
Fabrice Gaignault, Diccionario de literatura para esnobs, Impedimenta, pp. 30-31
“ACKER, KATHY. Escritora tatuada de rostro andrógino, adepta del bodybuilding, autora de una obra que mezcla pornografía, fragmentos autobiográficos y préstamos de textos ilustres, todo ello amasado, triturado y esculpido para parir una forma de literatura ignota hasta la fecha. Nacida en 1947 en Nueva York en una familia de origen judío alemán, quién aún se llamaba Karen Alexander emprende estudios literarios antes de convertirse en asistenta del pensador de la contestación Herbert Marcuse. Por aquel entonces, se gana la vida haciendo strip-tease en pleno Times Square (una experiencia que revolucionará su visión de la sexualidad, del género y de las clases, y que le enseñará lo que vendrá en denominar “política de la calle”) Durante los años setenta y ochenta, Acker participó de modo activo en la escena literaria y musical del SoHo y de San Francisco, colaborando en aquella ciudad con el conjunto punk lésbico Tribe 8, y compartiendo vida durante seis años con Peter Gordon, de los Love of Life Orchestra. Tras regresar a Nueva York, colaboró con los Contortions, que más adelante se llamarían James White and the Blacks, y luego los Lounge Lizards. Kathy Acker, que reivindicaba la herencia francesa, desde Rimbaud hasta Pierre Guyotat, a quien tradujo al inglés, no vacilaba en copiar pasajes de obras maestras de la literatura universal, una actitud que le valdría ser tildada de “pirata”, y que ella justificaba irónicamente explicando que, al fin y al cabo, “copyright” significa “derecho a copiar”. Heredera de Burroughs, que decía de ella que era una “Colette posmoderna”, Kathy Acker se impuso en el mundo literario de vanguardia en los años noventa antes de morir de cáncer de pecho en 1997, en Tijuana, México. Sus excesos, su glamour, su mirada, su humor, la grandeza de su visión y su insatisfacción crónica hicieron de ella, según su amigo Robert Glück, “una formidable autora trágica”. Llevó aún más lejos la técnica del cut up, yuxtaponiendo fragmentos autobiográficos, fantasmas sexuales (sobre todo sexos femeninos) y collages de secuencias textuales de Cervantes, Sade, Dickens, Proust, Passolini, Violette Leduc; y confiriendo a esos conjuntos una voz única, fuerte, frágil, excesiva, extralimitada”.
Nota bene: Kathy Acker es una de mis grandes influencias y una adorable, venerable maestra.
