Diario del silencio 16

DEDADENCIA

Oradores políticos asianistas, Diógenes de Sínope es ajusticiado, Galo, Propercio, Tibulo y Ovidio en el exilio. Arde la Biblioteca de Alejandría. El horror me hace marchar muy lejos.

[ i ] “(…) al investigar las causas de la corrupción de las letras latinas en la era de Augusto, y de las letras italianas en el siglo XVII, solían los críticos de aquel país achacar al influjo español la mayor culpa en estos accidentes fatales, asentando muy gratuitamente, pero no sin cierto color de verosimilitud, que, así como la familia de los Sénecas corrompió la pureza del gusto en la era de los Césares, así la dominación española en Milán y en Nápoles coincidió con la depravación de la elocuencia y de la poesía italianas, perdidas y estragadas por el contagio y el remedo de los vicios de los dominadores; de donde inferían que debía de haber en el clima de España y en el temperamento de los españoles alguna influencia maléfica para el buen gusto, en todas edades y civilizaciones. De tales ideas, profesadas con más o menos exageración, no está libre la voluminosa y concienzuda Historia Literaria de Italia, del doctísimo abate Tiraboschi (…). Pero el más extremado sustentador de las opiniones antedichas era un escritor mucho más ligero que Tiraboschi, y cuya reputación ha venido tan a menos con el transcurso de los tiempos, que hoy está casi enteramente borrada: el abate Xavier Bettinelli (…)” (Menéndez Pelayo 1962, 337-338)

[ ii ] “En la primera mitad del largo reinado de Augusto, se alcanzó todavía la gloria de los grandes talentos que se desarrollaron en aquella época, pero que en su mayor parte provenían de los últimos tiempos de la república; todos habían visto cosas grandes, y la libertad, cuya ruina presenciaran, les había antes inspirado el genio.

Pero la nueva generación, que había nacido y crecido bajo la monarquía, era enteramente diferente: desde el fin del reinado de Augusto, pudieron advertirse ya vestigios de la corrupción del gusto en los escritos de Ovidio; no sólo en la excesiva abundancia de su imaginación, que no se deja sujetar por ningún freno, sino en la decadencia de la lengua que puede ya empezarse a descubrir” (Schlegel 1843 I, 130)

[ iii ] “La pérdida de la libertad romana, la corrupción de carácter moral y religioso del pueblo, dan comienzo a la decadencia de la literatura, iniciada ya a fines del período anterior. El despotismo creciente de príncipes ignaros, la falta de estímulos para cultivar las letras y la depravación del gusto, apresuraron la decadencia en el período que estudiamos. Y no hay que buscar las causas de esta degeneración en la fatalidad de la humana naturaleza que permite durar poco a lo que ha logrado alcanzar el más alto grado de perfeccionamiento; semejante resultado debió ser la consecuencia y la consecuencia inevitable del espíritu y costumbres de la sociedad, y sobre todo, de la mala dirección dada a la enseñanza de la juventud, tanto en las casas de los magnates romanos como en las escuelas públicas, donde reinaba un gusto depravado que, salvando todos los límites y sin atender a la naturaleza de lo verdadero, se perdía en vaguedades al buscar la perfección en un estado imaginario y en toda suerte de exageraciones” (Baehr 1878, 16-17)

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THE MEANING OF LIFE

Leer los más elevados pensamientos

y así tener algo grande y noble en la memoria.

Escribir como un autor distinguido.

Amar la Luna, la Soledad, las Estrellas.

Intimar con el placer y sufrimiento inevitables

con ojos abrasados, energía resplandente

y coitos memorables con rubias scorts.

Sentir la delicadeza ni mortal ni caduca del mirlo.

Eso es todo. Pero nunca olvidar a Eliot:

«La Cultura es por lo único que merece la pena vivir».

La Cultura moldea el Yo y la Historia, agrupa

lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos.

Ella es un milagro que unta la piel de caricias ensalzadas.

O Civilización o Barbarie.

Y que sientas al fin que valió la pena

la quietud del espíritu en la madrugada

con un libro entre las manos

y el verdadero Amor hacia todo lo creado.

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Miércoles, 15 de Noviembre, 2023.

Manicomio de Piñor (Orense), 18:40 p.m.

Sobre un apunte olvidado del 14-Xl-2018.

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La mente (la metáfora no es muy brillante) es como un puzzle. A mí me empezaban a bailar algunas piezas, pero no se desperdigaron, por lo que, preventivamente, decidí ingresarme.

Otro símil pudiera ser el del muelle. La locura es como elongar más allá de un punto crítico el muelle de tal manera que no pueda, tras el estiramiento, volver a su posición original. Un ingreso restablece el funcionamiento normal.

Otra metáfora acaso sea la de la enredadera que asfixia el árbol. La locura es un embotamiento o enlentecimiento con humor melancólico. El aislamiento y el ritmo de vida pautado en un manicomio permiten respirar al árbol.

Nota bene: En los casos crónicos o cronificados la terapia no ayuda demasiado.

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Cuando contemplo mi prosa o poesía, casi siempre siento la humillación ante un espíritu que funciona no con objetos valiosos, sino con cosas que me insultan.

Para vencer en arte, enfrentándote a un ejército con iguales efectivos, debes aniquilarlos a todos y, a la vez, no puedes permitirte el lujo de perder ningún hombre.

Esta idea de Seferis es tan exacta como feliz. Un poema, un fragmento brillante de prosa, mantiene en movimiento muchos platos sobre distintas varillas. Entonces, logrado ese efecto, dejas de pulir. Un escritor elemental pero correcto mantiene en equilibrio solo dos platillos, un virtuoso más de una docena.

Me siento humillado al releerme y ver fragmentos de algún/os plato/s rotos por el suelo. Escribo para alimentar esta hidra estúpida de las redes. La faena seria la pospongo o aplazo. Sé que puedo mejorar, aunque tanto mediocre material como ofrezco aquí parece una especie de autosabotaje.

El espíritu, alimentado con sederías o vilezas, siempre funciona. Yo -y no todos podrían afirmarlo- al menos distingo sus momentos.

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Tocqueville, sobre el Antiguo Régimen: «Siento erróneo creer que fue un periodo de servilismo y dependencia. Había una clase de obediencia que les era desconocida: no sabían lo que era doblegarse a un poder ilegítimo».

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«Hablemos en voz baja. Aun cuando se grite el tonto no entiende». Nicolás Gómez Dávila.

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