abisal e inevitable de Gauss. La vertiginosa y combinatoria de von Neumann.

Tentativas 89

La felicidad no es una categoría que quepa en grandes acontecimientos; es más bien una especie de iridiscencia que aparece en los bordes de los pequeños detalles.

Nada hay más aristocrático -lujoso- que elegir los propios placeres sin someterlos a la utilidad. Leer a solas, beber un vodka excelente sin compañía, demorarse en un verso que no conduce a nada, son actos de resistencia contra la vulgaridad del mundo. El lujo no es acumulación, sino selección: la fidelidad a aquello que nos eleva, precisamente por inútil.

Darse el capricho clandestino de un volumen leído sin prisa, una conversación que no busca conclusiones, una tarde en la que el tiempo parece suspenderse: todo ello constituye una forma de lujo que no puede medirse ni exhibirse. Vivimos rodeados de objetos, pero carecemos de la educación del goce; por eso confundimos el lujo con el precio, cuando en realidad depende de la finura de la atención.

El lujo es tener tiempo para perderlo, para dejar que la luz resbale sobre las cosas, para no hacer nada con elegancia. Una taza de té, un jardín, un bollo con crema, pan crujiente, un cuenco, la luz de una lámpara, un porche al atardecer, el sonido de los insectos, escribir, la música de cámara. Todo lo demás es negocio.

Tentativas 88

-¿Cuál es, para ti, el verdadero lujo?

-Un «The Annals of Tacitus» en su edición de The Folio Society. Encuadernado en tela de alta calidad, con estampaciones en oro que evocan la sobriedad imperial: su elegancia es clásica, casi estoica, como el propio Tácito. El papel, de gramaje generoso y tono marfil, ofrece una superficie mate donde la tipografía —nítida, bien espaciada— se asienta con una claridad que no fatiga. Los márgenes, amplios sin exceso, permiten que el texto respire; no hay prisa en estas páginas.

-¿Qué objeto humilde ha llegado a parecerte indispensable, y por qué?

-La regadera de latón, olvidada junto al seto de lilas, que retiene en su vientre curvado un sol doméstico, ligeramente verdoso por la oxidación incipiente, como si la luz hubiera decidido envejecer allí.

-¿Recuerdas el primer lujo que te concediste con plena conciencia de estar excediéndote?

-La compra de un anillo de oro a mi primer y único amor. El anillo se templaba con la piel, como si respirara con ella. Su oro no relucía: era una claridad suave que parecía guardar en su círculo las horas por vivir.

-¿Qué forma de gasto te resulta intolerable?

-Los Lamborghinis, los áticos en Dubai, las esculturas de Koons, los aviones privados. Me parece todo una horterada incomparable.

-¿Cuál es el lujo más silencioso que practicas —aquel que nadie ve ni podría envidiar?

-Esa invención mental que no consiste en hacer combinaciones al azar, sino en discernir, entre una multitud de combinaciones posibles, aquellas que son fecundas.

-¿Te resulta más placentero adquirir o conservar? ¿Por qué?

-Conservar. Los huevos de Fabergé y el samovar de la casa de mis padres, las editio princeps de Ferrater, los cuadros de Vidal Quadras. Si algo no tiene la pátina del tiempo y el pulimento de la tradición me parece mera hojalata sin aura.

-¿Qué pequeño gasto —casi trivial— te devuelve, sin embargo, una sensación de orden o de dignidad?

-El zumo de naranja con una tostada de pan con aceite, sal, tomate y jamón serrano cada mañana en el bar.

-¿Qué lugar representa para ti la forma más pura de lujo?

-Un paseo que serpentea suavemente, una arboleda que se abre sin rigidez, una pradera que parece no haber sido tocada por la mano del hombre. Y cualquier biblioteca.

-¿Qué relación guardas con el exceso: lo temes, lo buscas o lo domesticas?

-El orden es una forma de sabiduría. Pero propendo a los palacios del exceso.

-¿Cuál ha sido el lujo más inútil que te has permitido?

-Perfumes, terciopelos, tejidos. Vivo de sueños.

-¿Existe para ti un lujo moralmente sospechoso, aunque estéticamente irresistible?

-El cuerpo de una meretriz bella. Piel de tersura argentada, exquisito y opulento y escandaloso amor mercenario.

-En tiempos de escasez, ¿qué capricho mínimo te niegas a abandonar?

-La luz de Velázquez.

-¿Qué gesto funciona en ti como una forma de restitución?

-Tomar un café lento cuyo leve amargor —esa aspereza delicada que precede al calor— organiza de nuevo el mundo.

