
Hay que ver las cosas que se le ocurrían al bueno de Émile Faguet: “La Liberté s´oppose à l´Egalité, car la Liberté est aristocratique par essence”. «La libertad se opone a la igualdad, porque la libertad es aristocrática por esencia. «
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“La gente está perdiendo la capacidad de escuchar palabras o seguir ideas», Orson Welles (1915-1985)
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Simpatiquísimo La Bruyère: «Hay gente que pasó a la historia porque ha escrito libros, y gente que hubiera pasado si no hubiera escrito ninguno».
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¿ÚLTIMA DE LA BARBARIE Y EL DESPOTISMO? ¡NO!…MÁS DE LO MISMO
En el acto II de Manfred: “This man / Is of no commen order, as his port / And presence here denote…his aspirations / Have been beyond the dwellers of the earth”, “Este hombre no es de orden común, como su porte y su presencia aquí lo muestran…Sus anhelos se elevan sobre los moradores de la tierra”.
Siento conmoción por los Grandes, veneración por los Sabios, y admiración por los Ilustrados. La ignorancia no es una virtud y debe ser evitada. Me parece que ahora las manifestaciones de ignorancia se reciben con simpatía, y antipatía los ejemplos de conocimiento. Ser moderno, liberado, creativo, expresivo, o espontáneo, y comunicativo, y veraz, se iguala con ser analfabeto. Esta creencia chabacana e irracional se va infiltrando, va impregnándonos. En mi caso, hablar con la gente, significa ya rebajarme… Yo me rebajo, tú te rebajas, él se rebaja, nosotros Zara.
Idiolandia como un decorado de coches deslumbrantes, tetas de pop-stars, palpitantes anuncios de champús, una zona comercial suburbana de Norteamérica atestada de pizzerías y hamburgueserías, donde se increpa la actitud contestataria ante la película Barbie y hay una reacción positiva si tus gustos coinciden con los del público, donde la única fantasmagoría es la contradicción entre la bendita multitud y ese calor pegajoso, enfermizo y sofocante que esa multitud misma presiente ante el silencio y la soledad de un libro.
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¿Cómo veo esta Época? ¿Última de la barbarie y el despotismo?, ¡NO! … primera de lo mismo. Un siglo descuidado, atroz, pozo de víboras y miniletrado; un siglo tenebroso, cavernoso, necio y lisonjero, desabrido, escuro, pesado, triste. Un siglo IGNORANTE, pigmeo. Y donde el hombre quiere vivir como quiere, no como las leyes le mandan, con una democracia cautiva donde se guarda la Libertad, o de mala libertad que trae consigo el señorear de placeres sin arte, orden ni medida. Donde no está bien visto esforzarse y cubrir tus limitaciones.
Se desprecia el Conocimiento. Los patanes reinan y fustigan a los doctos. Se desdeña al hombre de estudio. Castiglione, en traducción de Boscán, indicaba que: “[…] viendo que ninguna cosa hay tan naturalmente deseada por los hombres, ni más propia a ellos, que el saber; y así gran bestialidad es decir o creer que no sea siempre bueno”; una cita que, letra a letra, deviene ahora elegíaca.
¿Qué hacer contra estas abyectas prácticas de brujería y erial educativo? Yo, y menciono a Henri Vogel “he nacido con el don fatal de sentir sinestésicamente la mediocridad”, así que, frente a las taras y el derrumbe, lo bizarro (fatal) y hueco, frente al dolor que me causa el enfrentarme con la bobería, cultivo mi jardín, mis mitos y mi desprecio. Lejos, y conmigo.
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«La voluntad de poder, lejos de ser una característica de los fuertes, se halla, como la envidia y la codicia, entre los vicios de los débiles, y posiblemente es el más peligroso», Hannah Arendt. Sobran comentarios respecto a la ambición del césar socialista.
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«When people accept futility and the absurd as normal, the culture is decadent. And crucially, the stagnation is often a consequence of previous development: The decadent society is, by definition, a victim of its own success», J. Barzun.
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Porque como decía Nazin Hikmet: «SER CAUTIVO NO ES LA CUESTIÓN…LA CUESTIÓN ES NO RENDIRSE».
«No te es posible aprender todo de la lectura; pero puedes abstenerte de cualquier acto de violencia; puedes sobreponerte al placer; puedes despreciar a la vanagloria; puedes evitar el irritarte contra los malvados e ingratos.», Marco Aurelio. El imperio -la rectitud- de mi alma es mía, y no los subsidios, la quejumbre, el salario del patrón, las dádivas del Estado. Humo, ceniza, leyenda, una vida sin Libertad.
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«La dictadura perfecta tendría apariencia de una democracia» -escribe Huxley- «Sería esencialmente un sistema de esclavitud en el que, a través del consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían sus servidumbres.»
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Quien no se aburre en el seno de un bosque es un imbécil y yo lo desprecio.
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Política, qué asquerosidad. «No, no creo en la felicidad, sino en la tranquilidad. Por eso me aparto de lo que me irrita. Soy insociable. De ahí que huya de la Sociedad. Así me encuentro bien. Ahora, un viaje a París me supone una pesada carga. En cuanto remuevo el fango, remontan las heces y se enturbia todo. Me exaspera el más mínimo diálogo con quien sea, porque todo el mundo me parece idiota. Solo se habla de política ¡y de qué forma! ¿Dónde hay una apariencia de idea? ¿A qué aferrarse? ¿Por qué causa apasionarse?», Flaubert.
España se hunde como un barco podrido. Es una quimera la esperanza de que se salve. Chapoteamos en una chochez de políticos patrios y morlacos. «Claro es que en el campo de la acción política, el más superficial y aparente, solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela», «Juan de Mairena». Pruebas manifiestas ahora, hoy, siempre, todavía.
Habló Machado de Sánchez (de tantos, al sur, norte, oriente y occidente):
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.
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Nebrija, autor de nuestra primera gramática, dotó a la monarquía absoluta de una lengua oficial. El castellano de Nebrija era la lengua del Estado, o sea, de la Administración, el Ejército, de la Inquisición. El Sr. Sánchez permite ahora la literatura universal del silbo gomero y cumplimentar la declaración de la renta en aranés.
«Y para que sepas que no se puede alcanzar la verdadera reverencia por estas aparentes dignidades, has de saber este argumento: Si uno que ha sido muchas veces cónsul aportase a caso a tierra de bárbaros, ¿haríale aquel honor estimado de ellos?», Boecio, Las consolaciones de la filosofía, en «Los estoicos», Ediciones Ibéricas, Madrid, p.314
“Ser nacionalista en el sentido en que ahora lo exige la opinión pública sería, para nosotros, que somos más espirituales, no una mera insipidez sino una deshonestidad, un deliberado adormecimiento de nuestra mejor voluntad y conciencia”, Nietzsche.
