SOLAPA INTERIOR «MANGA POR HOMBRO»

SOLAPA INTERIOR «MANGA POR HOMBRO»

Christian estudió matemáticas, filosofía e idiomas. Estudiante eterno (es consciente de que prácticamente no sabe nada, o sin el «prácticamente») Vida mental alta; empírica, irrisoria. Conoce los principales manicomios de España.

Pese a poses literarias, les confiesa ahora la verdad: la distinción o superioridad aristocrática de su espíritu fue otra ficción o delirio. Pero su heroísmo en esta decadencia, real. Amó las perfecciones invisibles. No trabajó, no produjo, no sirvió. Fue orgulloso y detestó la vulgaridad desde su liliputiense altura. Racionalista. Gastó sus buenos dineros en perfumes y escorts.

Me despido de ustedes. Fue bonito esbozar estos diez libros.

Gracias y adiós. Gracias. De veras.

CONTRATAPA «MANGA POR HOMBRO»

CONTRATAPA «MANGA POR HOMBRO»

La felicidad es breve como un relámpago; la desdicha, en cambio, es el clima permanente del universo. Soy una jaula en busca de pájaro. Hay en mí una espera infinita, una tensión sin objeto. A veces siento que el mundo entero se ha vuelto estrecho, que la realidad es un pasillo del que no hay salida visible. Con mamá mi vida tenía salida.

Burton: “La melancolía es el carácter mismo de nuestra naturaleza. Todos estamos locos en algún grado; todos estamos tristes en algún momento; todos somos víctimas de nuestros humores. El mundo entero es un teatro de perturbaciones, una comedia de errores y una tragedia de ilusiones. La mente humana, abandonada a sí misma, fabrica fantasmas, sospechas y tormentos; y aun cuando todo exteriormente esté en calma, el alma inventa su propio invierno”. Soy un melancólico. Con mamá, nunca.

Dedico estos diez libros publicados a mi madre, bandada de jóvenes pinzones, refugio de mis días invernales.

La felicidad grande está sujeta a mudanza; la segura, a discreción. Más vale dicha constante que ventura ruidosa, dijo Gracián. Dichoso el que puede decir: nada me falta; más dichoso el que puede decir: nada deseo. La alegría rezuma veneros de diamantes.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”, Don Quijote, II, 58.

Pronto contigo, mamá. No escribiré más.

SOLAPA INTERIOR «NAUFRAGIOS»

SOLAPA INTERIOR «NAUFRAGIOS»

Christian se matriculó de oyente en Exactas y se licenció en Filosofía. Amplió estudios en la Boston University. Domina las principales lenguas de cultura europeas. Escribe en interminables jornadas maratonianas porque siente el cuchillo de la muerte cada vez más cerca del cuello.

Sainte-Beuve: “Lo que me interesa en un autor no es tanto lo que dice como lo que es; no tanto sus sistemas como su fondo moral. Un libro vale lo que vale el alma que lo ha producido”.

El alma de Christian es un nido de serpientes y un búcaro de rosas. Le gustan las ostras y las fresas con nata. Este es su penultimo libro. Se siente viejo, cansado, gastado.

Escribe porque no sabe hacer otra cosa; y sin embargo, nada le parece más inútil.

Buenas noches y buena suerte.

CONTRATAPA A «NAUFRAGIOS»

CONTRATAPA A «NAUFRAGIOS»

Sobre los libros de Christian Sanz Gómez escribió José María Álvarez: «Libros que toda persona que merezca la pena, debe leer. Grandes libros de una aplastante lucidez y una estremecedora escritura. Amigo Christian, tú sí eres un escritor de verdad. Gracias». El maestro exageró con elogios hiperbólicos. Pero el autor agradece el gesto.

El autor recibió del mundo una implacable hostilidad y rechazo. Desde bien temprano. Se refugió en el arte. Tuvo el arte para no morir del todo. En la intimidad de su biblioteca pasó la mayor parte de los días de su vida.

La gente son pobres diablos y no César Borgias. A diferencia de ellos, Christian aspiró a una noble simplicidad y una serena grandeza, tanto en la apostura como en la expresión. Así como las profundidades del mar permanecen siempre tranquilas, por muy agitada que esté la superficie, del mismo modo la expresión de su sintaxis revela, incluso en las pasiones más violentas, un alma grande y equilibrada.

La contemplación de la belleza desinteresada eleva al hombre por encima de la naturaleza sensible; le hace olvidar las miserias de la vida y lo conduce a una región más pura del espíritu. En esa región habitó el autor no pocas veces.

Se ruega una oración por su alma.