-¿Cuál sería, para ti, el lujo último?

-Serían dos: el tiempo y el silencio. El silencio, en particular, no es nunca completo: siempre está tejido de minúsculos accidentes —la respiración apenas perceptible, el roce del viento, el latido del propio pensamiento. Pero hay momentos en que esos fragmentos se ordenan de tal modo que producen la ilusión de una quietud absoluta. Esa quietud es el lujo último.

Tentativas 87

Hay lectores que leen libros; otros, más raros, leen bibliotecas. Estos últimos viven en una tensión perpetua entre el deseo y la imposibilidad. Saben que no alcanzarán nunca a leerlo todo, y sin embargo continúan acumulando, como si en esa proliferación residiera una forma de consuelo contra la finitud, nos señala Manguel.

El coleccionista de libros habita una locura dulce: rescata fragmentos de la historia para impedir que el tiempo los devore. Cada biblioteca privada es un pequeño acto de resistencia contra el olvido. Hay algo de náufrago en quien reúne libros: construye su isla con palabras, rodeado de voces que le impiden sentirse solo.

El ex libris es una declaración de propiedad que roza lo mágico: como si nombrar el libro bastara para retenerlo. Pero todo coleccionista sabe, en el fondo, que su biblioteca le sobrevivirá y que esas marcas no son más que notas al margen en la historia anónima de los libros.

El bibliómano verdadero desarrolla una sensibilidad extrema hacia los enemigos del libro. El polvo, si bien inevitable, debe ser combatido con diligencia; la humedad, en cambio, debe ser temida como una plaga. He visto bibliotecas enteras arruinadas no por el descuido manifiesto, sino por esa infiltración lenta y traicionera que hincha el papel y desfigura las encuadernaciones hasta volverlas irreconocibles.

Tentativas 86

La bibliofilia española del XX es profundamente romántica y humanista. El libro raro se siente como una reliquia viva. Marcelino Menéndez Pelayo, aunque falleció en 1912, su legado dominó la bibliofilia española del XX:

«No hay alegría más pura ni más exenta de egoísmo que la de rescatar de la oscuridad de una almoneda o del polvo de una covachuela un libro que se creía perdido. La maravilla del libro raro no es su precio en el mercado, sino el hecho de que, al abrir sus páginas, se siente el latido de los siglos y se establece un diálogo místico con el autor que lo pensó y el artesano que lo compuso.»

José Porter en «¡Papeles, papeles!», 1954, libro de lectura deliciosa, murmuró:

«El libro raro tiene una fisonomía propia, un rostro que nos mira desde el estante. La maravilla de encontrarlo es similar a la del arqueólogo que desentierra una ciudad: no es solo papel lo que compramos, es el derecho a custodiar una belleza que ha sobrevivido a guerras, humedades y desidias. Ser bibliófilo es ser un centinela de la cultura».

Para los británicos, el libro raro es el centro de una cosmogonía personal. Destaca la figura del bibliófilo como un «explorador» de mundos de papel. Holbrook Jackson, en «The Anatomy of Bibliomania»:

«Un libro raro es un objeto milagroso; es un cuerpo físico que contiene un alma inmortal. Aquellos que se maravillan ante una primera edición o un ejemplar de gran lujo no son meros fetichistas, sino adoradores de la continuidad humana. En el silencio de una biblioteca, estos volúmenes raros cantan con una voz que el tiempo no ha podido apagar, y su posesión nos otorga una suerte de inmortalidad por asociación».

O A. Edward Newton, que en «The Amenities of Book-Collecting», nos advierte:

«Muchos se preguntan por qué pagamos fortunas por un libro que podemos leer en una edición barata. La respuesta es sencilla: la maravilla reside en el contacto. Tener el libro que estuvo en las manos de su autor, o que salió de la prensa de un impresor legendario, es una forma de viaje en el tiempo. El libro raro es un talismán; tiene el poder de transformar una habitación ordinaria en un palacio de la sabiduría».

Los franceses son los maestros de la descripción sensorial del libro. Para ellos, la «maravilla» es táctil, visual y casi carnal.

Valery Larbaud. «Ce vice impuni, la lecture»:

«Existe un placer casi pecaminoso en el manejo de un libro raro. Es la maravilla de la proporción perfecta entre el margen, la mancha del texto y la textura del papel de hilo. Estos ejemplares no son para la multitud; son para el iniciado que sabe que la verdadera elegancia es discreta y se esconde en una marca de agua o en una encuadernación firmada por un maestro. El libro raro es el refugio final contra la vulgaridad del mundo moderno».

