Tentativas 38

El esquizofrénico no interpreta el mundo: lo experimenta ya transformado. No hay puente entre su vivencia y la comprensión del no esquizofrénico. El yo pierde su frontera: lo que era interior se vuelve exterior, y lo exterior invade lo más íntimo. Ya no participamos en el fluir del tiempo vivido; quedamos detenidos, como separados de la corriente de la vida. El mundo continúa, pero tú ya no estás en él.

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Desgarramiento que te arranca de ti mismo, sobreabundancia de significados incomprensibles; atraviesan el aire aleteos de ratas. Girar sobre ti mismo como un derviche defectuoso. Tu mente pierde su arquitectura. Construyes otro mundo cuyas reglas son invisibles para los sanos. Ecos que discuten y mandan muy privadamente, solo para ti mismo. Soledad.

Tentativas 37

(Dos viejos maestros. Retrato espiritual)

Lamas, Gracia… polímatas y ancianos venerables verdaderamente interesantes, pues no se repiten, sino que introducen variaciones imperceptibles en lo ya vivido, como un músico que rehace una pieza que solo él recuerda. Yo detecto eso, esos fondos elegantes en que organizan su experiencia. No son todavía reliquias, sino estructuras: en ellos, cada gesto parece haber sido retenido, corregido, depurado a lo largo de los años. Y esa depuración —más que la duración— es lo que los vuelve memorables.

Han perdido muchas cosas, pero ganaron una esencial: la imposibilidad de fingir. Comprenden la relatividad de las modas y de los entusiasmos, su quietud aún no es reposo, sino parcial acuerdo, y miran sin desear, se resisten a ser retirados del escenario, saben que todo es dolorosamente finito, aunque lo aceptan, y les urge la forma y los libros, no así los acontecimientos y las noticias.

Tienen una manera de recordar que no es lineal. Sus relatos avanzan por asociaciones, por imágenes que emergen sin previo aviso, como si la memoria no fuera un archivo, sino un paisaje en ruinas. Y, sin embargo, en esas ruinas hay una forma de verdad que no puede encontrarse en los relatos ordenados.

El anciano lúcido es una contradicción viviente. Ha comprendido demasiado tarde lo que no podía comprender antes, y ahora ese conocimiento ya no sirve para nada. Su sabiduría es inútil, pero precisamente por eso es pura: no busca aplicación, no pretende convencer.

Los viejos verdaderamente cultivados no exhiben su saber: lo dosifican. Hablan como si cada palabra tuviera un coste, como si supieran que el lenguaje es un recurso limitado. En su silencio hay más conocimiento que en muchos discursos.

Recordemos a Proust cuando afirmó que los ancianos poseen un privilegio que los jóvenes ignoran: el de habitar simultáneamente varios tiempos. Para ellos, el presente está siempre atravesado por capas de memoria que lo enriquecen y lo distorsionan. No viven en un instante, sino en una superposición de instantes.

Tentativas 36

Hollywood es la forma más perfecta de la mentira y el tópico organizado. Allí todo está dispuesto para producir una ilusión que ya no engaña a nadie y, sin embargo, todos -ingenuamente- aceptan. Es una maquinaria de producir en serie: siempre la misma historia reproducida hasta el agotamiento, los manidos clichés vez tras vez, los mismos actores.

Una fábrica de sueños, se dice. Yo veo más bien una fábrica de anestesia y abobamiento. Todo está ahí para que no sientas nada de verdad. Te dan emoción prefabricada, dolor sin herida, amor sin riesgo, ideas en forma de autoayuda, aburrimiento y simpleza con imágenes. Es el gran circo donde la vida se convierte en espectáculo para que nadie tenga valor para vivir la suya.

Bajo el brillo de las estrellas hay una historia de destrucción que el propio sistema necesita ocultar para seguir funcionando. Cocaína, grandes bungalows con piscina y fox-terrier e infidencias en la barbacoa, cirugía, incultura pasmosa, liberalismo de opereta, lujo obsceno, ruina y viejas glorias.

