
ESE DISCRETO ENCANTO
Me gusta la propiedad y la imaginería burguesa asociada a ella.
Me gusta un buen coche (sueño con un Rolls Royce y recuerdo también a La Bruyère: “Carroza, caballos, libreas, armaduras, nada escapa a la mirada de las gentes, todo es observado curiosa cuando no malignamente; y según la cantidad de equipaje que se lleve, se respeta o se desdeña a las personas”), los pastelitos aromatizados -mirlitons-, el marisco de carne rosácea y titilante, las almendras y el hojaldre, organizar mi paraíso material según los sueños de un burgués propietario.
No entiendo al burgués hacendado con su extrema afición al atuendo de carbonero, por las botas de pocero, por el chaquetón de pescador, por el chaleco de camarero o la blusa de carnicero. De igual modo el “Ça a une gueule folle!, que hace años parecería una incorrecta y temeraria osadía, florece hoy en los labios más honorables. Me incomodan los “plouks” (nuevos ricos). Me da que pensar que una dama se olvide su guante y exclame: “ah, m…”. Que se pierda el gusto por la sintaxis, la corrección. Parece que la tierra se goza de tan trufada de gorrinadas. Usurpar nobleza parece un deporte universal. Usaré una palabreja muy super-esdrújula y horrorosa: del cielo “cúmulonibocirronimbante” hemos pasado a un cielo de queroseno.
De los burgueses –mi linaje- me atrae su imperio de utensilios domésticos, limpieza y gadgets. Me reconfortan como estrellas una noche de verano. Me gusta tanto el bullicio del confort…Seguro que lo peor es su moral filistea, a menudo chata e hipócrita. Pero sus capas cultas –cada vez más adelgazadas- son las únicas que mantienen hoy viva la llama de la Cultura. ¿Qué soy? Alguien bohemio o ácrata de mente y burgués de posesiones, casi como un Gatopardo, casi como si flotara encima de los meros hechos.
Siempre Proust: “Aquel otoño mis paseos fueron más agradables, porque los daba después de muchas horas de lectura. Cuando me cansaba de haber estado leyendo toda la mañana en la sala, me echaba el “plaid” por los hombros y salía; mi cuerpo, forzado por mucho rato a la inmovilidad, se gastaba en la gozosa contemplación de las paredes de las casas, el seto de Tansonville, los árboles del bosque Roussainville y los matorrales a los que se adosaba Montjouvain”.
Feliz año. Vita simplicissimus est.