Cabaleiro 196

La vida española real ha sido siempre más sensata que su vida política. El país real no es lo que aparece en los periódicos. La nación es la inmensa mayoría de los españoles que trabajan, viven, aman y esperan sin hacer ruido. Los hombres discretos, los hombres responsables, los hombres que trabajan con rigor y profesionalidad, son los que sostienen la continuidad histórica de los pueblos. La historia visible la hacen los agitadores; la historia verdadera la sostienen los hombres silenciosos.

Manuel Azaña distingue entre la España política y la España real. Así escribe: «La España real ha vivido siempre más allá del ruido y de la política». Y Ortega señaló algo muy pertinente: «La vida pública española ha padecido siempre una hipertrofia de lo político». Hay una civilización silenciosa: la de la competencia frente a la estridencia, el trabajo bien hecho frente al discurso vacío, la continuidad frente al espectáculo.

El progreso de un país no lo hacen los que hablan, sino los que trabajan. También yo percibo españoles moderados, educados, trabajadores, poco ruidosos, sostenedores de la patria. El ingeniero que vuelve tarde a casa, el arquitecto que resuelve un problema de cálculo de estructuras, el agricultor que digitaliza su granja, el cirujano operando a las ocho de la mañana… ellos son la savia que edifica España.

Contra el barullo ideológico recuerdo a George Orwell: «El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y el asesinato respetable, y para dar apariencia de solidez al puro viento» («Politics and the English Language»)

Cuando el batiburrillo domina la política, la sociedad real sigue trabajando en silencio.

Cabaleiro 195

La idea de las realidades paralelas o Muchos Mundos en física, se argumenta a partir de (dicho sencillamente): (i) La función de onda nunca colapsa (ii) En una medición, el universo se “ramifica” en historias incompatibles (en una ves A, en otra ves B) (iii) Tú solo experimentas una rama, pero las otras existirían “en paralelo”.

Esta idea no pertenece al nucleo estándar de la física, sino a una nube especulativa físico-matemática muy sugerente.

Más documentado empíricamente son los ejemplos de políticos (y entornos políticos) que “niegan la realidad” o desvían la atención; en vez de de afrontar el problema, éste se niega, se maquilla, y se crea una narrativa sustitutoria.

Eso abundó en la China de Mao y en la URSS de la era de Stalin. Actualmente vemos que a muchas banderías políticas algunos hechos les molestan, por lo que crean surreales marcos alternativos. Muy mala es aquella política que intenta «maniobrar» la verdad factual. Pésimo es vivir en la mentira y desacreditar asimismo la verdad. Demasiadas ideologías ordenan rechazar la evidencia que nace en tus ojos y oídos. No prestar ningún caso en absoluto a la verdad es una forma de inicio de la decadencia, una puerta de entrada a los charlatanes, a las consignas irracionales sin refrendo empírico.

Parece que en nuestra época los hechos y los acontecimientos son cosas infinitamente más frágiles. Pero recuérdese este axioma: los hechos alternativos no son hechos.

Para Aristóteles: «Decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero, y decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso». Tarski le dio una forma lógico-matemática a esa definición secular.

Parece que para demasiados políticos la verdad consiste en decir que es lo que no es, y que lo que no es que es.

Tiempos de impostura e impostores.

Cabaleiro 194

De Demóstenes, Cicerón o Churchill aprendimos claridad expositiva, ironía elegante, rigor lógico, ritmo musical y dominio del idioma. También solemnidad contenida, o equilibrio entre conversación y elevación. De esos ilustres precedentes hemos pasado a la embarazosa mediocridad de los tertulianos.

Las tertulias ofrecen ignorancia de la gramática, la historia, la filosofía, el derecho o la ciencia. Tertulianos que, en rigor, conocen muy poco. Fast-thinkers que se interrumpen sin cesar, no mantienen un orden estructural en su exposición, y sustituyen el argumento por una cascada de falacias; un discurso, en fin, sin decoro ni competencia técnica, y con bajos estándares intelectuales.

Sus intervenciones son tan breves que no se puede oír desarrollar un argumento, y todo está envuelto en un ambiente de tan acusada superficialidad que la profundidad deviene un ideal imposible. En las tertulias los problemas se reducen a consignas. El gesto es lo relevante, no así el razonamiento. Y, dado que la polémica aumenta la audiencia, se incentiva y prima la discusión bronca y maleducada.

Si la oratoria clásica aspiraba a formar ciudadanos, la tertulia contemporánea aspira solo a generar audiencia. A veces observamos algún dialéctico rápido y ágil, o bien con una notable cultura, pero eso es la excepción.

Recordémoslo. Hablar mucho no es hablar bien. Una buena idea vale más que diez opiniones. La interrupción significa la renuncia a persuadir. La elocuencia no es viralidad. Levantar la voz no significa alzar la razón. Ridiculizar no es refutar.

En resumen, un buen tertuliano debería ser una persona razonable experta en hablar; y no una máquina chirriante de ruidos y aspavientos.

