
Hay un momento, en El cuarteto de Alejandría en que el narrador recuerda a Justine sentada frente a un espejo de varias lunas y exclamando:
“-¡Mira! Cinco imágenes distintas del mismo sujeto. Si yo fuera escritora, trataría de conseguir una presentación multidimensional de los personajes, una especie de visión prismática. ¿por qué la gente no muestra más que un solo perfil a la vez?”
La Libertad dentro de uno se parece a ese abismo prismático multifactorial. La Libertad es riqueza plural y verdad.
Comparemos a Durrell con Platón:
“– Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
– Me lo imagino.
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
– Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
– Indudablemente.
– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
– Necesariamente.
– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
– ¡Por Zeus que sí!
– ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
– Es de toda necesidad.
– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
– Mucho más verdaderas.
– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
– Así es.
– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
– Por cierto, al menos inmediatamente.
– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
– Sin duda.
– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
– Necesariamente.
– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
– Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
– Por cierto.
– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
– Sin duda.
– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
– Seguramente.
– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible”.
La esclavitud como áspera costumbre a la opinión, a la ignorancia, al Estado.
***
A mi juicio, y sigo a Aristóteles, el amo se sirve del esclavo porque el amo sabe dar órdenes y el esclavo obedecerlas. Nos sobran en la actualidad los ejemplos. Nos apaciguan y gustan las murallas que nos rodean. Rehuimos la dorada melena de la Libertad. Nos queman gotas de aceite hirviendo en la espalda y no la apartamos, reina el hierro oblicuo de la noche. Libertad: embarazoso huésped, zángano de colmena, patán de bar, tonto de aldea. La Libertad ya no es un sueño en el corazón de los hombres. Lo dijo (y suscribo totalmente) Álvarez en unos versos:
“Lo que hemos amado como Historia
será como el paso de la Luna
entre la Horda y la Horda”.
O, en prosa:
“Libertad significa ejercitar derechos humanos de cualquier manera que una persona decida, siempre que no interfiera con el ejercicio de los derechos de otros. Esto significa, por encima de todo, mantener al gobierno fuera de nuestras vidas. Solo esta vía lleva a que se desaten las energías humanas que construyen la civilización, proporcionan seguridad, generan riqueza y protegen al pueblo de violaciones sistemáticas de derechos. En este sentido, solo la libertad puede realmente repeler la tiranía, la gran y eterna enemiga de la humanidad.
La definición de libertad que uso es la misma que fue aceptada por Thomas Jefferson y su generación. Es lo que se entiende de la gran tradición de libertad, pues el propio Jefferson la tomó de John Locke (1632–1704). Uso el término “liberal” sin ironía o desdén, para la tradición liberal en su sentido verdadero, que va de la Baja Edad Media hasta la primera parte del siglo XX y que estaba dedicada a liberal a la sociedad de las cadenas del estado. Es un programa que acepto y que creo que todos deberían aceptar.
Creer en la libertad no es creer en ningún resultado social y económico concreto. Es confiar en el orden espontáneo que aparece cuando el estado no interviene en la volición humana ni en la cooperación humana. Permite a la gente resolver sus problemas por sí misma, construir su vida por sí misma, tomar riesgos y aceptar responsabilidades por los resultados y tomar sus propias decisiones.
Nuestros niveles de vida son posibles por la bendita institución de la libertad. Cuando la libertad está bajo ataque, todo lo que queremos está bajo ataque. Los gobiernos, por su propia naturaleza, compiten tristemente con la libertad, incluso cuando el propósito declarado para establecer un gobierno concreto es proteger la libertad.
Tomemos por ejemplo a Estados Unidos. Nuestro país se creó con los mayores ideales y el máximo respeto por la libertad individual nunca conocido. Pero veamos dónde estamos hoy: gasto desbocado y deuda incontrolable, una burocracia monstruosa regulando todos nuestros movimientos, un total desprecio por la propiedad privada, los mercados libres, la moneda fuerte y la privacidad personal y una política exterior de expansionismo militar. Las limitaciones establecidas en la Constitución para nuestro gobierno por los Fundadores no funcionan. Poderosos intereses creados gobiernan y no parece haber manera de luchar contra ellos. Mientras se destruye la clase media, los pobres sufren, los ricos justamente se ven saqueados y los ricos injustamente se hacen más ricos. La riqueza del país ha caído en las manos de unos pocos a costa de muchos. Algunos dicen que esto se debe a una falta de regulación en Wall Street, pero eso no es verdad. La raíz de esto es mucho más profunda.
La amenaza a la libertad no se limita a Estados Unidos. La hegemonía del dólar ha globalizado la crisis. Nunca antes había pasado nada parecido. Todas las economías están interrelacionadas y dependen de que el dólar mantenga su valor, mientras al mismo tiempo se espera que la incesante expansión de la oferta monetaria de dólares rescate a todos.
