
“Voi che sapete che cosa è amor…”, dulci lacte,
y me rompo contra la cama, contra tus suaves
blancuras letales y fascinantes, tus ojos
de velo nocturno, el sol poniente de tu alegría.
Ignoras los comentarios que te escribo en el Tik Tok,
mi corazón ciruela pobre, mi corazón babeando a popa;
entonces, perdido o borracho, a Safo me encomiendo:
“Eso, no miento, no, me sobresalta
dentro del pecho el corazón; pues cuando
te miro un solo instante, ya no puedo
decir ni una palabra,
la lengua se me hiela, y un sutil
fuego no tarda en recorrer mi piel,
mis ojos no ven nada, y el oído
me zumba, y un sudor
frío me cubre, y un temblor me agita
todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
pálido, y siento que me falta poco
para quedarme muerto”.
Y me encomiendo a Safo y a los Ejércitos de la Luna,
y me encomiendo a Safo y al Señor de la Noche y el Amor.
