Libro dos desabafos 6

PALAZZO GRASSI

«Gracias al odio del diablo, oh Venecia,

os distinguís en el nulo ejercicio del espíritu,

y no disipáis la arrogancia de la ignorancia,

porque con firmeza a esa fiera os sometéis.

¿Una espada os traspasará el corazón?

«Como ovejas llevadas al matadero» (Is 53,7)

¿Oyes el débil eco? Para ti es:

«¿Adónde vas, hijo mío?

¿Por qué acabas de esta

manera tu corta vida?» (Sal 18,6)?

Concede palabra a los sabios,

haz la mente fuente de encomio,

y bendice la lengua, para que

de ella surja indiscernible Grandeza».

***

En una sesión de espiritismo

tales palabras dictó -me decían-

Romano el Méloda a mi pregunta

sobre si vivíamos el fin de los tiempos.

Ahora saboreo un vodka

y unos percebes, y es invierno.

No me importa el real o irreal apocalipsis.

¿Florece Jonia? ¿Es ya tiempo?

¿No queda en pie ni una sola estatua?

La jornada fue lúcida en ideas

y lecturas (Sófocles, Delibes, J.L. Austin)

El poeta, mi querido maestro el poeta,

lo avisó hace mucho tiempo:

«Acabaremos en campos de concentración,

disecarán nuestro entendimiento.

¿Acaso ya no están haciéndolo?»

Está fría la plata de mi cubertería

como el chorro de agua del grifo.

Invierno. Vodka, soledad y algo de fruta.

No me importa que los gramáticos

no sepan griego o el musgo en las aulas.

Soy un noble oriundo -dichoso-

de la provincia de la Cultura. Me basta.

Vivo rico en el palacio de mi inteligencia

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