Cabaleiro 63

La melancolía es una especie de delirio sin fiebre, acompañada ordinariamente por el miedo y la tristeza sin causa visible. Vuelve a los hombres solitarios, lentos, pesados y suspicaces; prefieren la sombra a la luz y se complacen en permanecer a solas alimentando pensamientos sombríos. Las reflexiones más profundas nacen a menudo de un corazón ligeramente triste… Y quizá por eso reconozco en mí ese mismo clima interior, pues la alegría demasiado viva dispersa el alma, mientras que la melancolía la recoge.

Siento el peso del tiempo y la fugacidad del placer. Bruma, noche y horas lluviosas. No soy feliz ni terminantemente desgraciado; soy melancólico. Los días pasan como agua lenta, y contemplo la vida con una fatiga extraña. La soledad es para mí a veces un desierto, esas formas puntiagudas del vidrio. Solo encuentro preguntas. Una melancolía ancha, valle cubierto de niebla. Galicia vive máis no recordo ca no presente.

Cabaleiro 62

(Sobre el concepto de servidumbre)

El hombre moderno cree vivir rodeado de opciones, pero casi todas son variaciones al mismo molde. Cambia de consignas como quien cambia de traje, sin advertir que el patrón sigue siendo idéntico. La libertad proclamada por la época no es elección auténtica, sino un menú reducido que tranquiliza conciencias inquietas.

La verdadera servidumbre no se impone con cadenas visibles, sino con una educación sentimental que enseña a desear lo que todos desean. Quien habla como todos, siente como todos y repite los mismos gestos de aprobación vive convencido de su autonomía, cuando en realidad habita una prisión decorada con espejos.

La época democrática halaga al individuo diciéndole que es único, mientras lo integra en un flujo uniforme de gustos, opiniones y modas. El hombre libre no es el que participa en ese coro, sino el que aprende a escuchar una música distinta, aun a riesgo de quedarse solo.

No se trata de una cuestión de origen social, sino de espíritu: la vulgaridad nace cuando alguien desprecia todo aquello que exige esfuerzo o memoria. La masa no odia la cultura porque la desconozca, sino porque sospecha que revela su propia mediocridad.

El resentido moderno convierte la ignorancia en virtud y llama elitismo a cualquier gesto de excelencia. Prefiere derribar estatuas antes que aprender a contemplarlas, y celebra la caída de todo lo que no puede comprender.

Allí donde la conversación se reduce al eslogan y el arte se mide por su facilidad, florece esa humanidad gris que sospecha de cualquier forma de belleza exigente. No buscan elevarse, sino arrastrar hacia abajo todo lo que sobresale.

El refinamiento se vuelve una forma silenciosa de resistencia. Leer con pasión, elegir con cuidado, cultivar el gusto propio… son actos casi subversivos en una época que premia la velocidad y la aprobación inmediata.

El individuo verdaderamente libre se reconoce por su distancia interior; participa del mundo sin entregarse por completo a él. Sabe que la cultura no es un adorno social, sino una disciplina que separa a quien vive de quien simplemente se deja vivir.

Mientras la multitud busca validación en el ruido, el espíritu aristocrático aprende a habitar el margen. No aspira a convencer a todos, sino a preservar una dignidad íntima frente al espectáculo de la vulgaridad.

La vulgaridad es siempre multitudinaria.

Nada hay más triste que el resentimiento contra la excelencia.

Nada hay más moderno que la pasión por rebajar todo.

La cultura no salva al mundo; salva al individuo.

La libertad auténtica no busca convencer a la multitud.

Cabaleiro 61

(Sobre los gremlins)

La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, ha admitido este lunes que los comicios de este domingo en Aragón no han dejado los resultados que esperaban en la formación, pero ha criticado al PP por «dar de comer y beber» al ‘gremlin’ de Vox.

La mezcla de necedad, autosuficiencia y ceguera moral obsesionó a moralistas y satíricos desde la Antigüedad. «Nemo stultus sibi videtur», Ningún necio se considera necio. Donde la sabiduría es objeto de burla, surge la pasmosa gilipollez. Una observación que parece escrita para democracias nerviosas de cualquier siglo.

Francisco de Quevedo, «Sueños»: «Hay necios que presumen de entendidos y hacen ruido donde falta juicio». La sátira barroca ve al estulto (¡Ay, Montse!) como figura ruidosa y teatral.

