Diario del zalapastrán 81

He esbozado no pocos mediocres poemas exaltando la noche, la Luna, la naturaleza y las verduras. Tira de mí la gravitación hacia la mitología romántica y el paisajismo greco-latino y neoclásico. Veo en el corazón de natura símbolos, correlatos, insinuaciones, baudelerianas correspondencias.

Recomiendo vivísimamente la lectura de «De divisionae Naturae». El ocio o tiempo libre tabernario sirve para adiestrarse a los naipes y el billar, pero Escoto Eriúgena, de los pocos que sabían griego en aquel siglo, desarrolla una apasionante doctrina neoplatónica cristiana. En la obra hace cuatro divisiones fundamentales de Naturaleza: (1) natura non creata et non creante -Dios- (2) natura non creata et creante (3) natura creata et creante (4) natura creata et non creante. Lean amigos cristianos y no cristianos, que la fe no es solo populachera, la fe no es solo superchería de irracionales bárbaros, lean a Eriúgena. Recordemos: «Nisi credideritis, non intelligetis» Is., 7,9.

NOTA BENE: Mi maestro Fortuny tradujo «De la división de la naturaleza» en Planeta. La traducción es colosal, soberbia, sapientísima, de un mérito de decenios. Léanla.

Leí hoy en «El País» un artículo del maestro Llovet, como siempre, sagaz, irónico y muy sabio. Muy de acuerdo con sus tesis.

Para bajarnos de los árboles tenemos la articulación lingüística, la razón y el pensamiento. Y, para disfrutar, para salivar, uns «cargols a la llauna» o un «conill rostit amb all i oli».

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