
PALAZZO GRASSI
«Gracias al odio del diablo, oh Venecia,
os distinguís en el nulo ejercicio del espíritu,
y no disipáis la arrogancia de la ignorancia,
porque con firmeza a esa fiera os sometéis.
¿Una espada os traspasará el corazón?
«Como ovejas llevadas al matadero» (Is 53,7)
¿Oyes el débil eco? Para ti es:
«¿Adónde vas, hijo mío?
¿Por qué acabas de esta
manera tu corta vida?» (Sal 18,6)?
Concede palabra a los sabios,
haz la mente fuente de encomio,
y bendice la lengua, para que
de ella surja indiscernible Grandeza».
***
En una sesión de espiritismo
tales palabras dictó -me decían-
Romano el Méloda a mi pregunta
sobre si vivíamos el fin de los tiempos.
Ahora saboreo un vodka
y unos percebes, y es invierno.
No me importa el real o irreal apocalipsis.
¿Florece Jonia? ¿Es ya tiempo?
¿No queda en pie ni una sola estatua?
La jornada fue lúcida en ideas
y lecturas (Sófocles, Delibes, J.L. Austin)
El poeta, mi querido maestro el poeta,
lo avisó hace mucho tiempo:
«Acabaremos en campos de concentración,
disecarán nuestro entendimiento.
¿Acaso ya no están haciéndolo?»
Está fría la plata de mi cubertería
como el chorro de agua del grifo.
Invierno. Vodka, soledad y algo de fruta.
No me importa que los gramáticos
no sepan griego o el musgo en las aulas.
Soy un noble oriundo -dichoso-
de la provincia de la Cultura. Me basta.
Vivo rico en el palacio de mi inteligencia