La tonta no carece de argumentos: carece de silencio.

Cabaleiro 60

(A Irene Vallejo)

Mientras Céfalo ordenaba traer más vino y el rumor del puerto se colaba por las puertas abiertas…Aquella conversación antigua nos enseñó algo que siglos después formularía Cicerón.

Cicerón, «De Oratore», I, 28: «Est enim eloquentia nihil aliud nisi copiose loquens sapientia; quae si ad usum civilem accommodetur, tum vero ea quae dicitur elegantia apparet, cum verba non solum apta rebus sed etiam sonora atque numerosa sunt», «La elocuencia no es otra cosa que sabiduría expresada con abundancia; y cuando se ajusta al uso civil, aparece eso que llamamos elegancia: palabras no solo adecuadas a las cosas, sino también sonoras y medidas».

Aquí «elegantia» no es ornamento vacío: es ajuste entre res, verba y numerus.

Erasmo de Rotterdam, «De ratione studii»: «Humanitas non in verbis tantum sed in moribus consistit; litterae sunt quasi seminarium animi», «La humanitas no consiste solo en palabras, sino en las costumbres; las letras son como el semillero del alma».

Si todavía leemos a Sócrates es porque aún creemos que la conversación puede salvar algo.

Sra. Vallejo, la verdadera gracia nace de una facilidad que parece natural; surge de larga práctica de las letras y de esa humanitas que hace civil al hombre. Usted respira elegancia y humanidad. Un honor leerla. De veras.

Cabaleiro 59

(A Rosa Belmonte)

«Il faut de l’air dans les livres comme dans les maisons», «Hace falta aire en los libros como en las casas». Una prosa amalgamada, morcillesca, suele olvidar esa cortesía: mezcla sin jerarquía. Escribir es ir dejando espacios para que el lector piense. Cicerón recomienda el «periodus»: una frase amplia pero equilibrada: Ut membra sententiae respondeant (Que las partes de la frase se correspondan) No se trata de frases cortas, sino de arquitectura interna. Una morcilla textual carece precisamente de esa simetría.

Quintiliano, en «Institutio Oratoria», libro VIII, no nos recomienda la congestión: «Vitium est cum oratio nimis densatur» (Es un defecto cuando el discurso se densifica demasiado) La tradición retórica recomendaba claritas, ordo, varietas, numerus breuitas, moderata, dispositio, decor, perspicuitas, transitus claros, respiratio. Usted transgrede -felizmente- no pocos de ellos.

Usted me gusta; cut up de Kathy Acker cruzado con la Pantera Rosa. Decididamente tiene lo que los pedantuelos del post-estructuralismo llamaban «estilemas». En sus peores momentos, leerla es como vadear un río lleno de pegamento, pero, en los mejores, fulge con un lúcido desparpajo pop contemporáneo y vivo. Un abrazo.

Cabaleiro 58

(A Rosa Belmonte)

«Il faut de l’air dans les livres comme dans les maisons», «Hace falta aire en los libros como en las casas». Una prosa amalgamada, morcillesca, suele olvidar esa cortesía: mezcla sin jerarquía. Escribir es ir dejando espacios para que el lector piense. Cicerón recomienda el «periodus»: una frase amplia pero equilibrada: Ut membra sententiae respondeant (Que las partes de la frase se correspondan) No se trata de frases cortas, sino de arquitectura interna. Una morcilla textual carece precisamente de esa simetría.

Quintiliano, en «Institutio Oratoria», libro VIII, no nos recomienda la congestión: «Vitium est cum oratio nimis densatur» (Es un defecto cuando el discurso se densifica demasiado) La tradición retórica recomendaba claritas, ordo, varietas, numerus breuitas, moderata, dispositio, decor, perspicuitas, transitus claros, respiratio. Usted transgrede -felizmente- no pocos de ellos.

Usted me gusta; cut up de Kathy Acker cruzado con la Pantera Rosa. Decididamente tiene lo que los pedantuelos del post-estructuralismo llamaban «estilemas». En sus peores momentos, leerla es como vadear un río lleno de pegamento, pero, en los mejores, fulge con un lúcido desparpajo pop contemporáneo y vivo. Un abrazo.

Cabaleiro 57

En la cultura democrática surge mucha producción y poca autoridad; una inflación de títulos y una escasez de nombres con peso, de autores de primera fila.

