
Ante la omnipresencia del parloteo superficial en las redes sociales (y no solo), acudo a Epicteto; «Manual», 33.2.
«Mantente en silencio el mayor tiempo posible o di lo necesario y en pocas palabras: alguna vez, cuando la ocasión invite a hablar; pero no sobre cualquier tema, ni sobre luchas de gladiadores, ni sobre carreras de caballos, ni sobre atletas, ni sobre comidas o bebidas, temas de todos los días; y, sobre todo, no sobre los hombres, censurando o alabando o haciendo comparaciones entre ellos».
La vida social está trufada o entrelazada de maledicencia y trivialidades sin elevación. Cacofonía de cotilleos estúpidos. Aturdidos y paralizados por la cháchara, dejadme en paz.
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«…iam pompa venit…. tempus adest plausus.» Ovidio (sobre Sánchez y Feijóo)
«Transit prasinus, pars populi maeret; praecedit venetus et ocius turba affligitur» Casiodoro (sobre los nefastos políticos patrios)
Romanis templum et habitaculum et contio et cupitorum spes omnis est Circus Maximus. (la importancia del circo político subnormal que nos tocó vivir)
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Qué seso tan quebrantado y qué flaqueza del entendimiento de nuestros políticos. Dicen «túrtura», y no «tórtola», «mensa», y no «mesa», «home» y no «hombre», «asín» por «así», «comío» por «comido»; y tan asinos que hablan de asinos y no de asnos, Prisioneros, ay, de su limitado y grotesco cerebelo.
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No me quiero precipitar, pero creo que mi hija de tres días es superdotada.
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Baudeliare; «¿Has experimentado como yo el placer de ver a la policía golpear? Golpea fuerte, el hombre al que tú golpeas es enemigo de las rosas, de los perfumes, de Rafael y del lujo. Es amigo de los utensilios».
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He publicado un libro. Ando a un tris de publicar otro. Basta y sobra. Leemos en el Eclesiastés «…Guárdate, hijo mío, de hacer más allá de esto; componer muchos libros es cosa sin fin y demasiado estudio fatiga el cuerpo». El mundo está atestado de libros, pegas una patada y salen mil, y cien mil de esos mil, y un millón de esos cien mil, ETCÉTERA.
Un párrafo de Neruda en sus Memorias: «…Cuánto libro…cuánto librito…¿Quién es capaz de leerlos?…Si fueran comestibles…Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada…los picáramos, los aliñáramos…Ya no se puede más, nos tienen hasta las coronillas…Se ahoga el mundo en la marea…»
No nos creamos fachendosos, importantes o presumidos por esbozar un libro. El escritor mejicano Ibargüengoitia detectó esta INUNDACIÓN o inflación novelera y poética: «Según parece, en los Estados Unidos el número de personas que han escrito una novela es monstruoso…en nuestro medio inclusive, a pesar del elevado índice de analfabetismo que tenemos, el número de personas que creen que podrían escribir una novela con las experiencias que han tenido en su vida es tremendo…Lo malo es que no tiene uno tiempo porque hay que trabajar para sostener a la familia, llevar a los niños a la escuela, ir a fiestas, lambisconear al jefe, etc. En realidad escribir novelas es trabajo de ociosos».
Si ustedes premeditan en labores de escribidor -no siguieron el consejo del Eclesiastés-, sigan al menos el consejo de Quevedo:
«De mí sólo aseguro que ni el que me empezare a leer se cansará mucho, ni el que me acabare de leer se arrepentirá tarde. Harto haré si alcanzo a parecer bueno por poco malo, y aun esta disculpa tan culpable no se deberá a mi ingenio sino a mi brevedad, no imitando a aquellos que ponen su cuidado en no empezar a decir sin acabar de hablar. Gastaré pocas palabras, y haré gastar poco tiempo. Este ahorro de tan preciosa porción de la vida me negociará perdón, si no me encaminare alabanza».
Vale.
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Gente grosera, estúpida y malvada. Casi todos borrachos en la cantina. Gritos y berridos a la hora de la partida. Un habla como gárgaras inarticuladas. ¡Hatajo de bribones! Su insolencia y mala educación no conoce límites.
En palabras de Otelo: «Déjame un instante a solas conmigo». Estamos anegados en cantidades ingentes de palabras e imágenes inútiles. La estupidez nunca es muda ni ciega.
Giorgio de Chirico ya se anticipó a un pavoroso estrechamiento de horizontes: «Ante la orientación cada vez más materialista y pragmática de nuestra época…en el futuro no resultará excéntrico contemplar una sociedad en la que quienes viven para los placeres de la mente dejen de tener derecho a reclamar su lugar bajo el sol. El escritor, el pensador, el soñador, el poeta, el metafísico, el observador…el que intente resolver un acertijo o emitir un juicio se convertirá en una figura anacrónica, destinada a desaparecer de la faz de la tierra como el ictiosaurio y el mamut».
Solo puedo añadir mi cerebro al de Benjamin: «La redención se conserva en un pequeño resquicio del continuo de la catástrofe».
Hatajo de bribones ajetreados, con vitalidad deficiente y rostro bufonesco. Yo me he desprendido de la linterna y veo en la oscuridad.