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«Hollywood ha sido, en sus mejores momentos, una máquina de energía cultural: un lugar donde la música, el cuerpo y la imagen se combinan para producir algo que no existe en la vida cotidiana. Pero esa energía es inestable: puede convertirse en pura fórmula si se repite sin riesgo», Wesley Morris.

«Las películas de Hollywood pueden ser vulgares, sentimentales, incluso absurdas, pero cuando funcionan, tienen una vitalidad que ninguna otra forma artística puede igualar. No son arte elevado: son otra cosa, más inmediata, más física, más peligrosa», Pauline Kael.

«Hollywood vive de repetir fórmulas que ya han demostrado funcionar. De vez en cuando aparece algo que rompe esa inercia, pero la mayor parte del tiempo se limita a ofrecer lo que el público espera. Y el público, por desgracia, espera cada vez menos», Carlos Boyero.

Tentativas 35

Michel de Montaigne

«El mayor castigo no es el destierro del cuerpo, sino el de la conversación. Ser excluido de los hombres es ser arrojado a un silencio donde uno ya no encuentra resistencia ni eco. Y, sin embargo, hay quienes se refugian en ese apartamiento como en una libertad: no porque amen la soledad, sino porque han aprendido a desconfiar de la compañía».

Jean-Jacques Rousseau

«He sido expulsado no por mis crímenes, sino por mis opiniones. No se me ha condenado por lo que he hecho, sino por lo que he pensado. Y ese es el ostracismo más refinado: aquel que no se declara, que no se firma, pero que se ejerce con una unanimidad silenciosa, como si toda la sociedad hubiese decidido, sin decirlo, que uno ya no pertenece a ella».

Arthur Schopenhauer

«El hombre superior se encuentra inevitablemente aislado. No por elección, sino por incompatibilidad. La sociedad rehúye lo que no puede comprender, y aquello que la excede la incomoda. Así, el aislamiento no es un accidente, sino la consecuencia natural de una desproporción entre el individuo y su entorno».

Friedrich Nietzsche

«Quien asciende, se aparta. No porque desee la soledad, sino porque ya no encuentra interlocutores. Los hombres se agrupan por semejanza; el que es distinto rompe el círculo. Y entonces es expulsado, no mediante leyes, sino mediante una distancia que crece hasta hacerse insalvable».

Franz Kafka

«Uno es apartado sin saber cuándo ocurrió la decisión. No hay decreto, no hay anuncio: simplemente, un día, las palabras ya no llegan, las miradas no se detienen, y uno comprende que ha sido excluido de un mundo que sigue funcionando como si nunca hubiera estado en él».

Albert Camus

«El destierro no es sólo geográfico. Hay un exilio más profundo, que consiste en no ser comprendido. Vivir entre los hombres sin compartir su lenguaje es ya una forma de ostracismo. Y ese aislamiento, sin embargo, es también una lucidez: la de quien ha visto demasiado para poder volver a la inocencia común».

Thomas Bernhard

«La sociedad no expulsa mediante actos visibles, sino mediante un desgaste continuo. Se le niega a uno la palabra, la escucha, la posibilidad de existir en común. Y así, sin ceremonia alguna, uno es apartado. No hay mayor violencia que esta: la de ser borrado lentamente, mientras todo continúa como si nada».

George Steiner

«El verdadero exilio del escritor no es la distancia geográfica, sino la pérdida de interlocutores. Cuando ya no hay quien pueda leerlo en la profundidad que exige, el autor queda aislado en su propia lengua. Y ese aislamiento es más radical que cualquier destierro político».

Emil Cioran

«Ser ignorado es una forma de muerte lenta. El odio al menos reconoce; el desprecio, en cambio, borra. El ostracismo moderno no necesita decretos: basta con la indiferencia organizada».

Tentativas 34

(Artemis II)

La luna no es solo un fenómeno romántico o simbólico: es un mecanismo óptico, un espejo físico-químico. La veo, y en lugar de sentimientos, propensos a la cursilería, observo cómo su luz, despojada de calor, se posa sobre los objetos. En el jardín, cada hoja parece rehecha por una mano más fría que la del día.

