Tentativas 46

«Algunos, apartándose de la recta doctrina, se dejan llevar por tal ansia de novedades que no sólo desprecian la tradición teológica, sino que también ponen en peligro los fundamentos mismos de la fe […] Jamás quizá se ha dado tal confusión de ideas, tal perturbación de las inteligencias, como la que hoy se observa en el mundo; de donde se sigue una cierta inestabilidad universal de las cosas, que afecta incluso a los principios más fundamentales», Humani Generis, Pío XII

«Los partidarios del modernismo se ocultan en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia, tanto más peligrosos cuanto menos son percibidos. No hay parte de la doctrina católica que no intenten corromper; no hay verdad que dejen intacta. De aquí resulta que todo el edificio de la fe queda destruido desde sus cimientos», Pascendi Dominici Gregis, Pío X

«De estas opiniones falsas y perversas se sigue la ruina de la sociedad civil, la perturbación del orden público y la destrucción de toda autoridad. Se pretende apartar completamente a la sociedad humana de la influencia de la religión y de la Iglesia, lo cual no puede sino precipitarla en la confusión y en la corrupción», Quanta Cura, Pío IX

«La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso; a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. Sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso global puede contribuir a crear riesgos de daños desconocidos hasta ahora y nuevas divisiones en la familia humana», Caritas in Veritate, Benedicto XVI

Tentativas 45

Salviano de Marsella (c. 400-470), en su obra «De gubernatione Dei» (Sobre el gobierno de Dios), incluida en la Patrologia Latina de Migne (PL 53), ofrece uno de los testimonios más crudos sobre la corrupción, la miseria y la decadencia moral del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, justificando las invasiones bárbaras como un castigo divino.

«De gubernatione Dei», Libro III, 10-11:

«O bona nostra, quae nos perdunt! (…) At nunc quid agimus? Ad ecclesias, ut scitis, confluimus, immo nonnunquam confluimus. (…) Et quid hoc est? Deum enim patrem veneramur, sed opera nostra Deum non venerantur. (…) Illi enim [bárbaros] in iniquitate sunt, sed non in scelere; nos in scelere, sed non in iniquitate. (…) Romanus orbis ruit et tamen ridet».

«¡Oh bienes nuestros, que nos pierden! (…) Pero ahora, ¿qué hacemos? Confluimos a las iglesias, sí, a veces confluimos. (…) ¿Y qué es esto? Veneramos a Dios como padre, pero nuestras obras no veneran a Dios. (…) Ellos [los bárbaros] están en la iniquidad, pero no en el crimen; nosotros en el crimen, pero no en la iniquidad. (…) El mundo romano se derrumba y, sin embargo, ríe». [De gubernatione Dei, III, 10, 11]

En Gildas, «De Excidio Britanniae» (en Patrologia Latina vol. 69), leemos:

«Reges habet Britannia, sed tyrannos; iudices habet, sed impios, pastores habet, sed imprudentes; sacerdotes habet, sed stultos. Omnes declinaverunt, simul inutiles facti sunt; non est qui faciat bonum, non est usque ad unum. Principes eius persecutores, socii furum; omnes diligunt munera, sequuntur retributiones. Iustitiam non faciunt, pupillo non iudicant, et causa viduae non ingreditur ad eos».

«Britania tiene reyes, pero son tiranos; tiene jueces, pero impíos; tiene pastores, pero imprudentes; tiene sacerdotes, pero necios. Todos se han desviado, todos se han vuelto inútiles; no hay quien haga el bien, no hay ni uno solo. Sus príncipes son perseguidores, compañeros de ladrones; todos aman los dones, siguen las recompensas. No hacen justicia, no defienden al huérfano, y la causa de la viuda no llega hasta ellos».

Recomiendo la lectura de las obras de San Pedro Damián (Sancti Petri Damiani), incluyendo sus cartas (Epistolae) Se encuentran principalmente en los volúmenes 144 y 145 de la Patrologia Latina (PL) editada, como es sabido, por Jacques-Paul Migne. En el cardenal benedictino del siglo XI encontramos paralelismos respecto a la incuria y decadencia de nuestro tiempo.

El Papa León XIII, en su encíclica «Arcanum Divinae» (1880) y especialmente en «Etsi Nos» (1882) habla de la corrupción moral de su tiempo. Denunció con firmeza la crisis moral y social de finales del siglo XIX, enfocándose especialmente en la destrucción de la familia, el matrimonio y la influencia de sectas y corrientes laicistas. Advierte que por el «ejemplo de los maestros, las mentes de la juventud se corrompen y se asesta un tremendo golpe a la religión y se extiende la perversión de las costumbres». Y también señala la «destrucción del orden público» y el «derrocamiento de todo poder legítimo» al abandonar los principios religiosos.

