
CÓMO ME GUSTARÍA ESCRIBIR
Como Hefestion declaró su pasión a Alexander the Great, bañándome en la fuente de Dafne, con sordina y regusto de lacre y capellina de paño, vestido con la chaqueta de tweed que Coco Chanel diseñó, como un gato que acaricia la marquesa de Guermantes, con astros orbitando en el rojo exuberante de Shakespeare, bañándome en el estanque de margaritas venenosas de Céline o fúnebres de Dostoievski, luminiscente como el teatro de caracoles de Platón, burbujeante al igual que la cerezas de fuego de Nabokov, oyendo en otoño gotas de lluvia en el cristal, en ese suburbio de Palm Beach donde Dante descifró este laberinto, como impulsado por una sociedad masónica de espías, delirando en los jardines de granito gris de Miró, bajando por un tobogán que atropella plebeyos, dentro de los fecundados girasoles geométricos de Borges, bronceado por los acordes de violín de Proust, sonando a hidrostática de la Luna, subyugado por el avispero de los sexos, huyendo cual zarina al destierro de colinas cobrizas, regalando a los lectores anillos de malaquita y oro, rotando tropical un verano de ligues y arenas rubias, como neones de Tokio posados en un nogal, como nostalgia de latines y Oriente…
MIENTO.
Solo y únicamente deseo escribir como abraza el cuerpo de un hombre a una mujer.
