
Señala Russell:
«La contemplación no sólo amplía el alcance de nuestro pensamiento, sino también el de nuestras acciones y nuestros afectos: nos hace ciudadanos del universo, y no sólo de una ciudad amurallada en guerra con las demás. En esta ciudadanía del universo consiste la verdadera libertad del humano, y su liberación de la servidumbre de las esperanzas y temores estrechos».
Karl Popper escribía:
«Creo que hay al menos un problema filosófico que interesa a todos los humanos reflexivos: el problema de la cosmología, el problema de entender el mundo -incluidos nosotros mismos, que formamos parte de este mundo, y nuestro saber. Pienso que toda ciencia es cosmología en este sentido; y para mí la filosofía, como la ciencia natural, sólo es interesante por su contribución a la cosmología. Si dejaran de ver en ello su misión, la filosofía y la ciencia natural perderían todo su atractivo, al menos para mí».
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Esa es la tarea de la filosofía, como decía Moore: «ofrecer una descripción general del mundo» y no el medieval scholasticus sobre la enésima menudencia.
También debería no vivir al margen de los tiempos, y batirse en la arena pública. Se les echa de menos.
