Diario del zalapastrán 87

Ante el mundo feliz apandillado, reivindico la soledad y sus enseñanzas.

Rumiando en tu cuarto en penumbra, solo en el café vacío o en el bosque, atisbas o vislumbras dos verdades complementarias, a saber, que el mundo es terrible y colosal en su belleza, y que la mayor parte del tiempo ese mundo es frío, monótono, aburrido, indiferente, incoherente y nervioso. Languideciendo en soledad, acaso teñido de angustia, te posee la vaga sensación, al menos a mí, que todo es precioso porque muere, que no puedes asir nada, que todo existe solo un instante.

Asimismo, en soledad justiprecias las rutas de la vida, sabes que no es obligatorio adaptarse de mala gana a las demandas y exigencias cotidianas, a la vida reglada y burocrática.

Gracias a la soledad asumes que eres un ser único, que nadie más puede vivir tu vida por ti. Tú eres finito, el centro neurálgico fundamental, por lo que debes ser auténtico y no desaprovechar las potencias de la vida.

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A menudo medito estirado en la cama. Desciendo a la fría sima de mí mismo. La mayoría de mis errancias mentales no son especialmente nobles, ni importantes ni fructíferas. Pero a veces aparece una buena idea o fulge un estado contemplativo singular.

Uno de ellos es ver la similitud entre mi yo y el universo: el universo es incomparablemente más grande de lo que suponían nuestros antepasados, yo soy incomparablemente más grande de lo que suelo suponer. La Tierra y los hombres no ocupan el centro del universo, yo no ocupo el centro del universo, ocupo un lugar absolutamente gris y provinciano. El universo es un proceso dinámico en perpetua transformación cuajado de explosiones y cataclismos; la analogía conmigo es autoevidente. En el universo aumenta la entropía, algún día todos los hornos del universo se habrán apagado y todos los procesos habrán concluido; hacia ese frío y uniforme agotamiento final camina inexorablemente el universo. Mi destino camina también hacia ese frío final.

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MÚSICA DE LAS ESFERAS

Y en la superficie de cada círculo
hay una sirena, que gira con los
círculos, cantando himnos sobre
un solo tono. Las ocho sirenas
juntas forman una sola armonía.

«Para Pitágoras “la contemplación
simpática apasionada” era intelectual
y desembocó en la ciencia de las
Matemáticas…. Para los admiradores
de Pitágoras la Matemática conservaba
un elemento de revelación extática. …»,
Proclo de Licia, Comentarios al Libro I
de “Los Elementos” de Euclides.

Hay música en los espacios de las esferas.
HE DESPERDICIADO MI VIDA.

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POETAS DE ORDEN DE CÓDIGO CIVIL

Frailes y monjitas jesuatos,
sin lefa en la canción,
un si es no es pazguatos,
versitos al toque del trombón,
pero vómito de clorhidratos.

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