
QUIEN ACTÚA APRESURADAMENTE, PIERDE EL DOMINIO DE SÍ MISMO (TAO TE CHING, XXVI)
Madrugada. La ventana abierta. Oigo el viento.
Con el sosiego más extremado leo el volumen V
de los “Moralia” de Plutarco, en la edición de Gredos.
Una paz ardiente llena de sueños mi corazón.
Se crea en mí la perfecta plenitud.
Guardo la más completa calma: el libro y yo.
Todas las cosas surgen de la Noche
y regresan a ella, llenándose de trapitos suaves.
Para quien lo sabe amar, el Mundo
saca su rostro de benevolencia y placer.
Cada momento nos revela su propia tarea:
la frase entendida, la estrella roja y reflexiva,
el bosque retocado con oros, la grandiosidad
de la Luna en silencio. Esta noche no sucederá más.
Ni el cielo, el aire o las nubes serán igual.
La cima es cualquier hombre leyendo de noche.
No nos perdamos en consumir, criticar o anticipar:
leamos tranquilamente. Sin reproches: tú y Plutarco.
