
Noche. Trinchera, oda bárbara y pájaro obsceno. Dado el frío engendrado en el estómago por la melancolía la concocción y la digestión no se corresponden con el apetito. Fluye el espesor y la viscosidad del jugo melancólico. Se desploma la bóveda del cielo. El temperamento lento y silencioso se corresponde con ese humor, enrarecido por el calor. A los depresivos nos posee una sustancia terrosa, tosca, fría y seca. Inmoderado corazón sin forma ni proporciones.
***
El médico sirio-cristiano Mesué o ibn Masawaih afirmó que la constitución física expresa asimismo la psíquica, de ahí la necesidad del consejo médico (la tristeza exige medicación por la palabra o por la droga) Su “Antidotarium”, aparecido en Venecia en 1562, fue muy manejado.
***
Me recomiendan una dieta rica en comino, galanga, endibia, y alcaparra, purgadores de residuos sanguinolentos y espasmos.
***
En los antiguos griegos hubo vacilaciones entre asociar los ensueños con la religión. Al principio se hablaba de visiones y apariciones de la divinidad; con la crítica de Hipócrates y Aristóteles se tendió a la visión racional y empírica. Mis sueños -apocalípticos- son proféticos.
***
Simplicio recoge en su “Física” (también aparece en Cardano) la fundamental idea de Anaxágoras: “Todas las cosas estaban juntas, luego, sobrevino la mente y las ordenó”. Mi mente se desordena con ímpetu de turbina.
***
Noche, obscena ave prófuga, alarido de cielo andaluz, dame una tregua. Vivo como si estuviera muerto ya. Noche, aleja tus pólipos y tráeme un camino que cruce un huerto de manzanos. Así sea (amanece en la aldea)