Bajo su influjo, las proporciones de la casa se vuelven ambiguas; lo que de día era claridad arquitectónica se transforma en una insinuación, llena de sutileza y álgebra. Nada está oculto, pero todo parece susceptible de ser mal entendido. Y esa es, precisamente, su cualidad más inquietante.

Su hora es aquella en que la naturaleza se vuelve dibujo: severa y exacta. No hay nada más aristocrático que la luna: no pertenece a nadie, no sirve a nada, no se justifica. Está ahí, como están las obras maestras: para quien tenga la educación suficiente para reconocerlas.

Elegancia de antiguas conversaciones platónicas. Artificio cultural: en las lecturas y en nuestra educación sentimental. Ninguna luna es virgen: todas están ya escritas.

Estuvo en los poemas de los griegos y estará en los de mañana; no ha envejecido con nosotros. Quizá por eso nos inquieta: porque revela, sin proponérselo, la futilidad de nuestras novedades. Mi maestro Álvarez escribió: «Bajo la luna, todo adquiere una dignidad ligeramente teatral. No porque sea más verdadero, sino porque se vuelve más consciente de su forma. Y esa conciencia —ese leve exceso de estilo— es lo único que salva a las cosas de la vulgaridad del día».

Tentativas 33

En las salas comunes del manicomio (Piñor), los pacientes no formamos una comunidad en sentido pleno, sino una yuxtaposición de soledades. Cada uno está absorbido por su propio mundo, de modo que la presencia de los otros no genera un espacio compartido, sino una coexistencia sin verdadera reciprocidad humana. Tú observas a los demás, intercambias palabras rutinarias, pero rara vez logras establecer con alguno de ellos una relación significativa.

La interacción es fragmentaria o imposible. Nos hablamos acaso, pero con un lenguaje sin puentes. Proximidad constante, pero una gran distancia moral. A veces intentaba hablar. Las palabras salían, pero no llegaban. Era como lanzar algo que no encuentra dónde posarse. El otro respondía, pero su respuesta no tenía relación con lo que yo había dicho.

Cada uno con su idiolecto particular. Compartimos el mismo aire, el mismo espacio; cada uno en su rincón interior. Te miran, te rozan, te insultan incluso, pero rara vez nos encontramos. En esas instituciones caminas, hablas, repites gestos sin cesar, y uno se ve obligado a asistir a ese espectáculo sin poder sustraerse.

No hay diálogo posible, solo una coexistencia.

Tentativas 32

Esquizofrenia: ruptura de la conexión significativa. Las ideas ya no se enlazan según una lógica comprensible; aparecen yuxtapuestas, desplazadas, interferidas, como pedazos de órganos en una autopsia. El pensamiento no se desarrolla: se dispersa.

La conciencia se descompone en una multiplicidad de fragmentos apenas coordinados. Las ratas corretean en el laberinto. Esta descomposición afecta tanto al pensamiento como a la afectividad y la voluntad. El resultado es una existencia psíquica sin eje.

Restos, fragmentos, ecos sin continuidad. Intento seguir una idea, pero se me escapa. No porque la olvide, sino porque deja de estar ahí. Otra cosa aparece en su lugar, y luego otra, sin relación. No hay camino, solo saltos.

No puedo mantener una línea. Todo se interrumpe: el pensamiento, la intención, incluso la emoción. Empiezo a sentir, oír o idear algo y se corta, como si alguien hubiera cambiado de canal, entrar y salir de ratas por las tuberías. Todo se me deshace en la cabeza. Las palabras ya no obedecen a ninguna gramática; vienen, se superponen, se anulan. Es como intentar construir con arena seca: nada se mantiene. Proliferación de comienzos sin fin. Imposible retener el agua en las manos.

Un movimiento perpetuo que no conduce a ninguna parte.

Tentativas 31

Empecé intentando leer a Saint-Beuve, continué con Agatha Cristie, y acabé con un Tintín. No pude con ninguno. Parecía que debía empezar a aprender las letras de cada palabra, las palabras de cada párrafo, los párrafos de cada capítulo. No pude; mi mente estaba totalmente descontrolada y destructurada, y aparecían ratas entre las páginas. No era el fautor de mis propios actos psíquicos; mis pensamientos parecían deshechos e impuestos.

