Diario del zalapastrán 75

Como dice Lamas, hombre muy brillante dedicado a la lectura y la escritura de libros fabulosos, los primeros escogen entre sus colaboradores a los primeros, a sus pares, mientras que los segundos a los terceros.

Omitiré el claro corolario político de esta observación.

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El lenguaje a veces puede arrastrar masas de histerismo dogmático. Eso lo vemos especialmente desde la puesta en marcha del ecosistema de las redes sociales. Yo también a veces caigo en el “cuñadismo”, en la opinión no mediada ni meditada ni filtrada, en la opinión no reposada, en un mero reflejo instintivo a la estructura Estímulo-Respuesta.

A menudo nos aferramos a nuestras ideas, solo porque son NUESTRAS ideas, no por su fuerza cognitiva o epistémica. Nos gusta pensar unas cosas, y nos disgusta pensar otras, hasta el punto de agarrarnos a ellas INCLUSO cuando son o se demuestran falsas. El grado de compromiso con nuestras opiniones no pocas veces roza lo ilógico. Si lo pensamos bien, nuestras ideas invocan todo tipo de creencias insuficientemente asentadas. Si, incluso tesis científicas fuertes y sólidas están sujetas a la inclemencia de la duda y la discusión, qué diremos entonces de nuestras tesis. La ciencia, a diferencia de nosotros, rehúye juicios inmediatos, automáticos, firmes, perentorios y tajantes. Nos engatusan demasiado fácilmente nuestras convicciones. Deberíamos acostumbrarnos ante cada aserto o afirmación X nuestra, retraducirla con modificadores léxicos del tipo “A mi juicio X”, “Desde mi punto de vista X”, “Me parece que X”, “Según mi estado de ánimo, X”, “Es posible que X”, “Quizá X”, “Sin más base que mi impresión subjetiva, sostengo que X” etcétera.

La palabra “skepsis”, que algunos filósofos griegos usaban para denominar su manera de pensar, no significa “duda”, sino “examen”, “investigación”, “observación”. Podríamos aprender de esa escuela y así someter a prueba nuestras evidencias o presupuestos. Ese camino, facultad o disposición escéptica es -creo- un bien irrenunciable.

Probablemente más que nuestras falibles doctrinas, lo importante es saber dudar de esas doctrinas. Para los escépticos el asentimiento irracional a las ideas sobre esto y aquello creaba turbación en el alma. Una sabia filosofía.

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No quiero ser escritor de best-sellers, meros ejecutivos de prosa avulgarada y con ideas como anabolizantes didácticos. No quiero ser escritor «maudit», aquellos bebedores locos y extravagantes de absenta y mentes estrambóticas. No quiero ser escritor de culto, afamado por más o menos selectas cofradías.

Deseo ser escritor rural clandestino, que escoge cada vez piezas más naturales y hondas del museo de su soledad -estrellas rosadas, eucaliptos fragantes, hocicos húmedos de perro- Y en la indistinta paz agraria seguir unos ritmos claros y armónicos, ser fiel a una lunar euritmia. Escritor y propietario rural. Escritor de cosas del campo.

Mi palacio de grifos dorados sea mi finquita, sea mi pazo antiquísimo y de muebles de madera. Sea mi sonido el de las gallinas al alba. Mi manto el canto nocturno de la lechuza y el búho.

Y escribir poemas sobre modestos bacines, sobre azadas y otros aperos, escribir sobre el suntuoso marrón de la avellana, sobre la aparición súbita de un corzo en el risco del bosque.

Nada más hermoso que la imperturbabilidad -lenta y silenciosa- de las horas iguales. O bien la espiga madura. Nada más noble que los cuentos o las charlas sobre patatas, pimientos, lechugas, tomates, cebollas y berenjenas. En esta plácida existencia intemporal deseo -a veces lo logro- escribir y constatar. Soy un labriego alfabeto. Vivo en aldea profunda. Soy casi pájaro o casi sesteante lagarto. Tengo tierras y animales.

En los adentros de mi pecho no moran imágenes televisivas ni estrellas del pop. Bulle y rebulle dentro el estremecido frescor de la mañana, la alberca, el encaramarse en la tapia, el tumbarse y ver las nubes, y oír historias, o los pajarillos.

Andar por un campo precioso, sentir el alma ancha y contenta, ser conducido a la delicia del orvallo, la dulzura en los labios. Reino del hielo duro en invierno, silencio de la noche; el pegujal se encepa. Y los vahos húmedos de la cuadra con los ojos de las vacas un tanto maliciosos.

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Yo no sé escribir (y en absoluto es falsa modestia o modestia falsa) Ocurrió que los dioses me proveyeron de una mediocridad embarazosa e insalvable. Lo acepto con deportividad.

La poesía en Internet (Facebook, X, Instagram, etcétera) es, salva excepciones, en general afrentosa. Y eso se debe -diría- a la informalidad de las redes sociales, a que a la primera pinchamos «Publicar», sin haber perfilado o corregido o limado el texto, sin haberlo dejado descansar en el cajón para una posterior (muy necesaria) revisión crítica. Un poeta no se hace con ocurrencias, sino con lecturas, trabajo e inspiración.

Seguramente, midiéndome con prevención, no soy tan buen escritor como eventualmente supone mi vanidad eufórica ni tan malo como regula el talento de la época. Entre Borges y sus pares (absolutamente inalcanzables) y la serie de escritores x, y, z a la moda, en esa tierra de nadie, se sitúa el valor de mi obra. Ni mediocre como son los tiempos ni sublime como la de los grandes.

