Tu conciencia: impía piedra que apenas late, baúl de auroras apagadas. No memorices lecciones: no existe premio ninguno, reina absoluta la soledad –jaula en cualquier meridiano- y el dolor, el dolor, el dolor inevitable, días oscuros en inviernos oscuros.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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