
Sobresaliente idea, que no por tópica luce menos verdadera: «No pienso que los hombres tengan la riqueza o la pobreza en sus casas, sino en sus almas», Antístenes (El Banquete de Jenofonte, IV, 34-44)
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Platón, en pasaje famoso (República 415a), clasifica a los ciudadanos dependiendo del metal del que estén compuestos: bronce o hierro, plata, y oro. Pensemos en el pasaje más allá de su significado literal.
«Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro o un hijo de oro de un padre de plata o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlo como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce».
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Se sobreentiende en nuestra sociedad, de memez universal a paso de quelónido, que un alma de oro es necesariamente aquella adinerada. Solo un apunte filológico: un billete en alemán se llama «Geldschein»; «Geldschein» era entendido en el pasado como «Schein-Geld», dinero falso, dinero ilusorio, en comparación con las monedas de oro o de plata. El oro está dentro de ti y no en tu cuenta bancaria.
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Sófocles: «La ignorancia es un mal que no duele» τὸ μὴ φρονεῖν γὰρ κάρτ᾽ ἀνώδυνον κακόν