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A mi juicio, mutatis mutandis, vivimos hoy una completa tiniebla del espíritu. Nos hemos quedado sin capital cultural, sin orientación, sin proyecto, sin sabiduría, sin cultura, sin civilización. Basta observar el estado de la enseñanza, el empobrecimiento del lenguaje, la desaparición de los referentes comunes. La decadencia ya no es un diagnóstico: es una experiencia cotidiana. La ignorancia ha dejado de ser un accidente para convertirse en norma. Ya no avergüenza, ya no se disimula: se exhibe con orgullo. Y cuando la ignorancia se vuelve prestigiosa, el pensamiento se retira.

Concluyamos con el sabio profesor Llovet: «Una sociedad que no considera necesario conocer su tradición, ni leer a sus clásicos, ni comprender su lengua, es una sociedad que ha renunciado a comprenderse a sí misma. Puede seguir funcionando, pero ya no sabe lo que es».

Tentativas 44

El Dr. Gracia es un importante botanista y entomólogo, por lo que sabe que la planta no es una masa homogénea, sino un sistema de órganos que se desarrollan según leyes estrictas; cada tejido tiene su función, cada célula su destino. La forma visible no es sino la expresión externa de una organización interna rigurosamente determinada, en la que nada es arbitrario. La forma de un organismo no es un accidente ni un mero resultado de la historia, sino la consecuencia necesaria de fuerzas físicas que actúan en él. La naturaleza no improvisa: construye según leyes que pueden expresarse en términos matemáticos. Las plantas no poseen cerebro, pero resuelven problemas complejos: detectan gradientes, reconocen parientes, optimizan recursos. Su inteligencia no está localizada, sino difundida en toda la estructura.

Cuando el insecto actúa, no parece buscar ni dudar: ejecuta. Sus movimientos tienen una exactitud que excluye el error en lo esencial. Y, sin embargo, basta alterar una condición secundaria para que toda la serie de actos se desorganice; lo que parecía inteligencia revela entonces su naturaleza de mecanismo extremadamente preciso.

Gracia es un poeta: estudia el mosaico de estructuras diminutas que producen color, reflejo y textura. Particularmente yo no veo ninguna contradicción entre el científico y el artista; ambos buscan el mismo tipo de placer, el de la exactitud. La emoción estética se encuentra en el descubrimiento de un detalle preciso.

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Lamas es un helenista. Los griegos no fueron un pueblo como los demás; fueron los descubridores de la mente humana. En su literatura encontramos, por primera vez, la exploración consciente de las emociones, de los conflictos morales, de la relación entre el hombre y el destino. La cultura griega no es un conjunto de obras muertas, sino una fuerza viva que ha modelado la conciencia europea. En ella se realiza por primera vez la idea de una formación del hombre en cuanto hombre, de una educación que no se limita a la utilidad, sino que aspira a la forma.

El hombre griego no nació con una conciencia plenamente formada de sí mismo; la adquirió lentamente, a través del lenguaje y de la poesía. La historia de Grecia es, en este sentido, la historia del descubrimiento del espíritu.

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Moncho es editor. El editor debe ser, ante todo, un lector extraordinariamente atento. Su deber no es imponer su voz, sino descubrir la del autor y ayudarle a realizarla plenamente. Hay momentos en que debe sugerir, otros en que debe resistir, y otros en que debe desaparecer por completo. El buen editor no escribe el libro: hace posible que el libro exista.

El editor debe ser capaz de reconocer la calidad allí donde aún no se ha manifestado plenamente. Debe poseer una sensibilidad para lo que puede llegar a ser, no solo para lo que ya es. Su tarea consiste en acompañar un proceso, no en juzgar un producto terminado.

Y los tres son mis amigos y maestros. Hoy tertuliaré con ellos, arrastraré mi voluntad hacia la suya, no como sumisión, sino como camaradería. Me acompañará -valga el tópico- el tono de su voz, el brillo de sus ojos, la sonrisa amable y el gozo blanco de la compañía. Ahondaremos en palabras de caoba de biblioteca y frescas como mañana en los cañones del Sil. La amistad no consuela: afina.

Tentativas 43

Perdió el Madrid.

Bueno, como dijo Heidegger en «Sein und Zeit»: «Das Spiel ist so: Im Gewinnen wie im Verlieren eröffnet sich je eine Weise des Seins», Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1927, § 27, S. 145

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Como dijo Juvenal de un atleta: «“Peior est quam ad cacandum ire».

En: Juvenal, «Saturae», Satira VI, vv. 420–421, ed. D. R. Shackleton Bailey, Cambridge (MA): Harvard University Press, 1991 (Loeb Classical Library)

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El partido me inspiró un versito en catalán:

«En Mbappé no juga a pilota: la pilota el pateja a ell.
Quan la toca, la caga; i quan no, també».

Tentativas 43

Perdió el Madrid.