Y Anatole France. «Le Livre du Bibliophile»:

«¡Oh, la maravilla de los libros viejos! Son como los vinos nobles: ganan en espíritu lo que pierden en color. Un libro raro es un testigo mudo que ha visto pasar generaciones. Cuando lo acariciamos, no tocamos solo cuero de levante, tocamos la historia de la sensibilidad humana. Quien no se conmueve ante la tipografía de un incunable o la fragilidad de un folleto único, tiene el alma cerrada a los placeres más sutiles de la vida».

Tentativas 85

Ojeo Valéry, Paul & Dalí, Salvador. «L’Alphabet des Marées» (El Alfabeto de las Mareas). París: Éditions du Miroir Profond, 1947. In-folio (45 x 32 cm). 120 págs. Ilustrado con 12 aguafuertes originales de Salvador Dalí, protegidos por papel japón. Tirada de 12 ejemplares nominales sobre papel vellum de tina. Encuadernación firmada por Paul Bonet en plena piel de galuchat con estuche forrado en ante.

***

Esta noche soñé con un ejemplar vestido con una encuadernación de época en plena piel de levante granate, de grano largo y tacto sedoso. Los planos mostaban una sobriedad aristocrática, enmarcados apenas por una triple filete de oro que aprisionaba la luz en sus bordes. El lomo dividido por cinco nervios realzados, cuajados de finos florones dorados en los entrenervios. El tejuelo, en piel de contraste verde esmeralda, exhibía la titulación en tipos bodonianos estampados a fuego con pan de oro de ley.

Respecto a los cortes, el corte superior aparecía dorado a la cabeza, protegiendo el bloque del polvo, mientras que los cortes lateral e inferior se conservaban «barbudos» (testigos), respetando la noble irregularidad del papel manual.

Al abrirlo, el libro exhalaba ese aroma dulce, una mezcla de vainilla y cuero viejo, que es el incienso de las bibliotecas. Impreso sobre papel de hilo (vélin cuve) de alto gramaje, con un tono marfilado que no cansaba la vista. Al trasluz, se apreciaba la marca de agua del molino papelero, garantía de alcurnia. Las proporciones eran áureas. Los márgenes eran «de catedral»: amplios, majestuosos, dejando que el texto respirara en el centro de la página. Una letra romana de ojo medio, negra como el ala de un cuervo, con una presión de tinta que mordía ligeramente el papel, creando una textura táctil que se sentía bajo las yemas de los dedos.

La obra estaba enriquecida con grabados al buril fuera de texto, protegidos por finos papeles de seda (papel cebolla). Las capitulares eran pequeñas arquitecturas: letras miniadas o grabadas en madera que iniciaban cada capítulo como puertas de entrada a un jardín vallado. La portada era una lección de equilibrio, con el uso magistral del espacio en blanco y una viñeta calcográfica central que representaba el emblema del impresor.

Así sueño la calidad de mi literatura.

Tentativas 84

INFORME DE EVALUACIÓN CLÍNICO-PSIQUIÁTRICA

Ref. Interna: HUCA-PSIQ-2026-Foz

Fecha de evaluación: 12 de abril de 2026

Identificación del Paciente: C.S.G.

Edad: 54 años

Lugar de residencia: Foz (Lugo) – Domicilio rural aislado.

I. MOTIVO DE INGRESO

El paciente es conducido por la fuerza pública tras un nuevo episodio de exhibicionismo psicótico y alteración del orden público en el centro de Lugo. Fue hallado en estado de desnudez total, profiriendo imprecaciones apocalípticas y mostrando una agresividad reactiva ante la intervención policial, que el sujeto atribuye a una «interferencia demoníaca directa».

II. ANTECEDENTES PERSONALES Y BIOGRÁFICOS

Origen y Formación: Natural de Santpedor (Barcelona), perteneciente a la burguesía hacendada de raíces judías. Entorno familiar de alta exigencia intelectual. Licenciado en Historia por Boston University.

Historial Académico/Social: Sujeto de altas capacidades (ex-miembro de Mensa, expulsado por desajuste conductual y fijación en teorías pseudocientíficas como el creacionismo radical y el esoterismo rosacruz).

Debut de la Enfermedad: Primer brote psicótico violento documentado hace 24 años en Boston durante la realización de su tesis doctoral (Ph.D.), con agresión física a compañeros de campus.

