
El ruido de la incultura gotea, tenebroso.
La Cultura o Grandeza es a veces una bendición, pero por lo general una conquista. La incultura, una nube de ruidos donde estamos inmersos, flujo y reflujo de rocas, nos empapa y rompe la crisma. El auténtico color de las cosas se alcanza sabiendo. Despertemos de esa gran pesadilla.
Se concibe como un contrasentido monstruoso la mera idea de una Alta Cultura compartida por todos, elaborada a la medida y afán de todos. La Cultura requiere un aprendizaje específico, elaborarla o “consumirla”, tiene algo difícil y manifiestamente artificial. Resulta, por decirlo así, un trabajo complejo. La cultura de masas o cultura masiva o cultura popular cotidiana, parece consecuencia de la mera espontaneidad. Algo frívolo, festivo, y ocioso (en el peor sentido de la palabra) Rebaja necesariamente los estándares de gusto y calidad, con concesiones “populistas” al gusto fácil. Subsume a la Cultura Universal en una cultura aldeana metropolitana. El gran público rehúye además potenciales estéticos renovadores. La promiscuidad cultural en la que caímos los de mi generación al final crea “confusiones”, es decir, nos impregnamos de ese nuevo espacio cultural llamado “midcult”, o forma mixta cultural de lo alto y lo bajo, para llamarlo brutamente y sin matices.
La cultura de masas es MERCANTIL. Cada producto se inserta en el nicho de mercado que le es propio, dando lugar a que las voces individuales sean cada vez más raras. El escritor modula su voz DENTRO del fértil mercado. El departamento de marketing de una editorial deviene algo como formado por los míticos miembros que integran el comité editorial de la Pleiáde.
Reflexionemos en estas palabras políticamente incorrectas de Villena, pero creo que audazmente verdaderas:
“Era un desprecio [a la cultura durante el franquismo] idéntico al actual: el desprecio que tiene el poder. Lo malo de la dictadura es que no existía libertad, pero la cultura se respetaba formalmente —especialmente en el exterior—. Incluso más que hoy. Hoy hacen lo mismo: la respetan de puertas afuera, mientras que de puertas a dentro la desprecian ¿Has oído algún presidente del gobierno hablar de cultura? Ni socialista, ni de derechas… son desprecios mutuos. Es más, desgraciadamente hay que decir que el nivel cultural de la época de la dictadura era mayor que el de hoy, eso lo sabe todo el mundo. Yo acabé el bachillerato de letras con una cultura que no tienen hoy ni siquiera los que han acabado Filología Clásica. He dado cursos de posgrado, ocasionalmente, y les he tenido que explicar cosas que yo sabía ya a finales de bachillerato. No es una casualidad; todo el mundo lo sabe. El nivel cultural en España es bajo hoy en día, y mucho más bajo que el de la época final de la dictadura. Esta no era igual en los años 40 que en los años 60”.
Y este extracto de entrevista a José María Álvarez:
“¿Qué opinas sobre el papel de la cultura en la sociedad actual? ¿Crees que todo se ha desvirtuado por culpa de una generalizada pérdida de valores, por la llegada masiva de sociópatas al poder, por la democratización de la cultura llevada a cabo por los mass media?
Sí, bueno, claro que sí. Yo creo que se está produciendo un fenómeno en el mundo (esto no es solo aquí en España, está tal cual en Francia, Estados Unidos, y en Alemania y en Italia) un fenómeno en que lo que había sido, hasta nosotros, quizá, ansia de saber, de conocer, de buscar lo excelente, ha ido dando la vuelta, reculando, e incluso quizá esa búsqueda de lo excelente, hoy, en este momento siniestrísimo, a mucha gente le tira para atrás, lo acusan de elitismo (dicen los muy sandios) y no sé qué, y tal. Y eso lo que produce es un proceso de incultura generalizada. Esa incultura generalizada, esa amnesia histórica, lleva a que evidentemente los productos que salen por ahí a mí me resulten de poco valor e indiferentes. Yo soy bastante pesimista. Claro. El pesimismo, notémoslo, no deja de ser otra tontería, porque en cinco minutos el mundo cambia. El mundo cambia y de pronto, sucede algo y resulta que empezamos un renacimiento de cualquier cosa, pero sí soy pesimista porque no lo veo venir todavía ¿Obvio, verdad? Pero a corto plazo no lo veo, insisto. Y lo que estoy viendo, ya te digo, en toda Europa, no solo aquí y en Estados Unidos, lo que estoy viendo en universidades que para mí eran importantes focos de grandeza, son parodias convertidas en un desastre más paródico todavía. Arrastradas por la ideología de género, arrastradas por el multiculturalismo, arrastradas por el resentimiento más cerril. Una Universidad con la que tuve mucho contacto -he dado allí una conferencia e incluso estuve en un college, me refiero a Cambridge- en estos momentos no tiene nada que ver, ni por asomo, con las nieves de antaño.
¿Crees que vivimos en un tiempo de mediocridad, de mentira, el tiempo del plagiador, del arribista, un tiempo que canta a lo vulgar y decadente?
Totalmente de acuerdo.
¿Por qué estamos como estamos? ¿A quién podríamos culpar?
Hay muchos enemigos ¿no? Pero, ¿cuál sería el principal? El principal, probablemente, es esa extraña sensación que ha inundado e invadido a muchísima gente, yo te diría que de suicidio. Como le está pasando a Europa, que se está suicidando, culturalmente, acaso no solo culturalmente, se está suicidando vitalmente; Europa se está suicidando vitalmente (el problema del islamismo en Francia lo veremos pronto en España, al tiempo) Asistimos a modificaciones de formas de ser, de formas de comportarse, a modificaciones incluso lingüísticas, que nos sumergen en una extraña pesadilla ¿no?
Y lo que has dicho antes, estoy conforme con todo: mediocridad, etcétera, etcétera, son los reyes y ucases del momento.
En alguna ocasión te has manifestado en contra del mundillo intelectual español.
No. Del mundillo intelectual español, del mundillo intelectual francés, del mundillo intelectual norteamericano y del que quieras”.
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La Alta Cultura es un portento difícil, un placer arduo, una excelencia rara. Si no te gusta Proust, el problema no es de Proust, es tuyo. La Alta Cultura es un hecho aristocrático, refinado, reluctante y apartado de las muchedumbres. Heráclito: “¿Por qué queréis arrastrarme a todas partes, oh, ignorantes? Yo no he escrito para vosotros, sino para quien pueda comprenderme. Para mí, uno vale por cien mil, y nada la multitud”.
Inútil la insistencia en Barbie o de los ciberfans por alabar Tik Tok, frente a Nabokov y Musil y Lucrecio. Demasiados novelistas de Grub Street ahuyentan a los lectores serios, que debemos vivir ocultos y avergonzados. Pero resistimos sabedores que siempre es dable un renacimiento carolingio.
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Acojo mis platitos golosos en actitud ceremoniosa. Cuido el jardín. Aspiro a la elegancia y limpio la cubertería, aunque la plata esté algo mellada. Solo deseo el Amor con prostitutas desde que cae el sol, mi vodka con zumo de naranja y el dibujo de Botticelli sobre el canto VI del Paraíso.
Un mozo de cuerda no es nunca ni será nunca una reina.
