Oculto en carne, cuerpo y espíritu (argonauta que teje y desteje su propia telaraña), puente de Ten-Shin y puente de Brooklyn, poeta absoluto, vacío de la unidad, Servet y Torquemada, fuiste redondo y entero, Maestro, en cada una de las liturgias, que, como un espectral faquir, nos disolviste.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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