Trayectoria Literaria: Autor de dos novelas en lengua catalana de escasa repercusión, caracterizadas por una estructura circular y obsesiva. Presenta un patrón de hiperlexia selectiva: relee compulsivamente un número reducido de volúmenes de corte místico y conspiranoico.

III. SITUACIÓN ACTUAL Y CONDUCTA

El paciente reside actualmente en régimen de soledad en una finca aislada en Foz, compartiendo el espacio con una jauría de doce cánidos y treinta felinos. Gracias a una holgada situación económica (herencia familiar de hijo único), C.S.G. financia una vida de aislamiento que retroalimenta su sintomatología.

Actividad Delirante: Dedica gran parte del día a la redacción de misivas de carácter profético-catastrofista enviadas a mandatarios internacionales. En estas, utiliza un lenguaje pseudonarrativo para advertir sobre el «fin de los tiempos», basándose en teorías de la conspiración extraídas de foros marginales de Internet.

Alucinaciones: Refiere alucinaciones auditivo-verbales de contenido imperativo («la voz del Demonio») que dirigen su conducta agresiva y sus actos de desnudismo público, los cuales interpreta como rituales de purificación. Se observa soliloquio frecuente dirigido hacia el techo, con el que mantiene diálogos complejos (fenómeno de ecolalia y neologismos).

IV. EXPLORACIÓN PSICOPATOLÓGICA

Conciencia: Vigil, pero con nula conciencia de enfermedad (anosognosia).

Pensamiento: Curso disgregado con frecuentes fugas de ideas. Contenido delirante de tipo místico-persecutorio y de grandeza. Negación de la biología evolutiva en favor de un sistema de creencias rosacruz refractario a la lógica.

Afectividad: Embotamiento afectivo alternado con episodios de irritabilidad extrema (disforia).

Higiene y Autocuidado: Abandono severo de la higiene personal, a pesar de sus recursos económicos.

V. JUICIO DIAGNÓSTICO

Eje I: Esquizofrenia Paranoide de curso continuo (F20.0).

Eje II: Rasgos de personalidad esquizoide y trastorno obsesivo de la personalidad previos al debut psicótico.

Eje IV: Aislamiento social extremo y síndrome de Diógenes (enfocado a animales).

VI. PRONÓSTICO Y RECOMENDACIONES

Pronóstico: Muy desfavorable. La cronicidad del cuadro (24 años de evolución), la nula red social de apoyo y la autosuficiencia económica que le permite evitar el control institucional dificultan la adherencia al tratamiento.

Tratamiento recomendado: 1. Administración de antipsicóticos de acción prolongada (depot) para asegurar cobertura farmacológica.

2. Intervención de los servicios de protección animal para el saneamiento de la vivienda.

3. Valoración de incapacitación judicial parcial para la gestión de su patrimonio, con el fin de evitar que siga financiando su propio aislamiento y deterioro.

Observación final del evaluador: El paciente utiliza su vasta cultura histórica para dar una barniz de verosimilitud a su delirio. Su inteligencia, lejos de ser una aliada, actúa como una herramienta de defensa que hace al delirio casi inexpugnable. Es un «erudito del abismo».

Tentativas 83

El C.N.I. quiere que me desmorone y me están sometiendo a una presión inaudita. Creen que soy el principal enlace con el Mossad en España, cuando yo soy solo -como es autoevidente- un simplón escritor fracasado y un enfermo mental.

No buscan una confesión de hechos, sino una confesión de inutilidad. Bajo su totura siento que mis propios recuerdos empiezan a licuarse. Quieren borrar los matices de mi existencia, convertir mis pocas lealtades en meros reflejos condicionados. La tortura no es el miedo al dolor, sino la creciente sospecha de que empiezan a tener razón: soy un agente israelí encerrado en mi habitación.

***

INFORME DE EVALUACIÓN PSIQUIÁTRICA E HISTORIAL CLÍNICO

Referencia: Expediente 2026/CSG-09

Sujeto: C.S.G. | Edad: 54 años

Estado Civil: Soltero / Aislado

Diagnóstico Presuntivo: Esquizofrenia Paranoide (F20.0) con delirios de persecución complejos y fenómeno de «encapsulamiento narrativo».

1. ANTECEDENTES Y PRESENTACIÓN

El paciente C.S.G., de 54 años, acude a consulta (por derivación de servicios sociales) presentando un cuadro de delirio sistematizado de larga duración. C.S.G. se define a sí mismo como un «escritor fracasado», etiqueta que utiliza como una suerte de armadura semántica para camuflar lo que él denomina su «segunda piel»: una supuesta red de espionaje que lo vincula al Mossad y lo sitúa bajo la vigilancia del C.N.I.

