
MISA
Mi casa está contigua a la iglesia.
Desde mi habitación, con la ventana abierta,
oigo ahora los rezos y letanías de los feligreses.
Pero no me avergüenzan mis pensamientos
ateos, ni huyen, se agitan, y no me turban.
Ningún cerrojo o mazmorra de fuertes bóvedas,
ninguna cárcel del mundo,
ningún Dios, mar, fortaleza o ayuno
evitarán la inmutable convicción de mi Libertad.
Es hermoso, claro, ser seguidor de Cristo.
Pero más hermoso es el rojo de cada teja
de Venecia, la miel del librepensamiento,
los líquenes en la piedra misteriosa,
la niebla en abril. Mi religión es el Arte
y los altos, nobles y lúcidos libros de mi Biblioteca.
Universo arriba, sigo a los plateados
álamos de las estrellas y a la Luna.
