Diario del falso aristócrata 12

Sánchez parece ya indiscernible de un árade agazapado en las grietas.

En el “Diccionario nacional o gran diccionario de la lengua española” de Ramón Joaquín Domínguez, publicado en Madrid, 1849, figura la entrada araditos, y dice: “Araditos. Familia de geocorizos hemípteros”.

Su clasificación taxonómica es: Orden. Hemíptera. Familia. Aradidae. Especie. Aradus depressus depressus. Se trata de una de las especies más comunes del género Aradus, con una gran distribución. Se les conoce comúnmente como CHINCHES PLANOS.

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Así definía Covarrubias el concepto de «bernardina» y explicaba su procedencia en “Tesoro de la Lengua Castellana o Española”, Madrid, 1611:

“Bernardinas son unas razones que ni atan, ni desatan, y no significando nada, pretende el que las dize, con su dissimulación, engañar a los que están oyendo. Pienso tuvo su origen en algún mentecapto llamado Bernardino, que razonando dezía muchas cosas sin que una se atase con otra”.

Bernardina y sanchina, mismo sentido y misma referencia.

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«Rolf Hochhuth, calificó de «horrendo jurista» al ministro presidente de Baden-Würtemberg y antiguo juez del ejército en razón de algunas sentencias por él dictadas en tiempos de guerra y de posguerra. En las subsiguientes explicaciones públicas y ante tribunales -Filbinger introdujo la acusación, Hochhutt fue absuelto y el ministro presidente tuvo que renunciar a su alto cargo- se hizo notar la declaración asombrosa e increíble de Filbinger de que hoy no puede ser antijurídico lo que antes fue jurídico. Esa frase del fanatismo, la perseverancia en la legitimación de la justicia inhumana del Tercer Reich puso en evidencia todo el aspecto horroroso de aquellos juristas y de muchos colegas de profesión de su generación, ya que el Juez de la Marina Filbinger no era un caso aislado. En1927 el jurista Kurt Tucholsky, en el periódico Weltbühne ya había substanciado a la justicia con «la casta en la que reclutaba la judicatura alemana» añadiendo que «no representa a la Alemania que desde algo de Goethe, pasando por Beethoven y llegando hasta Hauptmann contiene esos elementos que nos hacen amar la tierra» Quien en ello esté de acuerdo, a lo mejor sostiene y cree que «terribles juristas» es una tautología, que la justicia inevitablemente debe ser algo terrible, debería tener claro que la palabra «justicia» de ningún modo debe tener el sonido de un latigazo, que ella también fue para los alemanes sinónimo de derecho y juridicidad y dio tiempo para que en aquella gran parte de la judicatura se procurara desprenderse de ese alegato», Ingo Müller, Furchrtbare Juristen.

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La primera oportunidad que tuvieron los tribunales de justicia de expresar su simpatía hacia el recién fundado partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) fue en el juicio seguido a Hitler y otros ocho nazis después del fallido «golpe de la cervecería» del 8 y 9 de noviembre de 1923.

La sentencia fue muy benigna. La defensa numantina a Sánchez y el papelón realmente alucinante de nuestro gobierno y ministro de Justicia nos permite poder inferir peliagudos y tristísimos paralelismos.

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» Todavía quedan jueces honestos en Berlín». El viejo adagio se atribuye, entre la historia y la leyenda, a Federico II el Grande de Prusia, en referencia al episodio protagonizado junto a un humilde molinero bajo el absolutismo de pleno siglo XVIII. Sucedió que el monarca, desde el recién inaugurado Palacio de Sanssouci en Postdam, ordenó derribar un viejo y ruidoso molino ubicado en los aledaños de su flamante residencia. Sin embargo, el propietario, lejos de rendirse, recurrió a los tribunales de Berlín donde acabó derrotando al poderoso, y cuenta la leyenda que el Rey, o el molinero, quien sabe, pronunció la famosa frase. Sea como fuere, la moraleja se refiere al control judicial sobre el poder a través de la tutela judicial efectiva que sirve de garante de los derechos del débil frente al poderoso.

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El gobierno es un páramo decadente que vive en un no-tiempo, suspendido, inerte, donde todos dependen de Pedro Sánchez para ser, alienados, ya que sus movimientos y destinos giran en torno al cacique.

La historia de Sánchez es indistinta a la de Fouché: un traidor nato, reptil en estado puro, intrigante y amoral, camaleón de ideas, sedicioso tahúr, corrupto irremplazable, traidor imperturbable y todopoderoso. «Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo»,

Hamlet, Acto III, escena 1, 49-51.

La decadencia solo genera decadencia. Sánchez falsifica el sufragio y corrompe el sistema, abusa de su posición, de su poder, de los resortes de su autoridad. La mediocridad solo genera mediocridad.

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«Ellos a todo se atrevieron, pero vosotros lo permitisteis todo:

cuanto más vil es el opresor, tanto más infame es el esclavo».

Jean-François de La Harpe (1739-1803), tras su desengaño con los revolucionarios franceses. Plenamente actual.

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Los medios de comunicación se convirtieron en hipnosis de masas y propaganda organizada. Cómo deseo leer a Dante en lugar de a esos pordioseros de la verdad.

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