
«-Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?.
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?.
-El vacío es más bien en la cabeza».
Antonio Machado
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«Félix de Azúa, César Antonio Molina, Jon Juaristi, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Julio Martínez Mesanza, Miguel d’Ors, Zoé Valdés, Enrique García-Máiquez, Andrés Trapiello, José Carlos Llop, y otros muchos, algunos de los cuales andan por aquí, ¿pertenecen o no al «mundo de la cultura»? ¿O sólo quienes digan Almodóvar, los hermanos Bardem o Juan Diego Botto? ¿O los opinadores de El País, la SER o La Sexta? Y los que he citado, ¿dejan de ser del «mundo de la cultura» y pasan a ser meros fachas, partidarios de la censura? ¡¡Cuánto sectarismo y cuánta ignorancia hay en España!!»
Palabras de mi buen amigo Emil Man Martínez en su muro. Roger Scruton comentaba que el 70% de los intelectuales tienen la ideología de la siniestra.
La inteligencia se distribuye entre la diestra y la siniestra. Vano mencionar inteligencias soberbias de la diestra: Hayek, Von Mises, Berlin, Friedman, Salisbury, Hume, Locke, Burke, René Girard, Rémi Brague, Robert Spaemann, Fabrice Hadjadj. También Menger, von Böhm-Barker, von Wiese, Lachmann, Kauder, Jay Nock, Chamberlein, Chodorov, Nisbet, y Aron, y Polanyi, y Ropke, y Rueff, y Oakeshott, y Strauss y Voegelin. O Jouvenel, Ortega, Weaver, Revel. Y tenemos a Kirt, y a Viereck, a Weber, o Julián Marías, Gómez Dávila, Balmes, Donoso Cortés, Bonald, ETCÉTERA ETCÉTERA.
Eso por citar unos pocos clásicos. Es ridículo presuponer la exclusividad moral y epistémica de la izquierda. Subrayemos lo obvio. Es totalitario excluir de la cultura a los autores no canónicamente «progres».
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«La mayor parte de los seres humanos prefiere antes adherirse al error que aislarse», Tocqueville.
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Como preámbulo a la cita que sigue de Ruskin, no se nos olvide la observación de Tocqueville:
«Estos pueblos [griegos y romanos], que no solo se gobernaban aristocráticamente, sino que eran cultos y libres, tenían, pues, que escribir sus producciones literarias con los vicios particulares y las cualidades especiales que caracterizan a la literatura de los siglos aristocráticos.
En efecto, basta hojear los escritos legados por la Antigüedad para descubrir que, si sus escritores carecieron a veces de variedad y de fecundidad en los temas, y de valentía, agilidad y generalización de pensamiento, siempre demostraron un arte y un cuidado asombroso en los detalles; nada, en sus obras, parece hecho con apresuramiento y a la ventura; en ellas, todo se dirige a los entendidos, y la búsqueda de la belleza ideal se hace patente de continuo. No hay literatura que ponga más de relieve las cualidades que por naturaleza faltan a los escritores en las democracias. Así pues, no existe otra literatura que más convenga estudiar en los tiempos democráticos. De todos los estudios, éste es el más adecuado para combatir los defectos literarios inherentes a dichos periodos; en cuanto a sus cualidades naturales, nacerán por sí solas, sin que sea necesario adquirirlas».
Y sobre el apresuramiento, Valéry:
«Nunca debemos llegar al fondo de nada; es una ley estricta de la literatura».
John Ruskin consideraba que arte y moral estaban inextricablemente ligadas. Que la fuerza ética englobaba a la estética, que el arte era una papirología o palimpsesto también de rectitud y educadas costumbres.
También consideraba el arte un asunto muy serio. En su magna obra Pintores modernos, escribió al respecto:
«El arte propiamente dicho no es recreo; no puede ser aprendido en ratos libres, ni emprendido cuando no hay nada mejor que hacer. No es una forma de entretener las manos en el escritorio, ni de aliviar el tedio en los tocadores; debe ser comprendido y entendido con toda seriedad, o no inmiscuirse en él en absoluto. Los hombres deben dar sus vidas para impulsarlo, y sus corazones para recibirlo»
En esta Era de Redes Sociales siento esa música como una invectiva, igual a un puyazo.