Bueno, como dijo Heidegger en «Sein und Zeit»: «Das Spiel ist so: Im Gewinnen wie im Verlieren eröffnet sich je eine Weise des Seins», Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1927, § 27, S. 145

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Como dijo Juvenal de un atleta: «“Peior est quam ad cacandum ire».

En: Juvenal, «Saturae», Satira VI, vv. 420–421, ed. D. R. Shackleton Bailey, Cambridge (MA): Harvard University Press, 1991 (Loeb Classical Library)

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El partido me inspiró un versito en catalán:

«En Mbappé no juga a pilota: la pilota el pateja a ell.
Quan la toca, la caga; i quan no, també».

Tentativas 42

Dejémonos de demonios y hablemos del estilo de Nabokov, un artificio de precisión extrema, donde cada detalle parece dispuesto no solo para significar, sino para deleitar y engañar al lector simultáneamente. Un estilo que exige complicidad, no mera comprensión.

Hablemos de Borges, que escribe con una economía engañosa: bajo la aparente simplicidad de su estilo se oculta una erudición laberíntica que transforma cada página en una red de alusiones. Su estilo no busca representar el mundo, sino mostrar cómo el mundo puede ser reducido a estructuras narrativas recurrentes.

Y de Ruskin, autor donde la prosa adquiere una cualidad profética: las descripciones no son pasivas, sino actos de juicio moral revestidos de esplendor retórico.

Y de Rulfo, que escribe desde el silencio de los muertos; un estilo que es una reducción extrema donde cada palabra parece haber sido arrancada al vacío.

Ese es mi mundo y no el de la descomposición esquizofrénica. En el estilo literario de estos enfermos lo que llama la atención no es solo la ruptura del sentido, sino una especie de lógica privada que organiza el discurso desde dentro. Las palabras no desaparecen: cambian de régimen. Dejan de ser instrumentos compartidos y pasan a ser signos que obedecen a conexiones internas, a menudo inaccesibles para el lector. Un estilo que oscila entre la fragmentación y una precisión casi obsesiva.

Tiziano es mi verdadero mundo: La carne, los cielos, los paños: todo parece tener espesor interior, como si la pintura hubiera sido cultivada más que aplicada. Hay una gravedad en Tiziano que lo separa de los otros venecianos: su belleza no deslumbra, persiste.

Tintoretto es mi verdadero mundo: En sus lienzos, la luz no ilumina simplemente las figuras, sino que las atraviesa, las precipita hacia el espectador. Las composiciones parecen concebidas en un relámpago; no están construidas, sino lanzadas. Hay en él una violencia visionaria: las figuras no posan, acontecen.

Bach es mi verdadero mundo: Un acorde, suspendido en lo alto de la bóveda, abre el espacio como si la piedra misma hubiera sido convocada a vibrar. No es música que avance: es música que desciende. Cada arpegio cae como una cascada oscura, iluminada por relámpagos breves que revelan, por un instante, la arquitectura invisible del sonido.

Mi mundo no son alucinaciones, delirios ni crisis de pánico. Es Grecia y Roma, la música y los grandes pilares de la cultura.

“Genuine poetry can communicate before it is understood”, Eliot.

Tentativas 41

Mi undécimo libro, «El lógico de la morgue», ya tiene contratada una edición bibliófila. Si la cosa no llega a buen puerto, pagaré yo mismo la edición de lujo.

Christian Sanz, «El lógico de la morgue»

(Descripción bibliófila de la edición)

Volumen de gran formato, concebido como objeto de estudio y de contemplación, impreso sobre papel de tina de alto gramaje, de tono marfil ligeramente cálido, cuya superficie —de grano fino y nervadura apenas perceptible— recoge la tinta con una fidelidad casi táctil. Cada página ofrece una resistencia suave al paso, como si reclamara una lectura demorada, acorde con la naturaleza analítica y sombría de la obra.

La composición tipográfica, de raíz clásica, se articula en caracteres de inspiración garamondiana, elegidos por su equilibrio entre elegancia y severidad. La caja de texto, generosamente aireada, permite que el discurso —denso, minucioso, casi quirúrgico— respire sin concesiones a la prisa contemporánea. Capitulares discretamente ornamentadas introducen los pasajes mayores, con un rigor que rehúye todo exceso decorativo.

La encuadernación, ejecutada en plena piel negra, ha sido trabajada a mano con sobriedad deliberada. Los planos, desprovistos de ornamento superfluo, quedan apenas ceñidos por un filete seco; el lomo, con nervios bien marcados, presenta el título estampado en oro viejo, cuyo brillo contenido dialoga con la tonalidad grave del conjunto. Guardas de papel marmoleado, en gamas de gris ceniza y sepia, evocan una geografía incierta, entre lo orgánico y lo mineral.

