
Me parece éste un (leve y solo esbozado intuitivamente, y encima mal escrito) pseudo-argumento. No necesito ya para mi cosmovisión la hipótesis divina. Los escritores, cuando razonamos, debido a nuestro mayor dominio del lenguaje que la media, sustituimos capciosamente las pruebas por la emoción, o, para reformular la idea, embrujamos o rodeamos o envolvemos con términos emotivos, con farfolla retórica, puntos de vista que, limpiados de polvo y paja, caen de lleno en el mundo de las falacias o la fantasía. A lo largo de mi vida tuve experiencias de una suerte de no verbal mística naturalista, que traduje en el embrollo de un panteísta concepto de Dios. Ahora no lo necesito. Un científico domina el formalismo matemático, un intelectual literario los juegos del lenguaje. Tienen exactamente la misma no significatividad las aserciones : (i) «La mente divina es musical y matemática», (ii) «La mente divina piensa como un patito amarillo de plástico». El significado de una oración o término es su método de verificación, repetían los miembros del Círculo de Viena. Aunque esto inevitablemente caducó y se sofisticó (el significado del significado, aunque no se sabe todavía exactamente qué es, sí se sabe ya algo que ineluctablemente NO es), la palabra «Dios» es (claro) un término extra-empírico del que nada se puede decir racionalmente. Mi creencia fue (y en eso nunca me he engañado) siempre emocional, con una fuente solo y exclusivamente emocional. Acepto el misterio tremendo, acepto y asocio el misterio a mis preocupaciones, y de lo que no se puede hablar, mejor que calle.
El argumento que les decía procede como sigue:
«El tiempo, el espacio y la gravitación no tienen una existencia independiente de la materia, demostró de manera concluyente Einstein.
Mi hipótesis (basada parcialmente en una fuente cognoscitiva tan vaga y brumosa, pero a la vez tan autoevidente, como la fe) es que el mundo es material (dicho toscamente y de modo pre-einsteiniano) pero Dios es espiritual, o, reformulando la idea, que todo lo que existe existe en algunas coordenadas (t, x, y, z) del Universo, excepto Dios y las matemáticas (a mi juicio la mente de Dios responde a figuras y pensamientos matemáticos y musicales), que son extra-espaciotemporales y fuente y origen de la materia y las leyes científicas que la explican.
Mi tenso cristianismo supura notas plotinianas. Quizá yerre. Pero el evangelismo tecnológico, el afán de lucro, la búsqueda de la fama, y la moral suflé, la vida a trompicones y de menú self-service (por la mañana volar en ala delta, al mediodía una orgía gozando del holy glory, y a la noche una serie de Netflix) me parecen máscaras y razones de un mundo turbio. Necesito otro Lazarillo. Y ese es Dios».
Insisto. Dios lo asocio a mis preocupaciones pero ya NO lo necesito.
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Redondas son las ministras
que incitan al dulce amor
alzando Pasión de Gavilanes
o al macho talibán embriagador.
¿Mi inteligencia mina o pozo?
Como mujer reivindico el bozo
en labio, y mi lozanía de piojo.
¡Cómo mola tía del culo el ojo!
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oló, otro protocolo
poro los mojoros,
oló oló oló oló oló, oló
protocolo pol toto,
pol toto, lo toto…po tó.
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Yo soy escritor (mediocre), propietario rural y rentista pobre. Nada mejor que la dulzura intemporal de la existencia tomando un gin-tonic y, adelante, toda la noche para leer y estudiar.
(Lo sustancial de un escritor es lo que escribe; ¿importa el abolengo?)
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Llevo una vida aislada, solitaria, pero envidiable. En la lotería de la vida la Fortuna fue generosa conmigo: frugal, gasto la mitad de lo que gano, inteligente, entiendo más cosas que las que no entiendo, culto, detecto y aprecio (admiro de modo babeante) a los Grandes.
