
BACH
Para Alberto Royo, por los muchos momentos de placer y conocimiento que pasé con sus libros
(Jaroslav Seifert)
Nunca dormí hasta avanzada
la mañana; me despertaban los
trinos matutinos, el Orden (una forma
de sabiduría), y con frecuencia mis
propios versos; apenas me limpiaba
los ojos me obligaba a escribir.
Me horrorizan los espacios infinitos,
el pétalo flotando en el negro farallón
del Universo. Pero de pronto oí a Bach.
¿De dónde viene esa música? De una región
supra-lunar, seguro que no de la tierra,
de perlas murmurando palabras a los oídos
del mar. Todo parece esmeraldas
colgadas al lado de las estrellas fijas.
Esa Verdad sin miedo vale por mil vidas.
Nunca acabará su música, pues nunca
acaban los dorados del enigma y la Belleza.
Como si me hubiera tomado varios vodkas,
trastabillé y me tambaleé, y empecé a
esbozar este mediocre y escaso poema.
