
DEDICADO A JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
“Me he pasado mi vida de fatwa en fatwa”
Venezia, ¡trueno submarino de bronce!
Istanbul, ¡perdigones rajando la Lighea!
¡Cuánto lo quise, Maestro, y qué
alentador, generoso y paciente
fue conmigo! De azulados ojos,
renunció a las mamandurrias
y sinecuras del artista de izquierdas.
Solo le quedó el mar, los pájaros
y los viajes. Y, como a todos los sabios,
le gustaba embriagarse bajo la Luna.
Se fue la Luna; yo me quedé solo.
¡A qué altura voló! ¡Junto a flancos de nieve!
Nos hizo descreer de políticos, Papas,
de todos los que humillan la Belleza.
Releo “La insoportable levedad de la Libertad”;
la fidelidad impera entre los peores:
van en manada. No quiero recordar
cómo vivimos ahora. Homero, Tucídides,
Tácito, Stevenson, Borges, usted, poco más…
En todos los serbales me saciaré
con los frutos aquitanos de su Arte.