Leo y escribo de noche. Ayer releí a Borges, algunas «Epystole» y fragmentos del «De remediis utriusque fortunae», de Petrarca. Hoy estudiaré un poco el manual de Vicens Vives sobre «Matemática discreta» y hojearé la «Historia de la literatura inglesa», en Gredos, de Esteban Pujals. Probablemente mañana me enfrente a las «Memorias» de Gibbon.
Mi casa es excelente. Mi conversación vivaz. Mi familia honorable. Sea pues escrita aquí mi expresión de gratitud y placer para con la vida. Mi mente se deleita en el pasado y se alegra de su futuro (debido a mi maltrecha salud, un futuro angosto y breve) El mundo fue para mí un incesante libro mágico. Si pudiera volver a vivir, reviviría mi vida tal como fue.
Aunque solo somos sombra, y sombra de una sombra, y polvo terrenal, lamento que la fiesta se acabe.
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Acepto mi vida, acepto la persona en que me convertí, acepto mi muerte. Lo que me importa se diluye como las ideas de un meditador en un muy lejano desierto.
La pasada noche leí casi del todo las «Memorias» de Gibbon, en Cátedra, y algunos libros de la nueva edición completa de las «Vidas y opiniones de los filósofos ilustres», traducida por Carlos García Gual, en Alianza. Esta noche releeré «Solitud», de Víctor Català. Mañana leeré la antología «Los dados de Eros», y releeré la «Autobiografía» de Chesterton.
Muchas veces me quedo estirado en la cama durante una hora o una hora y pico y dejo vagar al pensamiento. Rumio ensimismado en las páginas leídas, en el contenido que pueblan mis recuerdos. Y pesan (es la hora de sacar conclusiones) más en mí los placeres vividos que los inevitables sinsabores (ahorita mismo la salud de mamá, sobre todo)
Una quemazón de no haber sido un buen hijo o un buen hermano ronronea también por aquí. O haber puesto el freno al amor. O la melancolía por la juventud. O la velocidad de los cambios. O el vigor que se adelgaza. El tiempo…no sé.
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(a) Se iluminan las ciudades con farolas, pero se hace de noche en el mundo moral (tomado de Víctor Hugo)
(b) «Pronto lo habrás olvidado todo, pronto todos te habrán olvidado» Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 21
(c) Wittgenstein subrayó que Schopenhauer era un verdadero filósofo debido a que se convirtió en «a teacher of manners», un maestro de costumbres, un ejemplo de ética, alguien que supo poner sabiduría en la vida, un modelo biográfico. A cuánta distancia de los aburridos filósofos académicos y sus rutinas miserables.
(d) «Simul et jucunda et idonea dicere Vitae», Horacio, hablando de la función de la poesía en su Arte poética, I, 334. «Y al mismo tiempo decir cosas agradables y adecuadas para la vida».
(e) Se glorifica (de boquilla) la sabiduría,
pero se lee (y publica) la fruslería.
(f) ¿Cómo es ahora el mundo? Solo quedan lobos para alimentar a los lobos en las ciudades vacías.
(e) Ajos y zorzales helados,
vacías tripas de búhos hambrientos,
ratones gordos escondidos en los párkings,
obturando los ejes de la cuadriga,
entrometiéndose en los motores de los coches,
desterrando la verdad y la belleza
del corazón de los hombres.
Cruzan las fronteras los bárbaros
trayendo el viento de la muerte.
Cada vez la tierra llenándose,
cada vez hospedando a más tatuados ilotas de la palabra.
Y cuando piensas en las estrellas
de repente se manchan de grasa las flores.
Ni algo maravilloso (o su memoria) queda en todo lo que es Cultura, Naturaleza o glaciales Dioses.