Nada parecía depender de mi voluntad. La pérdida del control sobre el curso mental constituye uno de los signos más profundos de mi enfermedad. El yo deja de ser el centro organizador; las asociaciones se aflojan, la afectividad se disocia y la voluntad pierde su continuidad. No logras gobernarte. Vivía mis procesos psíquicos como entes olvidados e incomprensibles.

LLego siempre tarde a lo que ya está ocurriendo en mi cabeza. Las ratas toman el contro. Mi cuerpo obedece a órdenes que no he dado. Mi mente es como una habitación sin cerradura. Todo entra: palabras, imágenes, voces, órdenes. Y no hay manera de decir “no». La conciencia es un escenario invadido.

No el exceso, sino la usurpación. Las ratas como único horizonte vital. Todo sigue ocurriendo —pensar, sentir, moverse—, pero ya no bajo mi autoridad. Soy el lugar donde algo piensa, no quien piensa. Hay una humillación más profunda que el sufrimiento: la de no poder detener lo que ocurre en uno mismo. Querer callar y no poder. Querer ordenar y no poder. Querer ser y no poder.

Tentativas 30

Hastío. Ya viví demasiado conmigo mismo. Ya di demasiadas vueltas a mis dos o tres obsesiones. No es que uno quiera morir —eso sería demasiado exquisito—; lo que uno quiere es dejar de estar expuesto a esta continua deformación que es vivir entre los hombres. El desgaste y la desesperación de estar entre ellos. Con su sudor, hedor, burricie y mucosidades. Entre la cabeza hueca de hombres fabricados en serie, con la sesera rellena de paja. Donde todo es un déja vu de oscuridad azul petróleo.

Anhelar el alivio de los pasillos vomitados del manicomio. Detener la carnicería del movimiento. Explotar como grisú en una mina; salir del salón de fiestas. Ser alimento.

Tentativas 29

La claridad es la primera ley del estilo; pero no una claridad superficial, sino aquella que nace de la exactitud del pensamiento. El escritor que no piensa con precisión no puede escribir con claridad. El estilo no es un adorno: es la manifestación visible del rigor interior. Cada gran escritor crea su propio lenguaje, que es la forma necesaria de su pensamiento. La crítica que juzga el estilo como algo accesorio no ha comprendido la naturaleza del arte.

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No hay estilo sin visión. El escritor no describe las cosas: las recrea en su sensibilidad. Y esa recreación exige lentitud, exactitud, amor al matiz. Una prosa rápida es casi siempre una prosa superficial.

“El estilo no es un instrumento para comunicar algo previamente concebido, sino el lugar donde el pensamiento se forma. La dificultad no es un defecto: es la consecuencia natural de un pensamiento complejo. La claridad puede ser, muchas veces, una forma de simplificación engañosa. La verdadera prosa debe resistirse, debe exigir al lector”, Juan Benet.

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“Estoy enamorado de esta verde tierra; del rostro de la ciudad y del campo; de las indecibles soledades rurales y de la dulce seguridad de las calles. Aún conservo en mí un gusto por la tierra; pero no desconozco tanto las formas más artificiales de la vida como para no hallar en ellas también placer. El estilo de escritura que más estimo es aquel que menos parece estudiado, el que parece brotar a medida que se escribe, como una efusión inmediata de la mente del autor, más que como el resultado de una composición laboriosa. Y, sin embargo, esa negligencia debe ser una negligencia estudiada: un arte que oculta el arte”, Charles Lamb.

Un buen estilo no es el que es meramente correcto, sino el que está vivo; el que comunica el temperamento del escritor, su alegría o su melancolía, su facilidad o su pasión. Debe tener gracia, pero no rigidez; familiaridad, pero no vulgaridad.

Quiero un estilo que sea a la vez preciso y raro, un estilo que restituyera las más mínimas matizaciones de la sensación. Las palabras ordinarias no bastan para expresar ciertas impresiones; hay que forzarlas, desviarlas, enriquecerlas. El estilo es una alquimia.

El estilo es la manera en que la verdad atraviesa a un hombre.