
Caras de planchas de acero inoxidable. Inmaculadas como el plástico. Apisonadas por el horror del bótox, la cirugía o el embadurnamiento cosmético.
Siento cada vez más deseos de ver rostros labrados por el tiempo, señalados por el esfuerzo, curtidos por el paso de los años, ver las abrasiones y contusiones de la vida, caras con gestos que expresan luchas internas, el reflejo de luchas entre el bien y el mal, el placer y el dolor, la vida y la muerte, caras sin operar, limpias caras sin afeites ni cosméticos donde se vislumbre una vida, una historia personal, un ser.
Al ver a alguien, al ver una fotografía, me gusta pensar: ha sufrido, ha aprendido. Hay actrices que me parecen diseños metálicos, cáscaras, poco más que una forma hueca. Actrices con cara abrillantada y pulida de zombis.
