Diario del zalapastrán 27

Unos días (crecientes) de tribulación melancólica. Las cosas viejas pasan, todan son hechas nuevas. Aceptar y soportar. Te apartas del mundo para sufrir menos, pero eso es una espada con doble filo. Todo se nubla y disgrega de tristeza. A veces me inunda un exceso de emotividad (eufórica o abatida), otras me atenaza algo así como «un corazón de piedra». Nulas esperanzas. Ningún sistema social de apoyo -debo sacarme yo solito las castañas del fuego-, soledad histérica. En líneas generales: desasimiento, inhibición, aislamiento, insomnio, falta de higiene, bajo nivel de activación mental, pérdida absoluta de las pasiones sexuales, angustia, apatía, indolencia, desidia.

Acudo a la Cultura (extraña covachuela) para ver expresados algunos de mis síntomas. A veces, no pocas veces, leyendo las páginas más tristes, y por un proceso de opuesta identificación, me siento como en la Sala de lectura de la Biblioteca Folger Shakespeare con una copia de sus ochenta y dos primeras ediciones (First Folio) a la vista. Me acoge el esplendor isabelino de la sala que contrasta con el art déco neoclásico del exterior del edificio. O veo ese retrato firmado por Parmigianino en que el modelo tiene entre las manos un lujoso libro encuadernado, símbolo tanto de su riqueza como de su ambición intelectual.

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Pero hacía allá me vuelvo,
a la feliz, inexpresable
noche, toda misterio…
Allá queda tendido el mundo,
¡qué olvidado en su honda fosa,
qué desiertos y solos sus lugares!
Profunda tristeza
tiembla en las cuerdas del pecho.
Lejanías del recuerdo,
deseos de la juventud,
sueños de la infancia,
cortas alegrías
de toda la larga vida,
y vanas esperanzas,
acuden con vestiduras grises
como nieblas de la tarde
a la caída
del sol.
(…)
¡Qué pobre y pueril
se me aparece la luz
con sus pintarrajeadas cosas;
qué gozosa y bendita
la ausencia del día!

Novalis, Himnos a la noche





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Un príncipe que heredero
es de Israel, cuyo heroico
valor resistir debiera
constante, osado y brioso
los ceños de la fortuna
y del hado los oprobios,
¿tanto a una pasión se rinde,
tanto a una pena que absorto,
confuso, triste, afligido,
no les permite a sus ojos
la luz del día, negando
la entrada a sus rayos de oro?

Calderón de la Barca





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“Yo no pretendo que la Alegría no pueda asociarse con la Belleza, pero digo que la Alegría es uno de sus ornamentos más vulgares, mientras que la Melancolía es, por decirlo así́, su ilustre compañera, llegando hasta el extremo de no concebir (¿será́ mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de Belleza donde no haya Dolor” Baudelaire, Journaux 20

El spleen, el ennui, el «taedium vitae» es el temple fundamental de la poesía de Baudelaire. Se trata, pues, de un temple doliente: el temple en el que la vida ya solo se siente a sí misma bajo la condición del dolor de vivir.

Lo expresó Benjamin: “Lo que inspira a Baudelaire es estar abocado al abismo”.

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EL ABISMO

Pascal tenía su abismo, que se movía con él.
-Todo es pozo sin fondo, ay, acción, deseo, sueño,
palabra! y a menudo, rozando mis pelos erizados,
he sentido pasar el viento del Miedo.
Arriba, abajo, en todas partes, lo profundo, lo inhóspito,
el silencio, el espacio horroroso y cautivador…
Sobre el fondo de mis noches, Dios, con su dedo sabio,
dibuja una pesadilla multiforme y sin tregua.
Tengo miedo del sueño como se teme un gran túnel,
repleto de vago terror, camino hacia quién sabe dónde;
no veo más que infinito por todas las ventanas,
y mi espíritu, siempre acosado por el vértigo,
envidia la insensibilidad de la nada.
-¡Ah, no poder nunca evadirse de los Números y los Seres!

Baudeliare





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ESTOY CANSADO

Estar cansado tiene plumas,
tiene plumas graciosas como un loro,
plumas que desde luego nunca vuelan,
mas balbucean igual que loro.
Estoy cansado de las casas,
prontamente en ruinas sin un gesto;
estoy cansado de las cosas,
con un latir de seda vueltas luego de espaldas.
Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto;
estoy cansado del estar cansado
entre plumas ligeras sagazmente,
plumas del loro aquel tan familiar o triste,
el loro aquel del siempre estar cansado.

Luis Cernuda





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En fin, lo podría ejemplar con miles de pruebas. La Melancolía es un tema recurrente y universal en el arte. La Cultura es como la Fortuna (y la fortuna) de una floreciente catedral. Que nunca se apague del todo en mí.

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