Tocqueville también fue profético en su análisis de la cultura dentro de la democracia. Véase: «De la démocratie en Amérique», Libro II, Parte I, capítulos XIII–XV, donde analiza la literatura, la cultura democrática y el “espíritu industrial”. Valga al respecto este tren de citas.

(i) Sobre la fugacidad cultural: « Chez les peuples démocratiques, le nombre des ouvrages y paraît fort grand, tandis que celui des auteurs connus y est fort petit. La plupart des hommes qui vivent dans ces siècles sont occupés par la politique ou par les affaires ; ils écrivent peu pour la gloire et beaucoup pour le moment présent. Les partis s’emparent de la littérature comme d’une arme ; des brochures innombrables naissent, circulent et disparaissent presque aussitôt, laissant à peine une trace durable dans l’esprit public» (Entre los pueblos democráticos, el número de obras parece muy elevado, mientras que el de autores conocidos es muy reducido. La mayoría de los hombres que viven en estos siglos se dedican a la política o a los negocios; escriben poco para la gloria y mucho para el momento presente. Los partidos se apoderan de la literatura como de un arma; innumerables folletos nacen, circulan y desaparecen casi inmediatamente, sin dejar apenas huella duradera en la opinión pública)

(ii) Sobre el gusto democrático: «Les hommes qui vivent dans les démocraties aiment les livres qui se lisent vite, qui ne demandent point de recherches savantes pour être compris et dont on puisse saisir la pensée principale sans peine. Ils demandent des beautés faciles et des émotions rapides ; il leur faut surtout de l’inattendu et du nouveau, et ils se lassent aisément des œuvres qui exigent une longue attention» (A los hombres que viven en democracias les gustan los libros que se leen rápido, que no requieren investigaciones eruditas para ser comprendidos y cuya idea principal se puede captar sin dificultad. Buscan bellezas fáciles y emociones rápidas; sobre todo, necesitan lo inesperado y lo nuevo, y se cansan fácilmente de las obras que exigen una atención prolongada)

(iii) Sobre la forma literaria: «Dans les démocraties, la forme est souvent négligée ou même méprisée ; les écrivains, pressés par le désir d’être lus par le plus grand nombre, cherchent la rapidité plutôt que la perfection. Ils exagèrent la pensée afin qu’elle frappe vivement l’imagination, et ils préfèrent l’effet immédiat à la beauté durable» (En las democracias, la forma suele descuidarse o incluso menospreciarse; los escritores, impulsados por el deseo de ser leídos por el mayor número posible de personas, buscan la rapidez en lugar de la perfección. Exageran el pensamiento para que impacte vivamente en la imaginación y prefieren el efecto inmediato a la belleza duradera)

(iv) Los clásicos como higiene: «L’étude des langues et des littératures anciennes est une sorte d’hygiène salutaire pour les peuples démocratiques. Tout y est écrit pour les connaisseurs, rien n’y est fait à la hâte ; on y apprend la mesure, la précision et le respect de la forme. Ces qualités combattent les défauts littéraires qui naissent naturellement dans les siècles d’égalité» (El estudio de las lenguas y literaturas antiguas es una especie de higiene saludable para los pueblos democráticos. Todo está escrito para los entendidos, nada se hace con prisas; se aprende la mesura, la precisión y el respeto por la forma. Estas cualidades combaten los defectos literarios que surgen de forma natural en los siglos de igualdad)

Cabaleiro 56

Hoy he vuelto a sentir ese vacío que no proviene de nada en concreto. Trabajo, fumo, camino entre los otros, pero por dentro algo se separa de mí mismo. La escritura es mi única manera de no disolverme, aunque a veces ni siquiera ella logra sostenerme.

Se vive esperando una felicidad que no llega; y aun así se sigue escribiendo, como quien deja señales para un viajero que nunca pasa. Anoto pequeñas frases para no caer en el silencio total; escribir breve es a veces la única defensa contra el peso del día. Anoto y escribo con tristreza.

Cabaleiro 55

Hoy he vuelto a sentir ese vacío que no proviene de nada en concreto. Trabajo, fumo, camino entre los otros, pero por dentro algo se separa de mí mismo. La escritura es mi única manera de no disolverme, aunque a veces ni siquiera ella logra sostenerme.

