
Día plomizo, de grisalla lluviosa. En mi baño tengo una pastilla de jabón redonda alojada en un estuche oblongo, crema de afeitar en su tubo frío, loción capilar, un peine, una botella para masaje facial, un cepillo de dientes en estuche de plástico. Quizá me afeite y exilie mi barba desorganizada de talibán.
Leí mucho. Siempre leo mucho. Es entonces como si estuviera tendido en una hamaca, bajo los lirodendros. Leer como si el sol subtropical pusiera de relieve las vetas de un cenicero de ónice. Leer como helado rosa en las papilas gustativas.
Pese a mi locura mi vida es morosa y elegante y ágil como una especie de ardilla de plata y arena. Detesto el mundo. El mundo es mi biblioteca. No quiero escribir más.
