
«No todos los enemigos del judío, desde luego, reclaman francamente su muerte, pero las medidas que proponen, y que apuntan todas a su degradación, a su humillación, a su extirpación, son sucedáneos de ese asesinato que meditan dentro de sí: son homicidios simbólicos«, Sartre.
«Alguien, aquí, en Madrid, me cuenta su estupor (es real ese estupor, yo sólo juego a transcribirlo vanamente, la escritura es siempre vana para dar la resonancia de lo que importa): «Hace ya varios días que la pintada estaba ahí, frente a mi ventana: ¡Muerte a los judíos! La firmaba no sé qué fracción extrema de Falange. Me había habituado a verla como parte del paisaje. Ya, la verdad, ni la veía. Esta mañana noté algo raro. Me fijé más. Alguien había tachado la firma. La había sustituido por las siglas de un grupo de izquierda radical. El texto permanecía intacto» (Gabriel Albiac, Jugamos con serpientes, en El Mundo, 22 de abril de 2002)
«…la novedad de este antisemitismo radica, por un lado, en sus promotores, y por otro, en su carácter velado en forma de crítica política… La crítica a Israel se adentra en los confines del antisemitismo cuando las acusaciones trascienden al Estado de Israel… y se proyectan sobre los judíos como grupo… [con] utilización distorsionada o paródica de elementos religiosos o culturales judíos”, Alejandro Baer.
“Intelectuales y activistas de derechos civiles tratan de explicar que los ataques a judíos y el terrorismo contra Israel son, de hecho, culpa de Israel. Sus análisis combinan la deslegitimización del Estado de Israel con el tradicional antisemitismo y sus estereotipos. De acuerdo a cualquier criterio objetivo, esta es una nueva oleada de antijudíos, sin precedentes desde el final de la segunda guerra mundial, y hasta el momento es difícil encontrar cualquier sentido de responsabilidad por ello entre estadistas e intelectuales. El efecto agregado de la violencia contra judíos, expresiones de odio – incluidos gritos de «Muerte a los judíos» en las calles y campus universitarios de Europa y en otras partes del mundo – junto al estruendoso silencio o entreveradas explicaciones que culpan a Israel por los hechos, caracterizan lo que hoy comienza a llamarse «el nuevo antisemitismo«, Dob Benasher.
