
DE LA ANTOLOGÍA PALATINA
Aquí yo, infeliz, sufrí muerte civil por obra
de médicos y yazgo sin que nadie me llore.
Que la fatiga de mis miembros
a un pozo de suciedad les condene.
***
En el bosque murió quien os escribe,
el poeta, que amaba los epigramas.
Honrad su tumba, oh paseantes;
fue rimero a quien nadie igualó, aunque
desconocido por vivos y dioses.
***
La bella Edesia al amanecer
se cubría con sábanas.
Me devolvió el espejo
de su sexo con mi imagen.
***
Muérdeme los labios, tú, que recuerdo que eras
primavera rizada de rosas. Apriétame fuerte.
¿Por qué no deseas que termine su vida de goces
y poner en la tumba ambulante
el laurel de su aliento?
***
Amor, corónate de yedra.
El eterno acabar. Cómo dura
la temerosa noche
no demasiado cálida.