Cabaleiro 193

Edgar Malcolm Stroud nació en 1934 en Salford, cerca de Manchester. Hijo de un revisor de tranvías y de una costurera aficionada a las novelas sentimentales. Creció leyendo revistas pulp, seriales de detectives y ciencia ficción barata comprada en mercadillos ferroviarios.

Estudió Filología Inglesa en Leeds, pero nunca terminó la tesis sobre Sterne que había empezado con fervor juvenil y creciente irritación. Confesaba que Tristram Shandy le producía “una mezcla de admiración y fatiga muscular”.

Durante los años 60 trabajó como redactor publicitario, crítico ocasional de televisión y columnista deportivo (era devoto del Manchester United de Busby). Publicó reseñas incendiarias contra la “prosa marmórea” de ciertos modernistas.

En 1982 lanzó su panfleto-manifiesto “Long Live Pop Literature!”, que se convirtió en libro de culto entre lectores jóvenes hartos de la solemnidad universitaria. Fue traducido al alemán y al italiano, pero ignorado por la academia británica. En 1987 publicó la segunda parte del libelo original: “It’s Rubbish… BUT I LIKE IT!”

La tesis central que defiende es que la alta cultura se ha convertido en una industria moral de prestigio. La literatura popular, en cambio, conserva el placer. Allí escribió: “High culture is often nothing but slow reading performed for social applause», «La alta cultura no es a menudo más que una lectura lenta ejecutada para el aplauso social». “If you need footnotes to feel superior, you are already intellectually bankrupt”, «Si necesitas notas al pie para sentirte superior, ya estás en bancarrota intelectual». “Intellectual density is often a polite synonym for boredom”, «La densidad intelectual suele ser un sinónimo educado de aburrimiento. «Television taught me more about rhythm than Thomas Mann ever did”, «La televisión me enseñó más sobre ritmo que Thomas Mann».

Murió en 1997 dejando una repitación ambigua. No pocos críticos posteriores lo han considerado un precursor del giro cultural que legitimó la cultura digital a partir del 2000.

Cabaleiro 192

(A Carlos Boyero)

Me gustan sus críticas; son pasionales, caprichosas, impresionistas, arbitrarias. Hay una larga tradición en la defensa de la crítica de esta especie: subjetiva, parcial, incluso frívola.

La crítica no es más que autobiografía. El único argumento que cuenta es la aventura entre una mente y una obra. Amar y detestar, sin más razones. Dos joyas de Wilde: “El crítico verdaderamente grande jamás ve la obra como realmente es; la ve como él mismo es». Y también: “El desacuerdo con la crítica es simplemente la prueba de que el crítico es sincero.”

El núcleo de este enfoque es no preguntar o juzgar por normas abstractas; preguntarse tan solo qué efecto producen en ti las películas, los libros, los cuadros, la música. Y a partir de ahí subir o bajar el pulgar. El opinador no es juez, pero sí responsable de su sensibilidad. El registro de una impresión expresado con palabras ocurrentes o elegantes puede ser más que suficiente. No contar las obras, contarse en ellas, explicitar lo que te hacen sentir. Sugerir con el patrón de una sensibilidad y un gusto no demasiado destemplados. No dictar, compartir. No pontificar, emocionar. No una ciencia, entronizar un gusto. La academia lo convierte todo en seco polvo de tesis doctoral.

Basta una sola condición para la crítica: la capacidad de disfrutar y de detestar. Una voluptuosidad fosforescente del arte. Una licencia atada a la memoria y la experiencia. Ligera en forma, pero intensa.

Usted es un maestro de este noble linaje. Le expreso mi admiración. Un artista que trabaja con el arte de otros -y lo devuelve vivo.

Cabaleiro 191

Según Karl Kraus, un ensayista, un polemista y provocador nato que detestaba las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas más censurables en aquella Viena suya que era testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror.

La prensa, argüía, produce contenido por necesidad industrial, no por necesidad genuina de verdad. Distorsiona inevitablemente la realidad, corrompe el lenguaje y confunde la importancia con lo novísimo. También, desde su atalaya en «Die Fackel», formuló una idea muy moderna: «El periodismo es la organización del olvido», es decir, la actualidad permanente destruye la memoria histórica.

A mi juicio, leer las noticias significa algo casi opuesto a entender el mundo. Lo que admito es que sin la fiscalización de una prensa libre crece el abuso y aumenta la corrupción. Verificar, explicar -no meramente opinar-, jerarquizar, mimar el idioma, son propiedades irrenunciables de un buen periodismo.

Estamos inmersos en un periodismo industrial acelerado y lingüísticamente descuidado y esa lógica termina degradándolo. Defendamos una prensa lenta, jerárquica y responsable con el lenguaje.