Libro dos desabafos 46

Le escribió Lord Chesterfield a su hijo: “Has de saber, sin embargo, que la compañía de gente baja y sus vulgarísimos vicios, sus indecentes desenfrenos y su libertinaje son cosas que no estaré nunca dispuesto a tolerar, ni tampoco a perdonar”.

La locura es una fuente de muy vulgares vicios, desenfrenos y bajo libertinaje caótico o corrompido. Ayer oí voces infectas, un coro de más de cien, que me instaban al suicido en medio de chirriantes y gravosas denigraciones: “MÁTATE, MÁTATE, HIJO DE PUTAAAA”. A eso añádase la visión alucinatoria de serpientes reptando por el piso de mi habitación, junto a lagartos mutantes como con cabeza de sapo. La experiencia fue aterradora.

Me complacería gastar fútilmente mi tiempo entre ruelles y toilettes (alcobas y tocadores), pero un Dios de gusanos al acecho destruyó mis perlas y diamantes, mi razón. Ardorosos ríos envían sangre a mi cerebro. Lo acepto (soporto) con paciencias estoicas.

Pero, pese al dolor, vale la pena vivir. Lo escribiré en catalán, mi primera lengua literaria y que domino plenamente.

Som a ple hivern, però la llum té un bri d´alegria primaverenca. El sègol comença a verdejar. Si un mira de prop les branques nues dels castanyers s´adona dels petits borrons rojos. En català “estritllar-se” té el sentit també d´asserenar-se. Després de veure serps verdoses i gripaus fastigosos el meu cel ja s´estritlla. Després de les glaçades un vent de dolçor. La meva vida s´ha amoriscat força. Puc llegir les cartes de lord Chesterfield al seu fill, i creure color de lilà el meu cervell. La boira vela les fagedes i el cementeri del meu poblet gallec.

La profusa compañía vegetal fresca y suavísima. El oasis tranquilo tras el brote de locura. Tengo dos novelas escritas en catalán que mi padre no permitió que publicara debido a que eran un roman à clef familiar. Amo la lengua y cultura catalana. Ahora el fango de rosa podrido confunde a Cataluña. Una mezcla de resentimiento, irracionalidad, sentimentalismo naif, y, sobre todo, el cuento de una especie de lugar edénico en el pasado (históricamente falso y mitológico), de paraíso terrenal donde paseaban los catalanets con sus cabritillas, un paraíso que dicen que ha sido sojuzgado y que merece sacrificio y redención para ser restituido, ofusca la mesura catalana, su medida y rigor e inteligencia. Hay mucho de ignorancia, radicalidad, corrupción moral y no poca estetización totalitaria. ´

Galicia ayer votó y, por fortuna, la hidra nacionalista no tomará el poder (podré estar aquí una temporada más sin necesidad de exiliarme a Francia o Madrid) “Sentidiño, meus Deus”.

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