Libro dos desabafos 32

(Balance)

Que la trompeta del juicio final suene cuando quiera; he sido. A diferencia de la pirotecnia que no suele dejar cicatriz ni huella, aspiro a ser releído, aunque sé que el problema estriba en que el lector no dispondrá de tiempo para ello. Un siglo más con toda esta gentuza y las palabras hederán.

Puedo decir que mi moralidad estuvo respaldada por la estructura estable del universo, con el compromiso último hacia aquello que tenía el poder de transformarme. Cerré la mente sobre lo sólido. Honré los reinos ricos de la experiencia humana. Sé de la norma significativa que han constituido mis experiencias. Y no es baladí y es de oro. Puedo esta noche nerviosa rumiar tumbado en la cama. Y relajarme complacido. El balance satisface.

El oficio de escritor es grande y delicioso, si uno se siente digno de salir airoso en lo que emprende; pero no está exento de trabajo, de penalidades ni de inquietudes. Yo no fui de los peores.

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