Diario del silencio 22

LA NAVE DE LA NOCHE

Oír la Misa en ut menor, de Mozart. Así es esta noche ahora, con su cúpula herreriana, negando el gallear de la televisión y las redes. Pienso en los cometas, en temas de astronomía, en lugares estelares donde reverberan las ideas de mi pobre encéfalo mamífero: “Il n´y a pas à dire, ça, c´est tapé…”. La noche es la frontera en la que el tiempo humano se convierte en tiempo geológico.

Pero hay noches memas, esas en que la Luna y el cielo parecen una caricatura de artista sin otra intelectual información que un lustro practicando deporte, dos o tres de turismo, seis en el mundo de la droga, y la trepidación à la page de memorizar letras de rock, y el argumento de cientos de películas, y el nombre de decenas de actrices porno. Noches sin brotes, de estambres estériles, imitando el maullido de gatos negros. Muchas de estas noches las recuerdo haber vivido en el manicomio. Noches sin favor alguno ni apuntes de verdad o placer.

Pero hay noches también en que compras perlas al gran Kan. Brillantes como pieles de escolares rubias, como plateada capa de sardina. Con la Luna enramada de mármol. Con fuego de Luna abrasando las agujas del pino. De luz de Luna goteando alisos. Y la niebla barbeando los nidos de los pájaros. Anotaba Thoreau en su Diario un 24 de noviembre: “A mediodía, después de la llovizna de la mañana, el tiempo se aclaró. De repente, poco después, se puso ventoso, frío y algo helado. El sol se pone incluso antes de que hubiera acabado mis caminatas. Escribo con más reposo y menos exageración, con más libertad, y todo lo comprendo comparativamente mejor”.

Yo también pienso mejor en las noches enyesadas con un compás casi de invierno. En noches buenas, en casa, solo y bastante feliz. Con planetas magnánimos. Con Luna eutímica. Oigo las estrellas sobre el valle e imagino que no tengo Facebook ni Instagram, ni psiquiatras ni dinero, ni perfil en Linkedin ni ganas de garabatear unas líneas. Solo tengo ganas de quietud, paz y equilibrio. Son noches en que mi minúsculo ángulo me basta, sin hipotecas, recuerdos ni pesares. Recordémoslo otra vez más: “Vivir quiero conmigo, / gozar quiero del bien que debo al cielo, / a solas, sin testigo,/ libre de amor, de celo, / de odio, de esperanzas, de recelo”. O bien: “Aquí la envidia y la mentira / me tuvieron encerrado. / Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado, / y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso, / con solo Dios se compasa, / y a solas su vida pasa / ni envidiado ni envidioso”.

La noche buena es un autodominio distribuido en el hexágono áureo; la noche mala es estar en un vulgar fuera de ti (abroncando a los conductores o a tus empleados, desquiciado del centro debido a la multitarea o al ruido, sin atención ni reposo ni sueño, pendiente y dependiente del consumo, neurotizado, oxidado…) La noche buena infunde una estabilidad o equilibrio lejos de los desafueros de la euforia y la melancolía.

Somos quebradizos y perdemos demasiadas batallas. Al final la muerte pasa su apisonadora sobre nosotros. Horacio escribió lo que sigue una noche hermosa: “En las dificultades ten ánimo fuerte y valeroso / y en los momentos favorables ten en cuenta / que las velas infladas por el viento / conviene replegar en aras / del ritmo equilibrado de la nave”. Sabiduría; sapientia noctis.

Nota bene: Aspiro a escribir de modo sencillo pero no elemental (esa estética la intento aplicar a la poquísima poesía que ahora escribo) Mi prosa a veces indigesta como una decena de tocinitos de cielo ingeridos en los postres después de una comida copiosa.

Propendo a lo barroco por dos defectos: la vanidad y la ignorancia respecto a la idea de belleza. Los floripondios líricos en lugar de los significados lógicos no me acaban de convencer. El uso de palabras extra-periodísticas a veces tampoco. El texto es una primera redacción. Se corregirá.

Quizá los latinistas se echarán las manos a la cabeza al ver esa traducción de Horacio. Mil perdones ¡A los paredones, Christian! Así mismo señalar que la cita de Thoreau es un collage de citas de Thoreau. Para dones los suyos y no los míos.

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