Estoy solo en casa, como un animal, hibernando, casi ni veo el sol -las persianas bajadas-, me cepilla un poco la luz al amanecer. Muy al Sur de mi cuerpo, goce y serenidad. Cómo me joden aquellos que lo han tenido todo y no valoran nada, y qué dura es la vida de fajador, mantenerse derecho mientras todo se tuerce. Pronto de noche. La noche verterá su sangre sobre el cielo de la albada, como aquella daga que apuñaló a Marat. El poniente me ignora.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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