(f) «En las últimas semanas duermo muy intranquilo. Siempre sueño con el servicio. Sueños que me llevan siempre a la frontera del despertar. En los dos últimos meses me he m[asturbado] únicamente tres veces. Las personas que me rodean me dan asco, y esto ocurre en contra de mi voluntad. Con frecuencia me aparecen, no como personas, sino como máscaras grotescas. Hoy, estado de máxima alerta. Mi comandante es muy amable conmigo. Piensa en la meta de la vida. Es lo mejor que puedes hacer. Debería ser más feliz. ¡¡Oh, si mi espíritu fuese más fuerte!! Bien. ¡Dios sea conmigo! Amén» (Anotación del 28 de Mayo de 1916 de Wittgenstein en su Diario) A mí a veces también me resulta insoportable la abyección de mis camaradas. El filósofo vienés habla consigo mismo, pero uno tiene la impresión que se dirige a todos nosotros. Profesar un modo de vida muy diferente al común, es ejemplificar una sabiduría, vivir una filosofía. Wittgenstein, con esa peculiar intensidad o incandescencia indiscernible del genio, fue otro «master of manners».
(g) No despertemos al dios Pan. Que en prados, bosques y rascacielos reine el silencio. No debemos despertar al dios Pan.
(h) Recorrí poco mundo, y encima sin los ojos abiertos.
(i) «Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. El arte de nuestro tiempo cojea tanto precisamente porque nuestros artistas más recientes carecen de unos temas dignos. Es algo que nos afecta a todos; tampoco yo he sido capaz de negar mi propia modernidad» Goethe, en Conversaciones con Goethe, de Eckermann.
(j) ¿Si tan acordes van el vino y la vida?
¿Por qué mamá me prohíbe la bebida?
¿No será la ginebra mi actriz preferida,
la que tiene en los labios mi herida favorita?
(k) A mí mismo: no negaré el mérito que tiene el que lograras alcanzar semejante excedente de estupidez.
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Te amo Adriana Lastra hasta el dolol,
mi corasón no soporta tanto amol.
Tienes un cuerpo tan tropicá,
una cerebrón tan super sensuá…
Quiera Dió que te ponga mi butifarra,
sueño con anos y anos de mandanga.
Me querrás con vudú o burundanga.
ERE que ERE, ERTE con ERTE… y arra.
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Supongo que la Internacional Chusca, Estúpida y Chocarrera reina por doquier. Supongo que somos minoría en cualquier pueblo los habituados a la delicadeza de gusto, maneras y opinión. Pero es ciertamente alarmante la propensión hispana a lo chusco, lo tosco, la zafiedad troglodita, la sal gorda, el rebuzno, la embestida y la coz, la penosa astracanada, el trazo grueso, lo cabruno tabernario. Para triunfar debes prestarte al chafarrinón y al esperpento, abdicar de la idea, el razonamiento y la inteligencia.
España es un infame país donde priva el estruendo y la vulgaridad. Mis formas florentinas y mi afición al argumento me convierten en apátrida. Desabridos españoles farrucos me miran mal; sus caras difíciles no entienden la sutileza o el matiz.
Apostato. Pido el exilio fuera de este lugar desafecto. Lejos de la constante catetez hispánica. Bajo la égida de estrellas brillantes, limpias y educadas.
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-«No existen ideas liberales, sino sentimientos liberales», Goethe.
-«El liberalismo es la noción o creencia en un conjunto de métodos y prácticas que tienen como objeto común el mayor grado de libertad para el mayor número de individuos», David G. Smith.
-El Estado no puede inmiscuirse en lo más constitutivo de los asuntos o mentes privadas. Una cosa es la autoridad política y otra el florecimiento personal.
-Solo un individuo es propietario de sí mismo.
-No te preguntes tanto por quién ejerce el poder público, sino por los LÍMITES de ese poder público.
-Con un sesgo más o menos conservador, sé siempre anti-estatista y anti-colectivista
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Cerebros neandertales hicieron arte rupestre; cerebros rupestres hacen arte contemporáneo.
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A los periodistas
¿Sienten pavor por el silencio? ¿Pasión por la hipócrita e incesante molicie? ¿Pulsión por aniquilar nuestra mente con un irrefrenable parloteo o cháchara inane? ¿Temor patológico a que sustituyamos sus bagatelas por una conversación capaz e inteligente?
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Pregunta: “¿Algo extraordinario que le ocurriese en un cine?”. Ramón Gaya: “Que me gustase la película”.
