Diario del silencio 34

Las iniquidades que nos asolan no tienen fin. Los criminales se han adueñado de la tierra. Todo degenera en manos de los hombres:

«El tiempo destruye todo

nadie está a salvo de la muerte excepto los dioses.

La tierra decae, la carne decae,

entre los hombres se marchita la confianza y nace el recelo.

Los amigos se vuelven contra los amigos,

y las ciudades contra las ciudades.

Con el tiempo todas las cosas cambian: el deleite

se troca en amargura, y el amor en odio», Sófocles, Edipo.

«Les Ruines», del conde Constantine de Volney, publicada en 1787, fue muy popular. Constituye una meditación sobre la fragilidad de la civilización. Frente a una derruida pila de columnas de mármol, en el linde de un gran desierto, Volney piensa:

«Aquí floreció otrora una ciudad opulenta, aquí se hallaba la sede de un poderoso imperio. Sí, estos lugares hoy agrestes y desiertos antaños albergaron a una multitud hirviente, una activa muchedumbre trajinaba por estas calles solitarias. Dentro de estos muros, donde ahora reina el silencio de la muerte, resonaban sin cesar el bullicio de las artes y los gritos de alegría y celebración; estas pilas de mármol eran palacios, estas columnas caídas adornaban la majestad de los templos».

Los palacios de los reyes de antes son un cubil de fieras ahora, la riqueza se convierte en insidiosa pobreza. Todo decae, sucumbe. Cualquier imperio acaba en un colosal cúmulo de ruinas. «Esperanza, esperanza, falaz esperanza, / ¿dónde está ahora tu espacio?», J.M.W. Turner. Descripción de Blake de la Londres industrializada:

Recorro cada calle mercantil,

a orillas del mercantil Támesis

y encuentro marcas en cada rostro,

marcas de fatiga, marcas de pesar.

En cada grito de cada hombre,

en el grito de temor de cada niño,

en cada voz, cada letrero,

oigo los grillos forjados por la mente.

Hemos cedido nuestra mente a la tecnología. En lugar del prado ameno, las redes. El auténtico coraje se debilita. La disolución lleva a la corrupción del gusto. Todos desean un lujo senil, hortera y decadante. Joseph Arthur de Gobineau:

«La caídad de las civilizaciones es el más asombroso y, al mismo tiempo, el más oscuro de los fenómenos históricos…Toda congregación de hombres, por ingeniosa que sea la red de relaciones sociales que la protege, adquiere en el mismo día de su nacimiento, escondida en los elementos de la vida, la semilla de una muerte inevitable».

A ROMA SEPULTADA EN SUS RUINAS

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,

y en Roma misma a Roma no la hallas:

cadáver son las que ostentó murallas

y tumba de sí propio el Aventino.

Yace, donde reinaba, el Palatino;

y, limadas del tiempo, las medallas

más se muestran destrozo a las batallas

de las edades que blasón latino.

Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,

si ciudad la regó, ya sepultura

la llora con funesto son doliente.

¡Oh Roma! En tu grandeza, en tu hermosura,

huyó lo que era firme y solamente

lo fugitivo permanece y dura.

Francisco de Quevedo (1580-1645)

DE ROMA

Qui Romam in media quaeris novus advena Roma,

Et Romae in Roma nil reperis media,

Aspice murorum moles, praeruptaque saxa,

Obrutaque horrenti vasta theatra situ:

Haec sunt Roma. Vident velut ipsa cadavera, tantae

Urbis adhuc spirent imperiosa minas.

Vicit ut haec mundum, nixa est se vincere: vicit,

A se non victum ne quid in orbe foret.

Nunc victa in Roma Roma illa invicta sepulta est,

Atque eadem victrix victaque Roma fuit.

Albula romani restat nunc nominis index,

Quin etiam rapidis fertur in aequor aquis.

Disce hinc, quid possit fortuna; immota labascunt,

Et quae perpetuo sunt agitata manent.

Janus Vitalis Panormitanus

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