A la caída de la tarde las flores lucen más esplendorosas. Las muchachas, entusiasmadas, las bordan en biombos de seda. A la caída de la noche, desde el fallado donde anidaron, las ratas corretean nerviosas. Entran en mi casa. Bordo biombos de miedo.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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