Los cortes, dorados y suavemente bruñidos, conservan una luminosidad discreta, casi funeraria, que acompaña el carácter de la obra. La impresión, de presión exacta, deja en el papel una huella leve, perceptible al tacto atento, como vestigio del oficio tipográfico llevado a su extremo.

Tirada limitada y numerada, destinada a lectores que conciben el libro como artefacto total, «El lógico de la morgue» se presenta aquí no solo como texto, sino como pieza, donde la inteligencia analítica y la materialidad del volumen convergen en una experiencia de lectura rigurosa, lenta y esencial.

Tentativas 40

Siento una presencia, sin forma ni nombre, que se desliza por los recovecos de mi pensamiento, no como una idea, sino como una obsesión: es el demonio, las voces del demonio que resuenan en mi cabeza. Soy su experimento.

Tiene un plan maquiavélico para mí: vislumbrar el caos y que ya no pueda volver a ver el mundo como antes; convertirme en una pesada rata de cien kilos.

Las ratas corretean -hijitas del demonio-, y retumba el techo, y pensamientos de ratas interrumpen y transforman mi mente convirtiéndome paulatinamente en un miembro de su especie.

El demonio se apodera de mi voluntad. Me dice: «MÁTATE, RATA INFECTA».

Tentativas 39

Cuando intento meditar por qué languidezco en lugar de florecer, llego a algunas conclusiones o hipótesis tentativas: mi percepción es muy fina, la exigencia estética es muy alta, y mi rechazo a lo banal es radical. Lo que encarna una molesta lucidez unida a la impotencia, que causa más negaciones que afirmaciones.

También hay un desajuste entre entorno y estructura interior. Necesito densidad, exigencia, forma, por lo que quedo en suspenso y no logro adherirme a mi entorno. Los lugareños, en líneas generales, son seres nobles, pero su mundo cultural se achica y se sustituye por tabernarias opiniones futbolísticas o políticas, que, la verdad, me aburren. Tampoco ayuda el que mi pensamiento a veces sea un retorno estéril sobre sí mismo. Asimismo no hace ningún bien el patológico desgaste emocional acumulado o bien el miedo persistente.

En esos momentos aparece una tentación conocida: pensar que todo esto no es solo mío, sino propio de la época. Que vivimos en un mundo donde los vínculos se debilitan, donde el lenguaje se empobrece a marchas forzadas, donde la experiencia se vuelve superficial y reversible. Pienso entonces que los hombres no avanzan y giran en torno a sí mismos, cada vez más vacíos. Todo eso puede ser cierto, pero advertirlo no cambia nada. A veces incluso puede empeorar las cosas: convierte la percepción en coartada.

Si no fuera por la tertulia bisemanal con mis amigos orensanos, y, sobre todo, por la lectura y la escritura, mi vida sería terriblemente miserable, meros instantes inconexos que no llegan a formar un hilo coherente. Es emocionante que mis amigos sonrían ante alguna de mis improvisadas ingeniosidades, o que Marisa o Pura posen distraídamente su brazo en mi brazo, en sarmentosa complicidad.

Pero si tengo entre las manos un libro con tela editorial color marfil, con estampación en seco del título en el plano y lomera en dorado mate; y sobrecubierta en papel verjurado, ligeramente satinado, con ilustración tipográfica sobria, entonces fluyo como una torrentera. Y, si logro fijar una página, entonces me siento realizado. Pero la dificultad no es solo escribir bien, sino escribir de manera honesta en un mundo que premia lo superficial. La verdadera lucha del escritor es contra la tentación de la falsedad, de la pose, de la facilidad.

NOTA BENE: Cuando escribo soy flor de llama gemiforme. Los dedos sobre las teclas los siento como pétalos que retienen luz lunar. Nervaduras de rosas en el foco de la conciencia. En una flor cada pétalo ocupa su lugar con una precisión que no es mecánica, sino vital; y su número, su relación con el conjunto, manifiestan una inteligencia que no necesita proclamarse para ser evidente. En la composición literaria ocurre algo similar; la bella prosodia proclama un ondulante sentido.

Tentativas 38

El esquizofrénico no interpreta el mundo: lo experimenta ya transformado. No hay puente entre su vivencia y la comprensión del no esquizofrénico. El yo pierde su frontera: lo que era interior se vuelve exterior, y lo exterior invade lo más íntimo. Ya no participamos en el fluir del tiempo vivido; quedamos detenidos, como separados de la corriente de la vida. El mundo continúa, pero tú ya no estás en él.

***

Desgarramiento que te arranca de ti mismo, sobreabundancia de significados incomprensibles; atraviesan el aire aleteos de ratas. Girar sobre ti mismo como un derviche defectuoso. Tu mente pierde su arquitectura. Construyes otro mundo cuyas reglas son invisibles para los sanos. Ecos que discuten y mandan muy privadamente, solo para ti mismo. Soledad.