Olimpiadas de Barcelona. Paseos nocturnos entre el Parque Güell y la Plaza Lesseps sin dejar de besarnos. Labios tan pronto perdidos que no volví a encontrar nunca más, labios de pronto olvidados en la noche cerrada de la ciudad.
Que casi fueron míos y no reencontré, frescos como espumas, cálidos y solitarios como ramas de julio, como péndulos y frutas verdes, aquellos labios que no logré volver a besar más.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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