
Al igual que el poeta Panero, “vivo bajo la fantasía paranoica del fin del mundo”.
Coincidió mi hecatombe moral con mi visión apocalíptica del declive cultural occidental. Este es un proceso inevitable: consiste en lo que algunos psicólogos llaman la FANTASÍA DE LOS BUENOS TIEMPOS. El manriqueño “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Y así cada generación cree que los chicos de hoy en día no hacen más que degradar y estropear la lengua, la cultura y las costumbres, y, con ello, arrastran la civilización al desastre.
Según el erudito Richard Lloyd-Jones, algunas de las tablillas procedentes de la Sumeria antigua que se han descifrado recientemente, contienen quejas por la decadencia en el modo de escribir de los jóvenes. Y ya hay textos del siglo XVIII español apenados por la degeneración a marchas forzadas de nuestra lengua, usada por las nuevas generaciones de modo rudimentario.
Algunos griegos dijeron: «La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros». Parece ineluctable que los padres de todas las épocas vean a sus hijos como niños mimados, inmaduros e irrespetuosos.
La conciencia de la derrota del idioma y la educación atraviesa los siglos. Cuando maduras, acaso confundas los cambios que se producen en sí mismos con los cambios que se producen en el mundo que los rodea, e identificas los cambios en el mundo con un declive moral.
Yo soy un muy fuerte melancólico y un tipo nada integrado. Con esta nota acaso quiera curarme en salud por si pienso con sesgos y contra-razonar de algún modo mis muy asentadas percepciones.
Quid est veritas? ¿Debo ir a un concierto de Rauw Alejandro?
