Diario del zalapastrán 50

DESFILE DE MODELOS

Me avergonzaban los lloros y aullidos
que salían de mi habitación los veranos
de mi adolescencia: raudal de lágrimas:
ni un alma que echarse entre las piernas.
El silencio entraba como un aro de espinas,
mi dentadura mordía mariposas disecadas
-vaga disposición sentimental al suicidio-;
unos justificados modelos de brusca soledad.
Recuerdo esa vida tras muchos años pasados.
¿Ahora? Lo mismo, pero corregido y aumentado.


			

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