La globalización del dólar se hizo más peligrosa con casi todos los gobiernos actuando irresponsablemente expandiendo sus poderes y viviendo por encima de sus medios. La deuda mundial es un problema que continuará creciendo si continuamos en esta vía. Pero todos los gobiernos, y especialmente el nuestro, no dudan en expandir aún más sus poderes a costa de la libertad en un esfuerzo inútil por forzar un resultado de sus designios. Simplemente expanden y ahondan más en la deuda.
Comprender cómo los gobiernos siempre compiten con la libertad y destruyen el progreso, la creatividad y la prosperidad es esencial para nuestro intento de invertir el rumbo en que nos encontramos. La disputa entre poder público abusivo y libertad individual es un problema antiguo. El concepto de libertad, reconocido como un derecho natural, ha requerido miles de años para que lo entiendan las masas en reacción a la tiranía impuesta por aquellos cuyo único deseo es gobernar a otros y vivir de su esclavización.
Este conflicto fue entendido por los defensores de la República Romana, los israelitas del Antiguo Testamento, los barones rebeldes que en 1215 reclamaron el derecho de habeas corpus e indudablemente por los Fundadores de Estados Unidos, que imaginaron la posibilidad de una sociedad sin reyes ni déspotas y por tanto establecieron un marco que ha inspirado movimientos de liberación desde entonces. Lo entiende el creciente número de personas que está reclamando respuestas y un fin de la hegemonía de Washington sobre el mundo.
E incluso entre los amigos de la libertad, mucha gente se engaña al creer que el gobierno puede ponerles a salvo de todo daño, proporcionar seguridad económica distribuida con justicia y mejorar el comportamiento moral individual. Si se concede al gobierno un monopolio sobre el uso de la fuerza para lograr estos objetivos, la historia demuestra que siempre se abusa de ese poder. Todas las veces.
A lo largo de los siglos se han realizado progresos en la comprensión del concepto de libertad individual y la necesidad de permanecer constantemente vigilantes para limitar el abuso del gobierno de sus poderes. Aunque se ha logrado un progreso constante, se han producido reveses y estancamientos periódicos. Durante los últimos cien años, Estados Unidos y la mayoría del mundo han sido testigos de reveses para la causa de la libertad. A pesar de todos los avances en tecnología, a pesar de una comprensión más refinada de los derechos de las minorías, a pesar de todos los avances económicos, la persona tiene mucho menos protección contra el estado que hace un siglo.
Desde el principio del pasado siglo, se han plantado muchas semillas de destrucción que están ahora madurando en un ataque sistemático a nuestras libertades. Con una terrible crisis financiera y monetaria tanto sobre nosotros como amenazando en el futuro hasta donde podemos ver, se ha hecho bastante evidente que la deuda nacional es insostenible, la libertad está amenazada y la ira y los temores del pueblo están creciendo. Lo que es más importante, ahora está claro que las promesas y panaceas del gobierno no valen para nada. El gobierno ha vuelto a fracasar y la reclamación de un cambio se hace cada día más sonora. Observad solo los grandes vaivenes de los partidos en el poder.
Lo único que hicieron las promesas del gobierno fue engañar al pueblo en una falsa sensación de seguridad. La autocomplacencia y la desconfianza generaron un tremendo riesgo moral, causando un comportamiento peligroso de una gran cantidad de gente. La autoconfianza y la responsabilidad individual fueron remplazadas por matones organizados que se abrían paso para lograr el control sobre el proceso por el cual se distribuía la riqueza saqueada al país.
La alternativa que afrontamos: más pasos hacia el autoritarismo o un esfuerzo renovado para promover la causa de la libertad. No hay una tercera opción. Este rumbo debe incorporar una comprensión moderna y más sofisticada de la magnificencia de la economía de mercado, especialmente la urgencia moral y práctica de una reforma monetaria. Los enormes defectos de un poder gubernamental que socava el genio creativo de las mentes libres y la propiedad privada deben comprenderse totalmente.
Este conflicto entre gobierno y libertad, llevado a su punto de ebullición por la mayor quiebra mundial de la historia, ha generado las airadas protestas que se han desatado espontáneamente en todo el país y el mundo. Los productores se están rebelando y los receptores de generosidad están enfadados e inquietos.
Esta crisis demanda una revolución intelectual. Por suerte, la revolución está en marcha y si alguien la busca sinceramente, puede encontrarla. La participación en ella está abierta a todos. Nuestras ideas de libertad no solo han evolucionado durante siglos, sino que actualmente se están debatiendo y una comprensión moderna y avanzada del concepto se ve en el horizonte. La Revolución está viva y coleando.
El objetivo es la libertad. Los resultados de la libertad son todas las cosas que amamos, ninguna de las cuales pueden finalmente ser proporcionadas por el gobierno. Debemos tener la oportunidad de proporcionárnoslas, como personas, como familia, como sociedad y como país”, Ron Paul (former member of Congress and Distinguished Counselor to the Mises Institute. Texto del 2018)