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Mi pensamiento se está convirtiendo en una especie de bistec requemado y coriáceo, inflexible y disgregado. No puedo leer, escribir o concentrarme. Oigo y veo cosas que no existen. Mi horizonte se me ha cerrado. Me abismo en la locura.

Tres escolios para meditar de Nicolás Gómez Dávila:

“El escritor que no ha torturado sus frases tortura al lector”.

“Escribir sería fácil si la misma frase no pareciera alternativamente, según el día y la hora, mediocre y excelente”.

“Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque”.

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La sabiduría talmúdica declara «Hillel solía decir: Si yo no hablo en mi favor, ¿quién lo hace? Y cuando lo hago ¿qué soy? Y si no ahora ¿cuándo?» Hablo mucho en mi favor, pero no pretendo hacer de las mentiras una verdad.

Me llena de un sopor indescriptible la podredumbre del mundillo poético. Los novelistas -pocos- mueven dinero; parece ser que últimamente la poesía también. Y vale todo.

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Da igual,

sargento chusquero o general;

lo importante, el parné reinante,

y la mierda industrial.

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A veces pienso qué diablos hago en las redes o siguiendo un programa semi-analfabeto de radio sobre fútbol o interesándome por las vidas de dos casposas celebrities.

Ocupamos el tiempo o depositamos nuestros valores en cosas equivocadas. El dinero o el poder no sirven de sucedáneos al amor y la ternura, la vulgaridad no sirve de sucedáneo a la belleza. No llenan la televisión, la prensa rosa ni las redes sociales, sino el conocimiento, lo hermoso y delicado, dedicarte a los demás y crear algo que te aporte un norte y un destino. Llena vivir el pensamiento y la emoción intensamente, y, a la vez, poder desapegarte de ellos, ser capaz de dejarlos. Llena la soledad, la buena compañía, la seguridad espiritual de la familia.

La mayoría de nosotros vamos por ahí como sonámbulos, con el piloto automático puesto, en un ciego «Seguir hacia delante». Hay que centrarse, descartar, meditar, ir a lo esencial, no diluirse, entender la prelación de lo en verdad necesario frente a lo accesorio. Te has dejado lavar el cerebro si solo buscas dinero, poder y fama. Sabiduría es orden y claridad, amar y dejar entrar el amor, casi los únicos actos racionales.

Yo no estoy en el negocio de la autoayuda. No pretendo salvar a almas atormentadas. Expreso ideas comunes y de sentido común, que, paradójicamente, la inmensa mayoría parece querer negar.

Aprecio la luz de sol cuando entra a raudales por la ventana, la vida que triunfa con su voz extraña, el perfil bruñido del murmullo otoñal, los sueños con piel de nieve. No los neguemos. En versos del gran Auden: «El destino hace sucumbir / a muchas especies: solo una / se pone en peligro a sí misma».

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EPITAFIO

No quiero que digan ante esta tumba
que no me compré un Lamborghini.

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El comandante Armstrong fue el primer humano que pisó la superficie de la Luna ,el 21 de julio de 1969 a las 2:56 (hora internacional UTC), al sur del Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis), seis horas y media después de haber alunizado.

Yo nací el 27 de diciembre de 1971 a las 17:26 (hora internacional UTC), de una madre que creyó humilde su empresa, pero no será humilde su gloria. Vine al mundo sin asomo del erizado jabalí, el tigre cruel ni el escamoso dragón.

Me ampara la Luna. Su real fortuna, su aventura. Será mi monumento, eterno y uno.

A 14 de septiembre de 2024, mientras gongs, tambores y violines agasajan por todo lo alto. Mientras la Luna rodea montañas blancas.

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[…] «Detesto los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y en general esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto». […]

Cita de «El Túnel» de Ernesto Sábato (argentino, 1911-2011)

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No di un palo al agua en la vida. De mí puede decirse lo que Ramsay MacDonald de Arthour Balfour: “Una gran parte de la vida la vio de lejos”. No, no me mezclé con el tumulto, pasé por todo como de puntillas. De niño resbalé en la opulencia. De adulto en la pobreza. Y lo que sueño ennoblecería el mundo.

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Toda noticia es heno, el menos nutritivo de los elementos de conocimiento. Conocimiento es coherencia de la información, sabiduría es coherencia del conocimiento. Abunda el heno y escasean los pastelitos de bizcocho de chocolate con coquitos de Brasil y sopa de piña.

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En los países donde hay libertad de prensa, también hay deformaciones ideológicas o incompetencia. Y la mentira, naturalmente, es la profesión de muchos políticos y también de muchos periodistas que, en lugar de buscar la verdad, quieren defender su causa. Es inevitable.

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Libertad de prensa no quiere decir verdad de prensa. Uno puede usar la libertad para decir otra cosa que la verdad. Los prejuicios son mucho más fuertes que el gusto por la verdad. Naturalmente, se incluyen los intereses corporativos, los económicos, los políticos…Es inevitable.

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Del Qijote:

Decidles que os engendraron

libres, y libres nacisteis,

y que vuestras madres tristes

también libres os criaron.

Decid/es que, pues la suerte

nuestra va tan de caída,

que, como os dieron la vida,

ansirnismo os de/l la muerte.

«Pasé a Italia y llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia» [Quijote,11,54]

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Cuadrillas de mochileros de algunas localidades del valle del Genil, pandas de catetos en los montes de Málaga, parrandas de troveros pendejos alpujarreños, pastorales de los cortijos de Mijas, cascamorras o cascaborras lelas de Guadix, Baza o Puebla de Don Fadrique. El parlamento español.

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Infanzones, hidalgos, caballeros y grandes de España, los ceporros padres de la patria rebañasandías, muerdesartenes y fartuscos, bajo el resplandor chorizo y de cojón morado de nuestra piel de toro.

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