Diario del zalapastrán 79

La periodista Laura Barrachina escribe en X: «Javier Bardem habla de genocidio en Gaza, de libertad de expresión, del terrorismo de Hamás, del cambio climático, del antisemitismo. Un discurso claro y sereno con el que sigue posicionándose como ciudadano porque en él, dice, no se separa el actor del ciudadano».

Bardem da una cantiad aterradora de opiniones (sobre el feminismo, el cambio climático, la IA, la sociedad de masas, Aristóteles, Safo, la planificación urbanística, las leyes fundamentales de la termodinámica, la matemática sumeria etcétera etcétera etcétera)

El pensamiento se relaciona con la obtención de quietud en mitad del caos, no con no fijar la atención en el torbellino de las distracciones. Mover ininterrumpidamente la boca y expresar lugares comunes no es necesariamente pensar. Bardem, celebrity intelectual, tiene mucho de solo una de las dos cosas.

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Escucho a unos y otros. Mi ideal es ser justo, cauteloso e intelectualmente sensato. Pocas veces lo consigo.

Esquilo, «Siete contra Tebas», 593-594: «Cultivando a través de tu pensamiento rica sementera, de la que brotan prudentes ideas».

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Demasiado bla bla bla. Incontenible panoplia de bagatelas ametralladas. Heracles: «No hace más caso a palabras odiosas que a una mosca».

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«Fue una lucha feroz. Derribada en tierra, sujeta, estaba más hermosa que nunca … Sus pechos subían y bajaban al respirar cada vez más deprisa. Yo la agarré del pelo, de las muñecas, y la tenía bien sujeta a la tierra. Ella forcejeaba, se escurría … La mordí hasta la sangre, hasta que estuvo rendida y dócil como una yegua joven.

Me eché sobre ella y la copulé al menos once veces. Su virgo olía a tomillo. El sudor me excitaba. Cuando salí de allí saqué el falo dolido; la sangre me llegaba hasta las orejas. La chiquita no dijo ni pío; se limitaba a respirar deprisa, feliz y exhausta, como cuando echan el chivo macho a la cabritilla», Ignasi Guardans, «Yo, macho», Planeta.

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Esta mañana escuchaba la tertulia de Onda Cero. Participaba Ignasi Guardans, ese hombre. Más allá de la plausabilidad de sus tesis, de su persuasión, convencimiento o falsedad, eran sus maneras babosas, agresivas e irritantes lo que lo desprestigiaba.

La corrección y eficacia en la expresión oral tiene mucho que ver con las maneras. Ser innecesariamente bronco, no dejar hablar al interlocutor y pisarlo constantemente, el tonillo de suficiencia y superioridad, esa «hipervitaminosis» masculina a mí me irrita.

Todo lo verdadero se puede convertir en el embrión y resultado de una locución respetuosa y dulce.

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