Diario del silencio 31

Vivimos en un Chiquipark cultural, en una apocalipsis educativa, en un yermo intelectual pavoroso, en un Parque Temático de Bajura. Esta era es parecida al fin del imperio romano, al siglo XVII español; una metamorfosis de la cultura hacia lo peor. Jonathan Sacks, pensador judío: «Ibn Jaldun, Giambattista Vico, Stuart Mill, Bertrand Russell, Will Durant… Todos han mantenido lo mismo: que las civilizaciones comienzan a morir cuando pierden la pasión moral que les dio forma. Ocurrió en Grecia y Roma, y le puede ocurrir a Occidente. Los signos son: caída de la tasa de natalidad, decadencia moral, mayores desigualdades, una pérdida de confianza en las instituciones, autoindulgencia por parte de los ricos, desesperanza por parte de los pobres, minorías no integradas, la incapacidad de hacer sacrificios presentes para poder beneficiar a las futuras generaciones y una pérdida de fe en las creencias antiguas sin que sea reemplazada con un nuevo esquema de valores. Son señales peligrosas, y muchas de ellas están hoy en auge». Como dijo Upton Sinclair: “Nuestras libertadas se ganaron con sufrimiento, y pueden perderse a través de nuestra cobardía”.

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HORACIO, EPODOS, II

Paz a los hombres. Nunca fue fácil el vivir.

Deseo el silencio casto y conventual de la Luna,

y vivir libremente, olvidando los años.

¿Gozar de una gloriosa medianía?

La tentación de alejarse de los pleitos,

y huir, y apartarse, y aspirar a lo mínimo.

¿Desasosiego? ¿Fiebre? Dos ejércitos sin alma.

Levántate pronto, desayuna un dedo de vodka

con limonada, toma unas tostadas

con aceite, ajo y sal, pasea por los bosques

con tu perra, y dedica el resto del día

a traducir a Pessoa, a contemplar la poblada

galería de tus recuerdos…

Y cómo agrada entonces que tanto guste

lo que los sabios crearon para que te gustase,

cómo agrada el recto rímel de las estatuas,

el tempo lento y amoroso del piano,

bogar por islas donde ella braceó desnuda,

la tibieza de las flores, el crepúsculo sobre el río,

el cortejo de nubes naranjas al ocaso,

el campo cultivado con amarillos serenos.

Y cómo acolcha la noche con su libro,

o la cumplida modestia de una sencilla idea.

De la confusa selva del pensamiento contemporáneo

apártate, del mundo mendaz retírate en biblioteca.

Ajeno al mundo, aplasta su hosca desmesura.

Pide la altura de quedarte al margen:

la carne es impura, el espíritu enemigo.

Lee –saboreándolos– a Suetonio y Polibio,

paladea la rica prosa de Tácito, escucha al sutil

animal perfumado de la noche, evita los tenebrosos

hoplitas pletóricos de lucha…

Graba pues en tu memoria estas palabras,

señales y símbolos que rigen tu destino:

Feliz aquel que de pleitos retirado.

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