Diario del zalapastrán 7

Para José María Álvarez, maestro sin mácula, In Memoriam

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Nuestra dignidad se traduce en -cito a Steiner- «la realización de la sabiduría, la búsqueda del conocimiento desinteresado, la creación de belleza». Ganar dinero e inundar nuestras vidas de unos bienes materiales cada vez más trivializados «es una pasión profundamente vulgar, que nos deja vacíos».

Mi maestro, recientemente fallecido, José María Álvarez, respondió que el mejor estilo, y no solo en la escritura, era el «estilo trasatlántico» (fue una respuesta de nuestro común enemigo Goebbles -enano cojo y diabólico- a la pregunta de Albert Speer sobre cómo quería decorar su despacho)

La palabra, «trasatlántico», connota belleza, cosmopolitismo, refinamiento, lujo, comodidad, elegancia, ciencia, altura. En un trasatlántico no se comen tuppers con tortilla de patatas, ni las hordas tienen en sus jardines querubines gorditos.

Por el contrario indica una cena de etiqueta de, digamos, corona fría de salmón y remolacha, con estrella bearnesa y caviar de salmón, huevo con angulas y bogavante azul del Cantábrico con su cabeza gratinada y, de plato principal, acaso rodaballo con sombra de garum de aceitunas negras y hojas de salvia fritas y pieza de ternera Rossini con láminas de trufa negra.

«Trasatlántico» evoca a la antigua Biblioteca del Trinity College, a Felipe II, humanista y bibliófilo, soñando con la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (sus sueños, convertidos en hechos, nos hizo mejores y más nobles) Evoca cuando Einstein habló años después acerca del descubrimiento de la teoría general de la relatividad, y describió el momento en el que todos sus pensamientos se fusionaron y, de repente, las fuerzas de la gravitación tuvieron sentido. Conforme escribía sus ideas en forma matemática, él sabía que era “demasiado hermoso para estar equivocado”.

Estilo trasatlántico, queridos. Porque más que encantar, conmueve, como la prosa de Burke y Pater, como las leyes que conservan el tesoro de las formas adoradas del universo, como examinar la curva de un hermoso seno y que después la mano recorra el largo de la cadera.

La Grandeza, indiferente al pasar de los imperios, a los seres queridos u odiados, a árboles y bosques, a la Historia, a la decadencia del cuerpo, a la extinción del espíritu.

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