Se vive esperando una felicidad que no llega; y aun así se sigue escribiendo, como quien deja señales para un viajero que nunca pasa. Anoto pequeñas frases para no caer en el silencio total; escribir breve es a veces la única defensa contra el peso del día. Anoto y escribo con tristreza.

Cabaleiro 54

(Contra el oversharing)

-Natalia: He subido un vídeo contando que me siento vacía. La gente me entiende. Me hace bien no callarlo.

-Christian: ¿Estás segura de que te entiende… o solo te responde?

-Natalia: ¿Qué diferencia hay?

-Christian: Toda. Entender exige tiempo, silencio y contexto. La respuesta inmediata suele ser solo reflejo.

-Natalia: Pero hablar libera.

-Christian: Hablar elabora solo cuando hay marco. Sin límites, repetir el dolor lo fija, no lo transforma.

-Natalia: ¿Entonces debería callarme?

-Christian: No. Deberías reservarte. La intimidad no es silencio: es un espacio protegido para que lo que sientes madure antes de mostrarse.

-Natalia: ¿Y si necesito que me vean?

-Christian: Entonces ya no hablas para comprenderte, sino para sostenerte en la mirada ajena. Eso crea dependencia, no fortaleza.

-Natalia: ¿No es más auténtico mostrarse tal cual?

-Christian: No. Es auténtico terminar una emoción antes de exhibirla. Mostrar lo inacabado no es verdad: es descuido.

-Natalia: Nunca lo había pensado así.

-Christian: Porque hoy se nos enseña que todo sentimiento merece público. Pero lo más valioso del alma se trabaja en privado o se degrada en escena.

-Natalia: Entonces… ¿qué debería hacer con lo que siento?

-Christian: Dárselo a quien pueda sostenerlo sin convertirlo en espectáculo. La dignidad empieza donde termina la exposición.

***

Conviene reservarse una “trastienda” interior, un espacio propio donde nadie entra; allí reside la verdadera libertad. La incapacidad de permanecer en la intimidad impulsa la búsqueda constante de distracción y exhibición. Ciertos afectos se empobrecen cuando buscan audiencia. Para Chamfort, la exposición sentimental puede ocultar una búsqueda de reconocimiento más que una necesidad auténtica y La Bruyère insiste en que el corazón posee pliegues que no deben entregarse al primer espectador.«Lo que se muestra demasiado pierde estimación; aun la verdad quiere velo», Gracián, que conecta pudor y prudencia; la forma es parte de la verdad misma.Hay cosas que ayudan más en silencio; confesar el dolor al vulgo rara vez lo alivia.

***

Desde la filosofía moral y política, la intimidad no es lo que “se esconde”, sino el ámbito donde el yo puede elaborarse sin espectáculo. Hannah Arendt distingue entre lo privado, donde se gesta la identidad, y lo público, donde se actúa y se responde ante otros. Cuando lo íntimo se expone sin mediación, se destruye su función formativa. El sujeto deja de pensarse y empieza a representarse. No habla para comprenderse, sino para ser visto.

Mostrar emociones crudas es ineducado, no por moralismo, sino por falta de forma. La tradición humanista siempre defendió discreción, pudor, contención. No como represión, sino como respeto por lo que aún no está elaborado. Erving Goffman lo formula así: toda vida social requiere fronteras entre bastidores y escenario. Cuando todo es escenario, no queda vida interior.

No todo sentimiento exige audiencia. Esto empobrece el lenguaje emocional, infantiliza el conflicto y debilita el carácter. No fortalece la empatía: la banaliza.

***

Decálogo estoico contra la exposición excesiva

(i) No todo dolor merece audiencia; muchos solo merecen trabajo interior.

(ii) Quien se confiesa a la multitud deja de escucharse a sí mismo.

(iii) La emoción sin forma busca aplauso; la emoción madura busca comprensión.

(iv) Exhibir la herida no la cura: la fija.

(v) El exceso de sinceridad suele ser falta de disciplina.

(vi) La intimidad es fuerza silenciosa; su pérdida, dispersión del carácter.

(vii) Hablar para todos es pensar poco; pensar mucho exige reserva.

(viii) La mirada ajena consuela un instante, pero debilita si se vuelve necesaria.

(ix) La vida interior no necesita testigos para existir.

(x) Guarda un territorio inviolable: quien nada protege, nada posee.