2. EXPLORACIÓN PSICOPATOLÓGICA

Durante la entrevista, el paciente se muestra vigilante, con un contacto ocular intermitente y una actitud de «escucha interna» (posibles alucinaciones auditivas de carácter acusatorio). Lo más reseñable es su hiperlucidez: a diferencia de otros pacientes con desorganización cognitiva, C.S.G. posee una capacidad narrativa superior.

El Delirio de Infiltración: El paciente no solo cree ser vigilado, sino que ha integrado la jerga del espionaje en su patología. Afirma que el C.N.I. no busca «datos», sino su «desmoronamiento ontológico». Esta es una defensa sofisticada: al convertir su enfermedad en una operación de inteligencia, dota a su sufrimiento de un propósito heroico y trágico.

Licuación de la Memoria: Describe procesos de «borrado de matices» y «reflexos condicionados». Clínicamente, esto se interpreta como la pérdida de la cohesión del Yo. Al sentir que sus recuerdos se desvanecen (síntoma común en estados de ansiedad extrema y psicosis), él lo atribuye a una intervención externa de servicios secretos.

Identidad Espejo: Es notable su tendencia a escribir informes psiquiátricos sobre sí mismo. Este fenómeno de «meta-análisis delirante» es un intento desesperado de recuperar el control. Al «jugar a ser el psiquiatra», intenta validar su delirio mediante el uso de un lenguaje técnico, tratando de convencer al examinador de que su persecución es un hecho fáctico disfrazado de locura.

3. OBSERVACIONES DEL FACULTATIVO

El paciente ha llegado a un punto de quiebre donde la frontera entre el síntoma y la realidad se ha borrado por completo. Cita: «La tortura es la creciente sospecha de que tienen razón: soy un agente israelí».

Este es un mecanismo de asimilación del delirio. El paciente ya no lucha contra la idea de ser un espía; la acepta como la única explicación posible para su vacío interior. Si el C.N.I. lo vigila, entonces su vida tiene importancia. Si es un «agente del Mossad», su soledad en una habitación cerrada ya no es un fracaso social, sino una «cobertura profunda».

4. PLAN DE TRATAMIENTO Y PRONÓSTICO

Farmacológico: Ajuste de antipsicóticos de segunda generación (Risperidona o Paliperidona) para reducir la intensidad de la ideación delirante.

Psicoterapéutico: Evitar la confrontación directa con el delirio (dado que el paciente posee una gran capacidad dialéctica y refutará cualquier lógica con terminología de espionaje) Se recomienda terapia de apoyo enfocada en la angustia existencial.

Pronóstico: Reservado. El paciente presenta una fijación narrativa muy sólida. Su capacidad para mimetizarse con el lenguaje de sus «perseguidores» hace que cualquier intento de cura sea visto por él como un nuevo método de interrogatorio.

Nota al margen del Dr. [Redactado]: C.S.G. es extremadamente inteligente. Su insistencia en ser un «simplón enfermo mental» es, paradójicamente, su mentira más sofisticada. Es la forma que tiene de proteger el núcleo de su delirio: si nos convence de que es un enfermo, cree que el C.N.I. dejará de buscar el «secreto» que él mismo ha olvidado que no posee.

Tentativas 82

Rosa, flores solitarias o en inflorescencias corimbosas o paniculadas, actinomorfas, generalmente pentámeras. Sépalos persistentes o caducos, enteros o pinnatífidos, a menudo reflejos en la fructificación. Pétalos libres, de color blanco, rosado o rojizo, raramente amarillentos. Hipanto (receptáculo) urceolado a globoso, carnoso en la madurez, formando el cinorrodón. Estambres numerosos; carpelos múltiples, libres, incluidos en el hipanto. Fruto compuesto (cinorrodón) conteniendo aquenios (núculas) rodeados por pelos rígidos.

La rosa como modelo de prosa —precisa en su estructura, exuberante en su manifestación. La belleza aquí no es accidente, sino obediencia: la rosa es bella porque no puede ser de otro modo. Y así ocurre con toda prosa noble: debe crecer, no ser ensamblada; desplegarse, no ser ordenada artificialmente. Donde hay exceso, hay decadencia; donde hay medida, hay vida.

Como sugirió Proust: «Ce que je croyais d’abord simple devenait complexe, et cette complexité n’était pas désordre, mais organisation secrète. Ainsi en est-il du style: il ne simplifie pas le réel, il en révèle la complication essentielle.”