
Ahora mismo me asola la oscura melancolía como un tocador de señoras repleto de gusanos. Pero el día fui ilustrado (¡y en estos tiempos!) Releí pasajes al azar de la HISTORY OF LOGIC de esa pasión (prosa de metrónomo y reloj de cuco en caja de caoba) que es Anthony Prior. Comí «bacallà escaixat» y sentí el placer de vendaval sin lluvia de un refrescante vodka con zumo de naranja. Paladeé cigarrillos, sumando al humo helicoidal, remembranzas de vacaciones en hotelitos con terrazas llenas de flores cuando era niño. Sentí temblar el suelo ante la mongolización de la gente mediante el fútbol, las redes y la televisión (vagan o deambulan en las ruinas y galerías de la Nada) Saboreé esa estrella brillando en un siglo antiguo llamada Mozart. Leí a John Clare. Escribí. Medité. Soñé. Frente a la lobotomía de mis coetáneos habité la Biblioteca de Alejandría y la Villa Adriana. No importa el derrumbe y desmigajamiento de ahora, mientras escribo estas líneas. El día tuvo savia y mecha, sentido, fuego y fulgor. Aunque la noche avance muy oscura y el misterioso sueño se convierta en pesadilla.
