
Vellaturam facere, literalmente, transportar mercancías por dinero. Oficio de arrieros. Los locos transportamos ideas por una polifonía de devastación afectiva, entontecimiento presenil, indiferencia o retraimiento ante la realidad, vaciamiento cognitivo, clasmatodendrosis y una quisquillosidad terca, tiránica e indecisa.
Somos naturalezas silenciosas, soñadores extravagantes, pesados, exageradamente escrupulosos, con el uso de una mera pseudo-conversación. Tórpidamente se insinúan mis deliremas II. Y mis materiales verbales caen en una “ataxia intrapsíquica” (Stransky) Llego a interpretaciones que otros no pueden compartir, por medio de una lógica que nadie puede entender. Se yuxtaponen niveles lógicos que las personas normales no yuxtaponen.
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La estrella del cielo sigue su camino hacia el Imperio. Entro en un castillo como si entrara en la leyenda de un sueño medieval. Todavía brillan húmedas nubes perfumadas. Huyo hacia el puro este a venerar jinetes tártaros. El mar en calma. La casa vacía.
Goethe: “Honda calma tiene el agua, / inerme descansa el mar, / lisa lisura que alarma / ve el pescador sin cesar. / ¡No hay aire de donde fuere! / ¡Terrible calma mortal! / Ninguna ola se mueve / en la inmensa inmensidad”.
