
«Il n’est pas impossible qu’un jour les années d’après-guerre, dont le cycle vient de se fermer sous nos yeux avec une brutale évidence, apparaissent à quelque Valéry futur comme un de ces “moments délicieux” que le nôtre a dépeints dans sa Préface aux Lettres Persanes. N’était-ce pas “l’heure de la jouissance et de la consommation générale”? L’individu n’était il pas alors “le plus libre et le plus aidé”? Un monde en vacances s’abandonnait à des fantaisies à la fois extravagantes et solennelles, mariait le ciel et l’enfer, partait à la recherche de la poésie pure et du temps perdu, découvrait à neuf son corps, son âme et sa raison, et faisait partout, sans tutelle ni contrainte, l’expérience amicale de la vie. Inquiet sans doute, et se plaignant de son mal; mais ce mal et cette inquiétude ne lui étaient pas imposés du dehors. Chacun vivait, ou mourait, pour ses propes dieux. On avait même tout loisir de détester cette bienheureuse et douloureuse indépendance, et certains souhaitaient trouver quelque part une doctrine. Peut-être ces voeux imprudents seront-ils bientôt exaucés. On voit déjà se profiler à l’horizon quelques-uns de ces monstres qu’on appelle mensonges vitaux.»
Jacques Dombaste
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Vive en mí como eterno ser del viento y
no como las transitorias cosas viven.
Pound.
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Wendell Phillips afirmó hace cincuenta años sobre la tiranía de la opinión pública: “En nuestro país de absoluta y democrática igualdad, la opinión pública no sólo es omnipotente, sino omnipresente. No existe refugio frente a esta tiranía, no existe escondrijo donde no nos alcance, y el resultado es que si usted toma la vieja linterna griega y busca entre cien personas, no encontrará a un solo norteamericano que no tenga, o quien, por lo menos, no imagina que tiene, algo que ganar o perder en su ambición, en su vida social o en sus negocios, frente a la buena opinión y los votos de aquellos que lo rodean. Y la consecuencia es que, en vez de ser una masa de individuos, expresando valientemente cada uno sus propias creencias, como una nación se compara con otras naciones, somos una masa de cobardes. Más que cualquier otro pueblo, tememos a los demás”.
En tanto que masa, su objetivo siempre ha sido convertir la vida en uniforme, gris y monótona como un desierto. En tanto que masa, siempre será la aniquiladora de la individualidad, de la libre iniciativa, de la originalidad. Creo, con Emerson, que “las masas son toscas, patéticas, perniciosas en sus exigencias e influencias, y no necesitan ser aduladas sino educadas. Espero no concederle nada, sino perforarla, dividirla y separarla, extrayendo las individualidades de ella. ¡Masas! La calamidad son las masas. No deseo para nada a las masas, sino sólo a los hombres honestos y a las encantadoras, dulces y consumadas mujeres”.
Tal como agudamente lo destacó Paul Valéry: “la política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”
