Diario del zalapastrán 11

MEDITACIONES NOCTURNAS EN LA ALDEA

Para José María Álvarez, que siguió un nobilísimo ejemplo de vida: siempre literatura y arte

Noche cálida, norteña, de uva dorada de agosto.
La Luna es una sombra de bicicleta luminosa
rodando por el cielo, un hada viva, redonda
y pálida, en el fondo del río…o de tus ojos.
Acabo de leer la biografía de Wittgenstein
de Ray Monk; mientras escribo esto, Wagner
-Wotan y Walkyrias temblando como muchachas
rubias. Soledad drástica en la aldea.
¡Si no fuera por la gente! En todas partes estorban.
Lo enredan todo. Las leyes comidas de ratones.
El burócrata, una lombriz sermoneadora.
El político, una corrala de cerdos y escorpiones.
¡Si no fuera por la gente! Las barbacoas con
sangre de erizo. Las casas con jardineros tontos.
¡Si no fuera por la gente y sus novelistas
preferidos, preferidos por ellos y por el estado!
***
Noche que desvela con su calor.
Noche triorquídea. Serrallos de estrellas
como granitos de café brillantes. Paseo por la
biblioteca: “De triplici vita” de Ficino, Tolstoi,
fresca gravilla glacial veteada de aguanieve, Kavafis,
maga nutria marina donde irrumpen cúpulas
celestes, Stendhal, coronel de labios rosas,
Platón, luz imperial que al alba certifican
los gorriones, Nabokov, hollín y marroquinería.
Qué plácida mi vida en el campo de lector y poeta.
¡Oh noble caballero del castillo sin ambición social!
¡Oh Alteza Real con malvarrosa en su feudo: tienes
vodka frío en la mano, y mañana comerás lasaña
de hongos y foie, gratinada al Champagne y cenarás
bogavante asado con verduritas y salsa Thermidor!
¡Si no fuera por la gente y su gueto de Varsovia!
Te asombra y desconcierta Mozart, la K. 413 está
inundada de luz y sombra como una tarde de primavera.
Como dijo el gigante poeta: “¡qué vida tan ilustrada!
¡y en estos tiempos!” Te vuelves hielo y hoja
en esta aldea que desaparece, hidalgo rural,
bulliciosa guirnalda a quien entusiasma la
inteligencia de Álvarez, Shaw, Conrad, Dinesen,
Plutarco, Sexto Empírico, Gracián, Voltaire…
Te horroriza el siniestro vacío de la incultura.
***
Oh vida verdaderamente pacífica y tan parecida
a la vida celestial. Mejor que cualquier otra vida,
exenta de afanes y prisa, capaz de abrazar tantas
delicias, donde se encuentran el silencio y la pausa.
Una vida que reforma el alma, que repara las costumbres,
que renueva los sentimientos, que limpia las
manchas, que llena de dulzuras los recuerdos. Aquí
está el espíritu de mamá, estimulando mi alma
afligida. En mi despacho medito, al pasear con la perra
ejercito el cuerpo. Una vida filosófica, poética, profética.
Estimados lectores, ustedes –muchos- no pueden
gozarla: lo siento. Con palabras de Cicerón que siguió
Agustín: “Lo que nosotros llamamos vida, solo es la muerte”.

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