Libro dos desabafos 44

(Donde el escritor expresa su desfase con estos tiempos rucios que superan el umbral de su resistencia)

Días descerebrados, inertes, impuros, tiempos de rictus bufonescos en la boca, almas de purgatorio, días mesocráticos, bulímicos, sin armonía de ideas. Mi cabeza está llena de citas de Aristóteles y Plutarco que aprendí en la universidad, y los baronets y tenderos extasiándose ahora con la crónica rosa.

La solidez y el valor de la vida cotidiana dependen de que se lea cada día, y aún más, de lo que se lea. Asedia una torturante incultura a los españoles. Holgazanean fachendosos y perturbados por las redes en un vivir lisérgico ajeno a la cultura. Desprecian lo excepcional: lo ordinario y bajo define su credo.

Días atestados de pollinos. Días de apogeo de bobos. Días de macarrónicos iletrados. Días tristes, de piedras frías de invierno, ridículos, con una bola de salmuera ácida en la boca. Días con un anzuelo prendido en la esquina de los labios. Días gordos de ignorancia, talados, caducos, reducidos a escombros. Pululan millones de tipos gozquecillos que parecen locos de rabia y soltando ladridos al azar.

Borges: “Cuando yo era chico, ignorar el francés era ser casi analfabeto. Con el decurso de los años pasamos del francés al inglés y del inglés a la ignorancia, sin excluir la del propio castellano”.

Deja un comentario